Jueves, 27 Diciembre 2018 10:58

“En mi archidiócesis no acepto que se organicen comidas en las iglesias”

“En mi archidiócesis no acepto que se organicen comidas en las iglesias”. El cardenal Eijk, arzobispo de Utrecht, interviene en la campaña de la Nuova Bussola Quotidiana sobre “misas” de los laicos e iglesias en desuso para contar la dramática experiencia holandesa: “Es la crisis de fe causada por el  hiperindividualismo. Me han propuesto que haga como los protestantes, alquilar una iglesia para eventos y ganar dinero. ¡Nunca!”. Esto a pesar de la dramática situación que hay en Holanda, donde se cierran dos iglesias a la semana. “Desde los años 60, los sacerdotes querían preparar a la gente a una ‘Iglesia sin sacerdotes’. En cambio yo he reforzado el papel del sacerdote para, así, reforzar la conciencia del significado de la Eucaristía. La participación de los fieles en la liturgia de la Palabra es baja”.

Iglesias en desuso y misas sin sacerdote. Un obispo dice que no a la superficialidad con la que a menudo se corre el riesgo de recurrir a ellas. Y no es un obispo cualquiera, porque quien interviene sobre estas dos problemáticas que marcan la vida reciente de la Iglesia, de las que se ocupa la Nuova Bussola Quotidiana con dos campañas distintas (#SALVIAMOLECHIESE y #SALVIAMOLAMESSA), es un obispo que sufre en primera persona, en su diócesis, el resultado de esta deriva.

El cardenal Willem Jacobus Eijk, arzobispo de Utrecht, sabe muy bien de qué se habla porque en su país, Holanda, estos fenómenos son ya una praxis. La entrevista a la Nuova Bussola Quotidiana es, por lo tanto, también un testimonio del grave riesgo -vinculado al individualismo- que se corre cuando se acepta pasivamente que las iglesias se conviertan en centros culturales y las misas en liturgias de la Palabra sin que sea realmente necesario.

 

Eminencia, en nuestra investigación hemos denunciado que a menudo las iglesias, estén o no en desuso, son utilizadas para fines culturales que sobrepasan el sentimiento religioso. ¿Qué piensa usted de esto?

Una iglesia, aunque ya no se use para el culto divino, sigue siendo un lugar sagrado y no puede ser utilizada para fines que no concuerdan con su carácter de lugar sagrado, violando también los sentimientos de quienes han participado en las celebraciones de la Eucaristía y de los demás sacramentos.

¿Puede, sin embargo, perder su papel sagrado?

Una iglesia deja de ser un lugar sagrado cuando el obispo de la diócesis a la que la iglesia pertenece firma un decreto mediante el cual la iglesia se desacraliza. En ese momento se quita la consagración de la iglesia, por lo que esta deja de ser un lugar sagrado y, también, en sentido estricto, una iglesia. Pero atención: esto no quiere decir que se puede hacer lo que se quiera con una iglesia desacralizada. Las diócesis respetan esto, aunque no todas tengan la misma política; en cualquier caso, todas excluyen la venta de una iglesia desacralizada, porque podría convertirse, por ejemplo, en una iglesia dedicada a Satanás o en un centro de prostitución u otras cosas escandalosas. Excluyen también que una iglesia se convierta en una mezquita, porque esto se entendería, por parte de algunos grupos islámicos, como una victoria de la Yihad.

 

NO A LAS COMIDAS EN LAS IGLESIAS

¿Cómo juzga la práctica de cenar o de comer en una iglesia?

No acepto que en mi archidiócesis se utilicen las iglesias para organizar cenas o comidas. Sólo en una ocasión recibí una petición de este tipo, que rechacé. La organización de comidas y cenas en una iglesia amenaza con socavar el respeto por la iglesia como lugar sagrado, un respeto que hoy ya está amenazado por el hecho de que la mayor parte de los católicos no conoce el contenido de la fe. Las cenas y comidas deben realizarse en otros lugares, como por ejemplo, las salas parroquiales.

¿Se pueden aceptar otros usos?

