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Política de Estado


Miércoles, 25 Septiembre 2019 10:57

Los remordimientos del médico que almacenaba abortos: se veía a menudo con un sacerdote y un provida

El pasado día 12 de septiembre las autoridades encontraron en la casa de Ulrich Klopfer, médico abortista que había fallecido días antes, los restos de más de 2.200 bebés abortados “preservados médicamente”. Ahora la Fiscalía tanto de Illinois, donde vivía este abortista, como de Indiana, donde se encontraban sus abortorios, investigan este extraño suceso y por qué trasladó, vulnerando numerosas leyes, estos restos humanos de un estado a otro hasta su sótano.

Sin embargo, pese a lo llamativo del caso y los enormes interrogantes que genera la actitud de Ulrich Klopfer, la cobertura mediática ha sido escasa o nula por parte de los grandes medios estadunidenses. Así lo refleja y denuncia David Mastio en Usa Today, que recuerda que ya ocurrió algo parecido con Kermit Gosnell, condenado ahora por el asesinato de bebés que habían sobrevivido al aborto.

Unas preguntas para que los medios no buscan respuestas

Y además, lanza varias preguntas a estos grandes medios que hacen de una anécdota un mundo mientras silencian historias como esta: ¿Cómo se mete un médico en problemas en cinco estados y puede seguir practicando abortos en otros estados que dicen preocuparse por las mujeres? ¿Cómo acumula un médico tantos cadáveres en su garaje para hacer una imitación aceptable de una fosa común de la Segunda Guerra Mundial? ¿Sus empleados no se dieron cuenta de que se llevaba a casa restos de bebés? ¿Cómo una historia tan sensacional, que en parte tuvo lugar en la ciudad natal del candidato presidencial Pete Buttigieg, donde él es alcalde, no recibe más que la atención superficial de los medios de comunicación nacionales?

El sacerdote que conoció al médico abortista

Quien sí puede ofrecer más datos sobre este médico abortista que ha practicado más de 30.000 abortos es el sacerdote Daniel Scheidt, que durante su homilía dominical el pasado 15 de septiembre habló sobre Klopfer, al que tanto él como un voluntario católico de la parroquia San Vicente de Paúl en Fort Wayne conocieron y se reunieron antes de que muriera y se descubriera su horrorosa colección.

Este asesino era, según dejó entrever el sacerdote, un hombre muy herido, lleno de frustraciones, que no tenía amigos ni a nadie con quien hablar, y que era consciente del mal que había realizado durante tantos años. Por ello, solo como estaba, no dudó en hablar y reunirse cada semana con estos activistas provida y católicos.

El sacerdote recordó que Klopfer tuvo una clínica en Fort Wayne, en South Bend y en otros lugares. “Durante años, cada vez que él estaba en la ciudad, e incluso cuando no lo estaba, muchas personas iban y rezaban en ese lugar. Había un feligrés de San Vicente que durante muchos años hizo esto mismo. Y al final conoció personalmente a George Klopfer. Y George a él”, reveló.

Un encuentro cada jueves

Tal y como recoge Our Sunday Visitor, el sacerdote contó que cuando el estado de Indiana retiró la licencia médica a este abortista, Klopfer siguió yendo a su clínica para salir de su automóvil y sentarse en el asiento de copiloto de este católico provida de la parroquia para conversar. De hecho, todos los jueves este abortero conducía desde Chicago a Fort Wayne (270 kilómetros) para estar con su ‘amigo’.

“Lo sé porque su ‘amigo’ me invitó a unirme junto a George Klopfer en el coche. Hasta en dos ocasiones me senté junto a ese hombre que es responsable del final de más de 30.000 vidas humanas”, señaló.

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Imagen de la que fue clínica abortista de Ulrich Klopfer en Fort Wayne (Indiana)

Lo primero que este médico suspendido dijo al sacerdote tras conocerlo fue sobre el abuso que sacerdotes y obispos habían perpetrado contra niños. Para el religioso, “esta acusación fue en realidad una revelación de su corazón. Era un hombre que conocía el sufrimiento interno”.

Qué había en su corazón

El padre Scheidt le preguntó en uno de estos dos encuentros sobre su infancia. Le contestó que creció durante la II Guerra Mundial y que vio la guerra en primera persona con muchos cadáveres. “Tenía el recuerdo grabado en su mente de las tropas rusas ametrallando pequeños animales, no para comer, sino sólo por crueldad”, explicó.

Otra de las preguntas que realizó a este médico es qué le llevó a especializarse en abortos. Les habló de un fallo en una operación cardíaca en la que él participaba y en la que acabó falleciendo el paciente.

Bernard Nathanson, uno de los principales médicos abortistas de EEUU en la década de 1970 que se convirtió al catolicismo y se hizo provida, explicó que muchos médicos que acaban dedicándose a matar bebés han fracasado en otros ámbitos de la medicina previamente, encontrando su lugar en los centros abortistas.  Poner fin a una vida humana es menos complicado, médicamente, que tratar de salvarla, afirmaba Nathanson.

"Al cielo de Hitler y Stalin"

Igualmente, Klopfer les confesó que no tenía ningún amigo, y que las personas más cercanas en ese momento a él eran precisamente este activista provida y el sacerdote, motivo por el cual conducía tantos kilómetros para encontrarse con ellos.

En uno de estos encuentros, este médico abortista les dijo: “Creo que iré al cielo de Hitler y Stalin”. Había interiorizado el sufrimiento que provocaba. Sabía lo que era y lo que había hecho. Incluso les llegó a hablar de sus pecados y todos sus fracasos.

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Una situación surrealista

La última vez que el sacerdote vio a este médico abortista vivió una situación difícil de creer. En el coche estaban el religioso, el voluntario provida y el médico abortista. Este último vio entonces que un coche estacionaba y de él bajaba una mujer y su hijo. Sabía cómo se llamaba la mujer, que para colmo estaba abriendo un centro de la organización provida Right to Life en ese lugar.

Entonces Klopfer les dijo de bajarse del coche y saludar a esta mujer. “Fue uno de los momentos más surrealistas de toda mi vida. El sacerdote, el abortista, la mujer  que trabajaba en Rigth to Life, su hijo y un feligrés que intercede por un médico abortista”.

Una "oveja perdida" que hay rescatar

¿Qué sacó en claro el sacerdote de todo esto? El padre Scheidt dijo a los feligreses durante aquella homilía que “debemos ir en busca de la imagen divina de cada persona. Vi en George Klopfer no sólo a una persona que asesinó, sino una oveja perdida, alguien infinitamente más valioso que una moneda, alguien que necesitaba conocer su filiación". Precisamente, aquel domingo el Evangelio era el de las tres parábolas.

La última vez que el feligrés se encontró con el abortista le dijo: “George, no es demasiado tarde. Eres como el ladrón que está en la cruz al lado de Jesús. Perteneces a Jesús. Acepta a Jesús, aunque sea ahora a última hora”. Y este católico que tangas veces abandonaba sus encuentros con el médico frustrado por no ver cambios en él se despidió aquel día creyendo que esto le había llegado a su corazón.

Por ello, este sacerdote recordó que “sólo Dios sabe que ocurrió a última hora” y que “Dios posee la capacidad de transformar y sanar la vida humana”. Para ello, cuenta con instrumentos como este voluntario que dedicó su esfuerzo, tiempo e ilusión para intentar rescatar a un gran asesino.

 

 

25/09/19 www.religionenlibertad.com

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