Martes, Diciembre 10, 2019

Política de Estado


Lunes, 30 Julio 2018 12:49

¿Cómo ser católico cuando tu obispo no lo es?

El escándalo relacionado con el cardenal McCarrick está siendo un punto de ruptura para muchos católicos. En este asunto no tenemos a un hombre luchando contra la tentación –¿quién de nosotros no tiene esta lucha?–, sino a un hombre cuyo desvergonzado comportamiento depredador fue tácitamente ocultado por innumerables líderes eclesiásticos al más alto nivel, y cuyo depravado comportamiento era considerado normal en muchos círculos eclesiásticos. ¿Cómo podían imaginar muchos de los afectuosos padres católicos que enviaron a sus hijos a los seminarios que a estos les esperaba el suplicio del abuso sexual, el acoso y ver su vida comprometida para siempre?

No es de extrañar que muchos de ellos, que se estaban acercando de nuevo a la Iglesia, ahora se sientan asqueados ante la idea de la conversión. No es de extrañar que muchos católicos de toda la vida estén considerando si, después de todo, su fe puede soportar tanta hipocresía y corrupción. Advertencias manidas como “nadie es perfecto”, o “no hay una iglesia perfecta”, suenan hueras cuando pensamos que el hombre que impone sus manos en nuestros adolescentes en la Confirmación no siente el menor escrúpulo en dejar que un hermano obispo se acueste con esos mismos adolescentes.

¿Cómo puede un católico honesto aferrarse a su fe en circunstancias tan podridas como es esta?

 
 Catolicismo y no clericalismo

En una reciente conversación, varios amigos compartieron sus historias de acoso y abusos sexuales durante la infancia, que eran abiertamente tolerados en sus parroquias. Quiero decir que ha sido una bendición crecer en un hogar en el que meterle mano a alguien nunca ha sido considerado, ni por un instante, un comportamiento aceptable.

Cuando dejamos de lado los estándares básicos de decencia moral en nombre del llamado “respeto por la autoridad”, estamos adorando a un falso dios. Estamos elevando al líder por encima de la ley de Dios. Disminuimos a Dios y elevamos a nuestro párroco, obispo o cardenal por encima de Dios. ¿Alguien se extraña que, en la providencia de Dios, los frutos podridos de esta idolatría salgan a la luz cuando celebramos el 50 aniversario de Humanae Vitae?

El primer paso para aferrarnos a nuestra fe católica es tomar la decisión de que sólo adoraremos a un único Dios. Nuestras lecturas de las últimas semanas dejan claro lo que Dios piensa de los malos pastores.

¿Por qué seguir siendo católico?

Hay muchas razones por las que la gente se siente atraída por la fe católica. Puede ser por tradición familiar; o por la belleza de las tradiciones católicas; o por la justa convergencia entre tiempo y lugar y las experiencias espirituales. La gente se convierte al catolicismo de mil millones de maneras diferentes y por mil millones de razones diferentes.

Y seguimos siendo católicos por una única razón: porque es verdad.

Si nunca has puesto a prueba las evidencias de la verdad de tu fe católica, ¿puedo sugerirte que ahora es el momento oportuno para hacerlo? Tu razonamiento lógico no se verá influenciado por ningún tipo de apego sentimental, te lo aseguro.

Hay pruebas históricas y racionales que demuestran la verdad del catolicismo. Si haces un esfuerzo, sabrás que el catolicismo consiste en una serie de creencias razonables y basadas en evidencias. No te conformes con nada menos.

 
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Evangelizar y no permitir

Pero aquí tienes un desafío: ¿vives realmente creyendo que la fe católica es verdad?

Sabemos que muchos de nuestros obispos no lo hacen. Si observamos los bancos de la iglesia vemos que muchos católicos tampoco. Lo único que hacemos es cubrir el expediente, pero nuestra vida es, básicamente, igual a la de los demás. Jesucristo es lo más importante para cada hombre, mujer y niño y, sin embargo, nos conformamos con la vaga esperanza de que todos estarán bien y que ninguno de nosotros tiene una responsabilidad especial en el gran esquema de las cosas.

Esto no es lo que dijo Jesucristo. Cristo dio a cada cristiano una misión: id y haced discípulos. ¿Lo estamos haciendo? ¿Estamos rezando, realizando sacrificios y trabajando activamente para llevar a los demás hacia una relación más profunda y plena con Dios?

Hemos visto que nuestra Iglesia está infectada con hombres repugnantes, egoístas y vagos que prefieren proteger sus pequeñas vidas mediocres en lugar de dar pasos valientes y necesarios para llevar adelante la misión que Dios les ha encomendado. ¿Eres uno de ellos?

Dios te dio un cerebro

Cuando mi padre se exasperaba con nosotros, sus hijos, por alguna estúpida manía, solía mascullar: “¡Tenéis la cabeza para algo más que por decoración!”.

Es un buen consejo. ¿De qué modo puedes usar tu cabeza para afrontar la crisis actual en la Iglesia?

  1. Si ves que sientes el deseo de proteger a los depredadores sexuales, aprende qué significa marcar los límites y tener relaciones sanas. Si creciste pensando que la “discreción” y el “respeto” significan encubrir al sacerdote depredador, entonces otras relaciones de tu vida tampoco son sanas. Ahora es una buena ocasión para empezar a cambiar esto.
  2. Apoyar a los buenos ministros. No todo el mundo en la Iglesia es corrupto. Dedica tiempo y dinero al buen trabajo que realizan personas que conoces. Pueden ser programas parroquiales o diocesanos, pueden ser apostolados organizados y estructurados o puedes incluso ser tú con algunos amigos llevando adelante las obras de misericordia que decidáis.
  3. Pide responsabilidades. ¿Cuál es, actualmente, el estado del liderazgo en la Iglesia? ¿Es como un grupo de adolescentes pillados in fraganti y llorando y diciendo: “Por qué no confías en mí”? ¿Es tu parroquia o tu diócesis transparente en la gestión de tu dinero? Genial. Involúcrate para que siga siendo así. Si no lo es, cuando el sacerdote o el obispo se dirija a ti pidiendo fondos para cubrir gastos realmente necesarios, dile que la persona responsable del proyecto en cuestión puede enviarte a ti directamente el recibo y tú lo pagas. Los hombres que se comportan como niños son tratados como niños.
  4. Sé más católico que nunca. Ahora no es el momento de sonreír de manera afectada e inútil. Es el momento de ser adultos. Dios es Verdad, Dios es Amor, Dios es Justicia, Dios es Misericordia. No hay amor sin verdad. No hay misericordia sin justicia. Entrégate totalmente a Dios y podrás hacer tu parte en la reforma de la Iglesia.

Publicado por Jennifer Fitz en The Register; traducido por Elena Faccia Serrano para InfoVaticana.

 

infovaticana.com

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El amor

 

Y la consagración

 

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Jesucristo

 

Amén