 

Algunas iglesias se han vendido a parroquias de cristianos orientales (caldeas y siro-católicas), por lo que siguen siendo iglesias romano-católicas; también a comunidades de protestantes ortodoxos, que siguen aumentando, por lo que la iglesia sigue siendo una iglesia cristiana. En cambio, en alguna iglesias desacralizadas se han construido pisos o centros médicos.

 

LA CAUSA ES EL HIPERINDIVIDUALISMO

Leyendo las directrices emanadas recientemente por el Pontificio Consejo para la Cultura causa asombro que no se plantee la pregunta fundamental: ¿por qué las iglesias están en desuso? Tal vez es un problema de falta de fe, no de descenso demográfico.

La causa más profunda de este triste hecho, que nos obliga -por lo menos en Europa occidental y, sobre todo, en Holanda- a desacralizar tantas iglesias, es la crisis de fe. La raíz de esta crisis es claramente el hiperindividualismo de nuestro tiempo. La persona hiperindividualista cree que no sólo tiene el derecho, sino también la obligación de distinguirse del otro, de elegir su propia religión  o filosofía de vida y su propia serie de valores éticos.

¿Cuáles son las consecuencias?

Las consecuencias de esta deriva es que la mayor parte de las iglesias está vacía los domingos, y que cada vez menos gente hace donaciones, por lo que ahora es muy difícil mantener un gran número de iglesias, sobre todo en los Países Bajos, donde no existe la asignación tributaria a la Iglesia en el Impuesto sobre la Renta o una tasa eclesial.

 

EL PROBLEMA ECONÓMICO

¿De qué depende la Iglesia?

En los Países Bajos, la Iglesia depende de las contribuciones voluntarias de los fieles. Por consiguiente, si faltan estas contribuciones o son insuficientes, dado que la parroquia no tiene medios económicos, no hay más remedio que desacralizar la iglesia y cerrarla. La opción preferible para los obispos holandeses sería la demolición de la iglesia, pero esto en la mayor parte de los casos no es posible, porque las iglesias han sido catalogadas como monumentos por el estado o el ayuntamiento.

¿Cómo es la situación en Holanda respecto a las iglesias en desuso?

En Holanda se cierran dos iglesias a la semana, sobre todo protestantes.

¿Y en su diócesis, Utrecht?

En mi archidiócesis teníamos unas 350 iglesias. Hoy han quedado sólo 200. A finales de 2014 escribí un informe sobre el futuro de la archidiócesis: preveo que en 2028, año en que tendré 75 años y deberé presentar mi dimisión al Santo Padre, la archidiócesis tendrá unas 20 parroquias con 1 ó 2 iglesias casa una.

 

UNA TENDENCIA PROTESTANTE
¿Usted ha permitido usos no adecuados de las iglesias?

Mantener una iglesia es más fácil para los protestantes que para los católicos. Los protestantes no consideran la iglesia como un lugar sagrado, o lo hacen sólo cuando se desarrolla la función religiosa. El resto de la semana la alquilan, por ejemplo, para congresos, eventos de la comunicad civil o conciertos. Esto no es posible para una iglesia católica, que es siempre, cada día de la semana, la casa del Señor, un lugar sagrado. Cuando me informan de un uso no apropiado con el carácter sagrado de la iglesia, lo prohibo. Algunas parroquias, al observar a las comunidades protestantes, me han propuesto imitar sus métodos, es decir, alquilar una iglesia para eventos con los que ganar dinero para, así, mantenerla, pero no he dado nunca mi aprobación a estas propuestas.

Algunas parroquias proponen dividir la iglesia construyendo un muro; de este modo, pueden utilizar una parte, normalmente el coro presbiterial, para la liturgia, y alquilar la otra para fines profanos. Esto ha sucedido en la archidiócesis antes de que yo llegara. Pero tampoco acepto estas propuestas.

En su opinión, ¿cuál es el resultado de la falta de utilización de las iglesias?

