Martes, Mayo 22, 2018

Política de Estado


Martes, 06 Febrero 2018 08:05

Con Donald Trump vuelve la humildad a la Casa Blanca

Los políticos no tienen que despreciar y aleccionar a los ciudadanos. Tienen que ser humildes y respetarlos. Este es el gran mensaje de Donald Trump que los medios, ¡ay, los medios!, no han recogido.

Salta sobre las redes, como canto sobre un charco, un vídeo en el que se recogen varias intervenciones de Donald Trump en entrevistas, o frente a un rendido auditorio, todas con la misma estructura: “Yo soy el más (epíteto positivo) que ha visto nunca”. O “yo soy el menos (epíteto negativo) que ha visto nunca”.

Trump debe de pensar que sus interlocutores tienen poco mundo. Pero el momento culminante del vídeo llega al final, cuando ante un boquiabierto periodista le espeta: “Yo soy la persona más humilde que ha conocido jamás”.

Actuall depende del apoyo de lectores como tú para seguir defendiendo la cultura de la vida, la familia y las libertades.

La conclusión más razonable, después de haber visto el vídeo, es que quizás de todas las afirmaciones en él recogidas, la última sea la menos cierta. De todas las virtudes que tenga este hombre, la humildad no será nunca la primera. Esperemos.

Creo que podemos decir sin correr el riesgo de cometer una injusticia que Donald Trump no es una persona humilde

Tampoco es que fuésemos a esperar de un político que destaque en ese rasgo de su carácter. Pero, hombre, que diga eso después de amenazar con acciones judiciales a la revista Forbes porque, según él, había rebajado injustamente la medida de su fortuna personal, no parece adecuado.

Él, que se ha regodeado en los medios de comunicación hablando de su guía y fuente constante de inspiración, que es él mismo. Él, que no ha dejado productora de cine sin algún cameo suyo en series o películas. No. Creo que podemos decir sin correr el riesgo de cometer una injusticia que Donald Trump no es una persona humilde.

Y, sin embargo, su principal mensaje en el discurso sobre el Estado de la Unión fue de humildad. Con Donald Trump, ha vuelto la humildad a la Casa Blanca.

No es que Trump no destacase todos sus éxitos pasados y futuros, o que perdiese la oportunidad de aplaudirse a sí mismo. De hecho, hizo un repaso por su presidencia que sorprendería a más de uno si hubiera logrado derrapar con el Delorean hasta el discurso de Trump desde el día en el que ganó las elecciones.

Sacó pecho de la situación económica, como es normal. ¿Quién no lo haría con la tasa de paro más baja en 45 años? ¿Cómo no decir, con orgullo, mientras miraba a los senadores y representantes demócratas, que nunca en la historia la tasa de paro había sido más baja entre los negros y los hispanos?

En ambas cámaras hay una mayoría republicana. Pero como, a diferencia de España, aquéllo es una democracia

Trump sabe que no todo el mérito es suyo, pero él ha contribuido de forma decisiva gracias a su política de desregulación. La cuenta de miles de páginas de nueva regulación, que gripan el motor del crecimiento de aquél país, es la más baja desde el gran desregulador, Bill Clinton. Y ha ordenado que por cada nueva regulación, los departamentos y agencias eliminen al menos dos. Y prometió una gran recuperación económica sustentada sobre esa desregulación y sobre la gran rebaja de impuestos que ha logrado aprobar.

El resto de su discurso estaba centrado en el futuro, en lo que él quiere hacer si el Congreso se lo permite. En casa, habló de su fantasmagórico plan de infraestructuras, del que lo único que sabemos es que es medio billón de dólares más caro de lo que había prometido. O del coste de los medicamentos o la libertad para seguir tratamientos médicos innovadores.

Pero el gran asunto fue la inmigración. Ofreció a los demócratas nacionalizar a 1,8 millones de inmigrantes que llegaron al país ilegalmente cuando eran niños, los famosos “dreamers”. El triple que Obama en sus ocho años, dijo humildemente Donald Trump. Y a cambio pidió apoyo para tres medidas: Un sistema de inmigración basado en los méritos, como el de Australia, poner fin a la reagrupación familiar, y poner barreras físicas a la llegada de inmigrantes ilegales.

Fuera de casa, Trump le dio la extrema unción al apaciguamiento y reformuló el viejo dictumque predica que si quieres paz has de prepararte para la guerra. Prometió un rearme nuclear, una redefinición de quiénes son los enemigos del país, y un mayor hostigamiento hacia ellos.

