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Viernes, 07 Diciembre 2018 13:41

La iglesia alemana, en rebelión contra la doctrina católica sobre la homosexualidad

Los comentarios del Papa sobre la homosexualidad en el sacerdocio, en un extracto de un libro entrevista aún no publicado, han desatado una polémica que pone de manifiesto hasta qué punto muchos eclesiásticos disienten en esto de la doctrina perenne. En primer lugar, la iglesia alemana, donde la tácita aprobación de las relaciones homosexuales es rampante.

La doctrina no está en duda, ni es ambigua, en relación con la homosexualidad, como han dejado claro no solo el pontífice, sino también en intervenciones recientes el ex prefecto para la Doctrina de la Fe, el cardenal Gerhard Müller, que ha recordado la obligación grave que tiene la jerarquía de “enseñar plena y globalmente la doctrina de la Iglesia”, también en este aspecto. “Los contactos sexuales entre personas del mismo sexo se oponen diametralmente al sentido de la sexualidad que es fundamental en la creación”, dijo Müller en unas declaraciones que deberían ser cualquier cosa menos polémicas para un católico, y que no hacen sino reflejar lo mismo que puede leerse en Amoris Laetitia, donde Francisco escribe que “no hay base para establecer analogías entre las relaciones homosexuales y el plan de Dios del matrimonio y la familia”.

Sus palabras no han sentado demasiado bien en muchas partes -ya hemos hablado de la reacción del ‘apostol de los LGBT’ americano, el jesuita James Martin-, y muy especialmente en la tierra natal de Müller, Alemania. Así, por citar unos pocos casos, un comité de la Conferencia Episcopal de Alemania ha calificado de “peligrosa” la doctrina de la Iglesia sobre moral sexual; el teólogo jesuita Klaus Mertes despachó los comentarios del cardenal calificándolos de “disparate”, y el canónigo Johannes zu Eltz, de Francfort, lamenta que Roma ponga trabas a los teólogos homosexuales.

 
Mientras desde muchos medios se comenta ‘sotto voce’ el peligro de un cisma por parte de los tradicionalistas ante la política de acoso y derribo de la jerarquía, es fácil olvidar que una parte importante de la iglesia alemana, sino el grueso, está desde hace tiempo en cisma técnico con Roma en cuanto a muchas doctrinas magisteriales y a no pocas prácticas pastorales, muy especialmente en todo lo que tiene que ver con la moral sexual.

Una conferencia sobre prevención de abusos de la CEA prorrumpió en aplausos cuando se declararon “inflamatorios” los comentarios del ex prefecto para la Doctrina de la Fe porque, dicen, “contribuyen a la violencia sexual”, un sorprendente aserto para el que no se aportó evidencia alguna, naturalmente. Los obispos alemanes, además, insisten en la desprestigiada tesis de que los abusos sexuales de clérigos no tienen nada que ver con las tendencias homosexuales de los perpetradores.

Una corriente de obispos alemanes, encabezada por Franz-Josef Bode, de Osnabrük, pretende que la ‘ciencia’ ha invalidado en los últimos años la doctrina de la Iglesia sobre la homosexualidad. Por supuesto, es sabido que la ciencia ni siquiera es capaz de ofrecer una teoría probada y convincente sobre las causas mismas de la homosexualidad, con lo que es bastante estúpido apelar a ella en este asunto, por no hablar de que si una doctrina magisterial de este alcance y permanencia en el tiempo fuera refutada por la ciencia, no habría razón alguna para creer en ninguna de las demás.

Este cientifismo eclesiástico no hace sino replicar la tendencia iniciada en los años setenta, que ha llevado a una actitud de ‘comprensión’ hacia los homosexuales que entraban en los seminarios, duplicándose los abusos en las dos décadas subsiguientes.

 

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