Tenemos que ser realistas: cuando se cierra una iglesia y se desacraliza, una parte de las personas que aún iba a la iglesia deja de ir y de contribuir económicamente. Sin embargo, una persona que cree de verdad en el sacramento de la Eucaristía irá, cuando cierren su iglesia, a otra. La gente, de hecho, está dispuesta a viajar para seguir a su equipo de fútbol o a desplazarse para hacer la compra.

¿Qué ha hecho al respecto?

Entre el 2007 y el 2011, he tenido que reagrupar las parroquias que aún había (más de 300) en 48 parroquias. Las parroquias grandes son el resultado de esta fusión y tienen que hacer un plan pastoral y un plan para las iglesias. Una parroquia pueda cerrar una iglesia sólo con mi permiso como obispo diocesano; entonces, en ese caso, desacralizo la iglesia. Si no lo hiciera, las parroquias acabarían en bancarrota.

 

MISAS SIN SACERDOTE

Pasemos al segundo tema: la llamada “misa sin sacerdote”. Parece casi que la idea es aprovecharse de las leyes de la Iglesia para hacer pasar el concepto de misa protestante. ¿Es así?

En 2008, la provincia holandesa de los dominicos envió un opúsculo a todas las parroquias, sin informar antes a los obispos, en el que incitaban a elegir, dada la ausencia de sacerdotes, a un miembro de la comunidad de fieles para proponerlo al obispo para una ordenación sacerdotal. En el caso de que el obispo lo rechazara, este candidato podría celebrar de todas formas la Eucaristía, incluso sin la ordenación. Hubo una confrontación sería con el general de los dominicos, muy crítico, y con la Congregación para el Culto Divino. En un informe oficial, escrito por petición del comité directivo de los dominicos, el dominico y teólogo francés Hervé Legrand dijo que el opúsculo habría podido provocar un cisma.

La justificación es que al menos con la liturgia de la Palabra la comunidad está unida, pero si falta Jesús Eucaristía, ¿sobre qué base permanece unida?

La archidiócesis tiene ahora sólo 53 sacerdotes diocesanos activos y algunos sacerdotes religiosos. En estos momentos tengo un párroco con 15 parroquias y otro con 12 parroquias y 12 iglesias. Es evidente que no pueden celebrar la Eucaristía cada domingo en cada parroquia. La distancia máxima en dichas parroquias puede ser de unos 50 kilómetros. Para los fieles, en su mayoría ancianos, viajar puede ser difícil. Pero las parroquias organizan su transporte.

¿Es un fenómeno arraigado en el tiempo?

Se remonta a los años 60, cuando empezaron a vaciarse los seminarios y el obispo pedía a los que se habían ido que se convirtieran en agentes de pastoral laicos. Cuando llegué a la archidiócesis de Utrecht en 2008 había 80 sacerdotes y más de 250 operadores pastorales laicos, hombres y mujeres que celebran la liturgia de la Palabra con distribución de la Comunión. Sin embargo, la necesidad de tener la liturgia de la Palabra con la distribución de la Comunión ya era discutible en esa época, pero los sacerdotes de entonces quería preparar a la gente a una “iglesia sin sacerdotes”. Tras un periodo de casi 15 años, ha llegado una nueva generación de sacerdotes que utiliza el misal y ya no celebra la famosa, pero destructiva, liturgia experimental holandesa. En este sentido, el Señor ha respondido de manera visible a las plegarias de los grupos de oración, que se reunían (y lo siguen haciendo) de manera regular para pedirle nuevas vocaciones para su Iglesia, también en los Países Bajos. Desde que soy arzobispo de Utrecht, en 2008, la pastoral vocacional es uno de los puntos fundamentales de mi labor pastoral. En 2014 pude volver a abrir el seminario archidiocesano, que se cerró en 2009 por falta de medios económicos.

 

LOS “SACERDOTES” LAICOS DISMINUIRÁN

¿Cómo es ahora la situación?

