Lunes, 03 Junio 2013 11:46

Gary Becker, Premio Nobel de Economia: "Faltan niños"

FALTAN NIÑOS (I)

El siglo XX logró la mayor reducción en las tasas de mortalidad, no sólo en los países ricos sino alrededor del mundo.

Tasas muy bajas de nacimientos en un creciente número de países se perfila como el gran acontecimiento demográfico del siglo XXI.

La tasa de fertilidad indicando el número de hijos de la mujer promedio tiene que ser no menos de 2,1 para que no baje la población de un país sin inmigrantes. Sin embargo, ya unos 70 países donde vive casi la mitad de la población del mundo tiene una tasa de fertilidad inferior a 2,1 y es aún más baja en muchas naciones.

Toda Europa tiene bajas tasas de nacimientos, lo mismo que muchos países asiáticos, incluyendo a Japón, ambas Coreas, Hong Kong y Taiwán. Japón, Italia, Rusia y España son los países con las tasa más bajas de nacimientos, donde en promedio las mujeres tienen poco más de un hijo. Hong Kong es el caso más extremo, donde nace menos de un hijo por mujer.

Cuando la tasa de natalidad está por debajo del nivel de reposición, ese país debe recibir una cantidad suficiente de inmigrantes para mantener una población estable o creciente. Como Japón ha estado opuesta a recibir inmigrantes a menos que sean descendientes de japoneses, la inmigración ha sido insignificante y no sorprende que sea uno de los primeros países en experimentar la caída de su población.

La población se reduce también en Rusia no solamente por tener una tasa de natalidad muy baja, sino porque muchos rusos emigran y por sufrir una alta tasa de mortalidad. El promedio de vida en Rusia está por debajo de los 60 años. Por el contrario, en Estados Unidos sigue creciendo la población porque la tasa de nacimientos se mantiene a un nivel de reemplazo de las muertes, atrae a mucha inmigración y esos inmigrantes tienen una tasa mayor de natalidad.

Si en Japón y Rusia persisten las actuales tasas de natalidad y si estos países no cambian su actitud hacia la inmigración o su habilidad de atraerla, se acelerará la caída de su población. La razón es que la baja tasa de natalidad es conducente a menor número de hombres y mujeres en edad de tener hijos.

La proyección del Banco Mundial es que la población de Rusia disminuirá en más de 25%, a unos 100 millones de habitantes, para el año 2050, a menos que haya un cambio drástico en las tendencias de mortalidad e inmigración.

Hace poco, muchos se preocupaban del rápido crecimiento de la población mundial. Todavía algunos se preocupan y se presumía que la caída de la población sería una buena noticia para esos países. Lo contrario está sucediendo: muchos países proponen o instrumentan subsidios para que se tengan más hijos.

Francia tiene un costoso sistema de asignaciones a mujeres con más de un hijo. Vladimir Putin propuso aún mayores beneficios para fomentar que las mujeres rusas tengan más hijos. Japón está considerando mayores incentivos.

¿Qué preocupa sobre las bajas tasas de natalidad y es ignorado por los neomalthusianos que siguen clamando en contra de aumentos de la población? Una consecuencia de bajas tasas de natalidad y más largas expectativas de vida es que una menor proporción está en edad de trabajar, en comparación con el número de jubilados.

El resultado es que el financiamiento de las jubilaciones y gastos médicos se convierte en un reto cada día mayor por tratarse de gastos financiados en la mayoría de los países por impuestos de seguro social que pagan quienes actualmente trabajan.

Felizmente, el cambio a un sistema de cuentas individuales de jubilación aliviaría el problema. Bajo ese sistema, los individuos acumulan activos a lo largo de su vida de trabajo en cuentas de ahorro de jubilación y salud. Y empezarán a utilizar esos ahorros a una edad mayor para pagar por lo que consumen y por sus gastos médicos.

Este sistema rompe la conexión entre los actuales trabajadores y los beneficios de jubilación, reduciendo a la vez las consecuencias negativas de una menor proporción de gente en edad de trabajo.

Pero hay otra consecuencia negativa de la caída de la población que casi nunca se toma en cuenta. Al haber menos gente se reduce la innovación porque hay una menor proporción de jóvenes. La gran mayoría de las nuevas ideas provienen de inventores y científicos de menos de 50 años, a menudo bastante menores.

 

Fuente: Instituto de Ciencias para la Familia  www.udep.edu.pe