Martes, Diciembre 10, 2019

Política de Estado


Miércoles, 24 Julio 2019 09:15

Chernóbil y el comunismo: el testimonio de una polaca que vivía a 550 Km de la central

El reciente éxito de la serie “Chernobyl” de HBO ha hecho que se vuelva a hablar mucho sobre aquel accidente nuclear de 1986 y sobre la influencia que tuvo el comunismo en el mismo.

Sobre esta cuestión, hace unas semanas Abc publicó un artículo de Juan Manuel de Prada en el que este escritor acusa a la serie de manipular, afirmando que “recrea la imagen tópica que sobre la Unión Soviética se ha consolidado en el imaginario occidental, de un feísmo y una pobretería acongojantes”. El escritor de Baracaldo también llega a equiparar a la burocracia soviética con la del “mundo libre”. También se queja de que los personajes no muestren “una expresión de la abnegación y el sacrificio que han hecho indestructible el «alma rusa» frente a cualquier enemigo externo”.De Prada acaba tachando la serie de “pura alfalfa sistémica”.

No deja de pasmarme hasta qué punto cierta derecha antiliberal le está comprando cada vez más los discursos a Putin y al nacionalismo ruso, incluso llegando a compartir su nostalgia de la URSS, y todo para alimentar un antiamericanismo que nada tiene que envidiar al de la extrema izquierda, y que comparte con ésta su odio hacia el capitalismo. El caso es que una amiga mía polaca, Małgorzata Wołczyk, leyó el artículo de Juan Manuel de Prada y no se sintió para nada de acuerdo con él. Me ha enviado el texto que podéis leer a continuación, en el que cuenta su experiencia siendo una niña en la Polonia sometida a una dictadura comunista, y concretamente sus vivencias en torno al accidente de Chernóbil: ella residía a 550 kilómetros de la central.

CHERNOBYL

Por Małgorzata Wołczyk

Si les interesa el punto de vista de alguien que sobrevivió al desastre de Chernóbil tras el telón de acero, que estaba viviendo a tan solo 550 km de la central nuclear (es una distancia igual a la que hay entre Madrid y Santiago de Compostela), préstenme un poco de atención, por favor. Al fin y al cabo, aquellos que vivían bajo el gobierno del Partido Socialista Obrero… Polaco pueden compartir su experiencia con los que están disfrutando de gobiernos de socialistas de hoy…


Yo era entonces una alumna de la escuela primaria en Krasnystaw, acostumbrada a que había que vivir en un mundo construido totalmente de mentiras. Mi familia había sufrido mucho por los comunistas soviéticos, pero en mi escuela siguieron diciéndome que el comunismo era un sistema ideal y que Polonia nunca tuvo mejores amigos que los liberadores de la URSS. Me lo tomaba como un cuento de hadas (de hadas muy locas) pero con cara seria, para no revelar lo que ya sabía, lo que solía contarme mi abuela, exprisionera de Gulag. Sus lágrimas y la tos eterna (sobrevivió, pero con un agujero en el pulmón) no tenían nada que ver con la visión de felicidad que me ofrecían la escuela, la televisión y los libros escolares. Además, siendo una niña viví el estado de la ley marcial en Polonia viendo los tanques en las calles, observaba de cerca la desesperación de la gente y escuchaba sus conversaciones sobre las tragedias humanas. Estaba acostumbrada a la creencia de que la muerte siempre viene del Este, tal era el destino de los polacos de al menos dos siglos.

Recordando el accidente en Chernóbil, me parece que entre los polacos bastante sensatos nadie estaba sorprendido. Estábamos acostumbrados a que la única cosa que podía ofrecer URSS era la destrucción, el sufrimiento y una gran selección de mentiras, aunque los rusos seguían presentándose como un verdadero “Gran Hermano” de Polonia. Fueron los suecos (nada de hermanos) quienes nos advirtieron de que el aire había sido contaminado extremadamente y también nuestra estación polaca de medición de la contaminación atmosférica anotó el 28 del abril de 1986 que la radiación nuclear en el aire era… 500 000 veces mayor a la habitual, pero los rusos se negaron a decirnos la verdad y continuaban el bloqueo de la información: habría que esperar hasta 3 días para enterarse por las fuentes oficiales de que algo había salido mal en el Reino Soviético de Bienestar Universal a lo Comunista.