¿Y la humildad? Al final de este artículo, como estuvo al final de su alocución. Para llevar a cabo su programa, necesita el concurso del Congreso. En ambas cámaras hay una mayoría republicana. Pero como, a diferencia de España, aquéllo es una democracia, allí los elegidos por delegación de los votantes se deben a sus electores, y no al partido, pues hay circunscripción uninominal. Y el Presidente siempre necesita algo más que la mención al partido para ganar apoyo. El caso es que Trump les ha llamado a unirse en torno al programa elegido mayoritariamente por los pueblos de los Estados de los Estados Unidos.

Barack Obama, con toda legitimidad, hizo lo mismo. Pero Obama apelaba a la superioridad de su proyecto frente a cualquier otra consideración. Trump no.

Después de citar a medio panteón americano, con Jefferson y Martin Luther King, con Washington y Lincoln, después de repasar los momentos más gloriosos de su pasado militar, dijo que las libertades tenían su crisol en el Capitolio, sede del poder legislativo.

“Nuestro deber”, el de los políticos en Washington, “es el de respetarles, escucharles, servirles y protegerles. Y ser siempre dignos de ellos”. No son los políticos los que hacen grande a los Estados Unidos. Es su gente la que brilla en las artes, la que abre nuevos caminos en la ciencia; y son ellos quienes “van a hacer grande de nuevo a América”, sinécdoque de los Estados Unidos.

Es exactamente la posición contraria a la que ha prevalecido en la Casa Blanca en los ocho años precedentes, cuando desde Washington se despreciaba a medio país, se le insultaba, y se le decía que tenía que dejar de ser como es. No. Los políticos no tienen que despreciar y aleccionar a los ciudadanos. Tienen que ser humildes y respetarlos. Este es el gran mensaje de Donald Trump que los medios, ¡ay, los medios!, no han recogido.

 

actuall.com

Valora este artículo
(0 votos)
Inicia sesión para enviar comentarios

Santo Tomas Moro

"El hombre no se puede separar de Dios, ni la política de la moral."

 

Mensajes a  Maureen Sweeney-Kyle

 

 

 

 

 

“Como hijos de la Nueva Jerusalén,

 

ustedes deben afrontar la corrupción

 

que está consumiendo el corazón del

 

mundo. 

 

La decadencia moral no tiene límites." ...

 

lea más: amorsanto.com 15-09-2009

 

 

 

Contáctese con nosotros

No dude en escribirnos

 

Sus comentarios son bienvenidos 

 

cferrari4@gmail.com

Nuestra Señora de las Rosas - Mensajes

Primer vínculo vital e irremplazable

Dale el pecho a tu niño hasta los 2 años de edad, como mínimo.

Monumento al no nacido - Eslovaquia

 

 

 

 

Políticas de Estado en Perú

Conozca las exitosas políticas de estado de Perú

Cántico de David 1 Cro 29 10-13

 

 

 

Bendito eres, Señor,

 

Dios de nuestro padre Israel,

 

por los siglos de los siglos.

 

 

Tuyos son, Señor, la grandeza y el poder,

 

la gloria, el esplendor, la majestad,

 

porque tuyo es cuanto hay en cielo y tierra,

 

tú eres rey y soberano de todo.

 

 

De ti viene la riqueza y la gloria,

 

tú eres Señor del universo,

 

en tu mano están el poder y la fuerza,

 

tú engrandeces y confortas a todos.

 

 

Por eso, Dios nuestro,

 

nosotros te damos gracias,

 

alabando tu nombre glorioso.

 

 

 

 

 

ARTÍCULOS EN PDF

 

 

Oración a Sta. María, Señora de la Gracia

Resultado de imagen para inmaculado corazon de maria

 

Santísima Virgen María

 

Señora de la Gracia

 

Te ruego me concedas tener

 

Un profundo conocimiento intelectual

 

De tus virtudes virginales

 

Una intensa experiencia vital

 

De tu ternura de madre

 

Y una constante actitud

 

De consagración total

 

A tu Inmaculado Corazón

 

Y que

 

Por el conocimiento

 

El amor

 

Y la consagración

 

Pueda hacerme

 

Un poco más semejante

 

A tu tan querido Hijo

 

Mi Salvador y Señor

 

Jesucristo

 

Amén