Ahora el número de agentes pastorales laicos está disminuyendo drásticamente; a partir de 2008 se ha reducido a la mitad porque las parroquias no tienen medios económicos para pagar su sueldo (en total unos 75.000 euros al año). Además, he indicado la creación en todas las parroquias, tras la conclusión del proceso de fusiones, de un centro eucarístico, es decir, una iglesia en la que se celebre la Eucaristía cada domingo y en las fiestas de precepto. Lo he hecho para dar realce al significado de la Eucaristía como fuente y culmen de la vida cristiana (LG, 11), para darle al sacerdote una casa y para evitar que celebre la misa en una iglesia remota para unas 10-20 personas mientras, en una iglesia central, con un gran número de fieles, se celebra una liturgia de la Palabra con distribución de la Comunión. Durante este proceso también he intentando reforzar el papel del sacerdote. En la mayor parte de los casos, el ‘líder’ del grupo de sacerdotes, diáconos y agentes pastorales laicos no era el párroco, sino uno de los agentes pastorales. Tras la fusión de las parroquias tuve que reasignar a los sacerdotes, los diáconos y los agentes pastorales laicos. Aproveché para no nombrar a ningún ‘líder’ de grupo y comuniqué que el párroco es, según la teología sacramental y el Derecho Canónico, el ‘líder’ del grupo. Al reforzar la posición del sacerdote se refuerza también la conciencia del significado de la Eucaristía, en la que el sacerdote representa a Cristo en persona.

¿Tiene, entonces, la intención de recurrir a estos agentes pastorales?

Preveo que en un futuro no muy lejano habrá pocos agentes pastorales. Dado que el sacerdote, en la gran parroquia regional del futuro no podrá hacerlo todo solo, la archidiócesis ha dado inicio a nuevos cursos para la formación de colaboradores voluntarios, que tengan un buen conocimiento básico de la fe: diáconos permanentes, catequistas y asistentes de los diáconos.

¿Qué indicaciones da en su diócesis?

He esbozado el camino para revitalizar las iglesias y las correspondientes comunidades de fieles, es decir:

1) cumplir con las actividades fundamentales (celebrar la liturgia, impartir una catequesis explícita, desarrollar las actividades de los diáconos y construir el sentido de ser una comunidad para superar el hiperindividualismo hodierno, en el que también ha entrado la Iglesia)

2) mayor presencia pastoral (visitar a los enfermos, a los ancianos, a las personas solas, que son numerosas)

3) la realización de proyectos innovadores para la re-evangelización (cursos alpha, cursos sobre la Biblia, proyectos de profundización de la fe, peregrinaciones).

¿Cómo se lo han tomado, sobre todo los jóvenes?

Los jóvenes que permanecen fieles a la Iglesia, creen en toda la doctrina de Iglesia, tienen una vida de oración y una relación personal con Jesús.

¿Teme usted que esta presencia de los laicos en las funciones litúrgicas pueda difundirse en la Iglesia hasta el punto de llegar a ser normal y no una excepción, como prevé el Código de Derecho Canónico?

Sé que esto es un hecho, visto la historia holandesa de los últimos cincuenta años. A menudo estas liturgias se llaman “misa con un pequeño vacío”. Este “pequeño vacío” es la ausencia de la oración eucarística. Pero muchos católicos no saben qué es la oración eucarística, y esta es una de las consecuencias de haber descuidado la catequesis en los últimos cincuenta años. Muchas de las personas que participan en la liturgia de la Palabra con distribución de la Comunión piensan que es lo mismo, o que equivale a una misa. La consecuencia es una gran confusión entre la mayoría de los católicos. Sucede a menudo que, después de un bautismo, la familia dé las gracias “por la bella misa” a la persona que lo ha celebrado.

¿Por lo tanto, lo más apremiante para usted hoy en día es hacer comprender que las dos funciones, misa y liturgia de la Palabra, no son la misma cosa?

Exactamente. Pero entre los fieles que van a la iglesia cada domingo la situación es muy distinta. Las celebraciones eucarísticas tienen el doble de participantes, si se comparan con las liturgias de la Palabra con distribución de la Comunión guiadas por un grupo de parroquianos;  de hecho, en estas, la participación en general es baja.

 

Publicado por Andres Zambrano en la Nuova Bussola Quotidiana; traducido por Elena Faccia para InfoVaticana.

 

 

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