El Gobierno polaco, obediente entonces a las órdenes de Moscú, tampoco informaba a su ciudadanía. Como siempre, era un régimen tan corrupto que ante todo aquellos que tenían sus amigos y contactos en él podían disfrutar de buena salud. Gracias al médico, un amigo de mis padres que nos regaló la solución de Lugol (yodo), quizá yo no sufro hoy la enfermedad de tiroides que sufre (OS JURO) 2 de cada 4 de mis conocidas o amigas. Ese medicamento se lo empezaron a dar en Polonia a los niños menores de 17 años alrededor del 1 de mayo. En la mayoría de las ciudades con la condición de un chantaje: si vienes a participar en el desfile del 1 de Mayo (adorar al comunismo y al Partido Obrero Polaco) te van a proporcionar la solución de Lugol. Es decir, que en aquel tiempo a los niños del lejano Frankfurt se les había prohibido salir fuera de casa debido a la radiación, pero yo, una niña a 40 km de la frontera soviética, tuve que marchar en un desfile (lo que siempre duraba más de 5 horas) para obtener el medicamento (que por suerte tomé también unos días antes en mi casa). Además de que la negativa a participar en desfile llevaba siempre a un castigo en la escuela.Probablemente así era en todos los países del bloque comunista. Daba igual lo que pasara con la salud del pueblo, lo que importaba era admirar el comunismo y a sus geniales fundadores.

Acabo de ver la serie “Chernobyl” y tengo que confesar que me encantó por varios motivos, aunque al mismo tiempo han surgido los malos recuerdos. Así que cuando leo la columna de Juan Manuel de Prada titulada “Chernobil”, mi irritación podría activar un nuevo reactor nuclear. ¿Qué es lo que sabe este eminente sabio de las antípodas de Europa Occidental, que pasó la mayor parte de su vida en una biblioteca, sobre lo que pasaba en los 80 en la Unión Soviética y en sus países satélites? ¿Está indignado por el “feísmo” de aquel mundo presentado en la serie, y no puede creer en “los personajes (tanto masculinos como femeninos) con una facha realmente horrenda”? Pero el mundo era precisamente así incluso en Polonia y qué decir en URSS (ejem, un mundo más asiático). Aún más, les juro que han embellecido aquel mundo, ya que era algo normal y habitual que la gente no tuviera algunos dientes o que los tuviese de oro y plata (un fenómeno muy de moda entre la gente del Este de aquel tiempo). ¿Alguien de ustedes ha visto a unas mujeres que tenían casi todos los dientes de plata, salvo tan solo 2 o 4 suyos en frente? Yo sí, viajando por Ucrania en 1988. ¿Un hombre promedio inmerso en un mundo carente de los productos absolutamente básicos, pero abundante en vodka y cigarillos, aquel hombre de verdad tenía la posibilidad de ser guapo? El comunismo no solo expulsó de la tierra el pensamiento libre sino también la belleza y la estética (Pablo Iglesias sirve hoy como un modelo brillante de aquella tendencia).

“Pero lo cierto es que cuando se produjo la catástrofe de Chernobil el sistema soviético ya estaba siendo desmantelado”, dice de Prada. Vaya, ¿cómo pudo saber eso si el último tanque ruso abandonó mi país 7 años después de Chernobil? Y otra perla del pensamiento: “como si las burocracias del “mundo libre” actuasen de un modo distinto”… Ah, seguro: ¿alguien me puede recordar los campos de detención para disidentes y periodistas desobedientes, algún Gulag del liberalismo? ¿Y también los hospitales psiquiátricos estaban llenos de gente que eligió decir la verdad en vez de mentir? ¿Cuántas checas había creado el mundo liberal? Que el actual sistema de democracia liberal tiene muchos defectos- sin duda, que las elites de izquierda lo han hecho casi insoportable- está claro, pero CUIDADO con las comparaciones. El antropólogo ruso W.W. Boczarow hizo el análisis comparando la cultura política de Rusia con la cultura política europea. En esta primera autoridad, el poder siempre se asocia con la violencia incluso contra su propio pueblo. Según Boczarow es algo muy típico en Rusia a lo largo de los siglos, es la autoridad legítima del “padre” del pueblo (el zar o el presidente). Y es por eso que vuestra Gran Mente no es capaz entender algunas cosas del mundo de Este aunque pretende conocer todo. El comunismo (al contrario del cristianismo y también liberalismo clásico) siente un gran desdén hacia individuo, solo cuenta la colectividad, el partido.

Podría decir al señor de Prada cuántos libros leí no en un sillón como los niños del mundo capitalista, tan odiado por de Prada, sino haciendo cada día sin éxito una cola durante unas horas por un “producto de lujo” que no se podía conquistar en absoluto: un papel higiénico (y qué decir de cosas como un jamón o chocolate, un sueño imposible). Los adultos cazaban la comida, sus hijos cazaban los productos de menor importancia. ¿De verdad se puede comparar con “el mundo capitalista” el que nosotros los polacos estábamos viendo a veces en estado de shock en nuestra televisión o en catálogos de productos que circulaban entre las personas como algo imposible, de verdad nuestros mundos no diferían tanto? ¿Qué sabe don “Sabelotodo” sobre el mundo de Europa del Este inmerso en el luto, en la desesperación, en la resignación, y por fin en el alcoholismo que arruinaba la vida de la mayoría de las familias? 
Y es por eso que la serie me parece absolutamente genial precisamente por la “recreación magistral” en la que no cree el escritor de Zamora (una ciudad un poco más lejana del mundo presentado en la serie que las ciudades en las que yo vivía: Kransystaw y Lublin). Y lo que es digno de mayor elogio es justamente el papel FUNDAMENTAL de la mentira, ya que toda la realidad estaba tejida detalladamente de mentiras grandes y pequeñas. Desde la mañana hasta la tarde te estaban mintiendo: que no hubo ningún genocidio de los polacos en Katyń, que Polonia fue liberada por los Rusos y que el Partido Obrero Comunista tanto ama a los niños que nunca los ofrezca comida o fruta envenenada por el imperialismo de Occidente.

Pues, en el caso de mi familia, la mentira de Chernóbil tuvo otro episodio más. Dos o tres años después el joven párroco de mi iglesia quiso hacer algo bueno para las familias de Chernobil afectadas por el accidente. Por lo tanto pidió a las autoridades y a la iglesia ortodoxa de allí para que enviasen a los niños afectados por el sufrimiento para una semana de vacaciones completamente gratis en familias polacas católicas. Mis padres alojaron a una chica de 15 años y hacían lo que podían para alegrar su vida. El problema empezó desde el principio porque esos “niños afectados de Chernobil” no querían integrarse con nosotros, pasar horas juntos con las familias sino huir de casa y beber… el vodka de sus recursos. En muy poco tiempo se hizo evidente de que los autoridades de allí NO nos enviaron a las víctimas sino a los hijos e hijas de apparatchics comunistas de diferentes localidades, adolescentes mimados, no tan pobres, y a pesar de edad en muchos casos abusadores de vodka. Nos impactó mucho la insolencia y la falta de escrúpulos del otro lado.

Pero lo que nos golpeó de verdad es lo que descubrimos el día que nuestra invitada se fue. Ella robó todas las joyas, cadenas de oro, toda la herencia que mis padres lograron recoger en los tiempos de pobreza para asegurar un poco el futuro de sus dos hijas. Simplemente no se nos ocurrió esconder objetos de valor y pensar que una chica, “víctima de Chernóbil”, habría podido hacer algo tan cruel. Cabe añadir que mi joven párroco estaba devastado por su “experimento” y en 2015 fue precisamente el sacerdote Ryszard Winiarski quien se opuso, como el primer cura en toda Polonia, contra una petición del Papa Francisco para que cada parroquia acogiese a algunos refugiados musulmanes. No, no se convirtió en egoísta, ni siquiera xenófobo, ya que mientras tanto en mi ciudad, con sus fuerzas propias, tomando préstamos a su propia cuenta, él había construido edificios con el objetivo de alimentar totalmente gratis a los pobres de mi ciudad, las madres solteras y todos los necesitados, también ucranianos. Un altruista incansable se opuso en una carta abierta a la directiva del Papa Francisco argumentando muy bien ya entonces todas las razones que ya conocemos muy bien, observando lo que ha pasado desde 2015. Porque sí, existe “ordo caritatis” (eres responsable ante todo del bien de tus cercanos) y porque la mentira gobierna y reina siempre en los sistemas totalitarios, pero no en alma y la razón de la gente libre con identidad cristiana.

Chernóbil debería ser para siempre un símbolo de la gran mentira no solo del Imperio Soviético y del comunismo, sino también de todos los sistemas totalitarios. Y la serie “Chernobyl” debería ser vista precisamente como triunfo de la verdad sobre la mentira, aunque después de un tiempo. La recreación magistral de la que se burla de Prada es un aviso y una advertencia: los que mienten en historia no pueden dormir tranquilos…

P.D.: Saludos especiales para todos telespectadores del canal Russia Today, el canal de propaganda del presidente Putin, que sigue repitiendo de que “La caída de la URSS fue la mayor catástrofe del siglo XX”.

 

 

23/07/19 www.outono.net

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