Miércoles, 23 Octubre 2019 11:41

No solo la obesidad genera costes sociales. Los otros costes.

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) en un informe titulado “La pesada carga de la obesidad” ha publicado recientemente sus conclusiones sobre esta enfermedad que afecta a buena parte del Primer Mundo.

Es sabido que la obesidad es un problema para la salud, pero ahora, el estudio de la OCDE pone de relieve que, además, “La obesidad supone una alarmante carga en individuos, sociedades y economías de los países de la OCDE y más allá”, según afirma el propio organismo.

España no saldría tampoco bien parada de este análisis pese a su fama internacional por la dieta mediterránea, más de la mitad de la población española tiene sobrepeso, lo que les restaría hasta 2,6 años de vida.

Si bien esta tasa está dentro de la media de la OCDE, España supera en gastos en sanidad a muchos de los otros miembros del organismo. Mientras que la obesidad supone de media en la OCDE una carga del 8,4% a los gastos sanitarios, en España esta cifra escala hasta el 9,7%, siendo solo superada por Canadá, Alemania (11% respectivamente) y Estados Unidos (14%). Hablando en plata: el sobrepeso reduce el PIB español en un 2,9%. Y para cubrir esos costes, “cada ciudadano en España paga 265 euros adicionales de impuestos al año”, también por encima de la media de 181,60 euros de la OCDE.

obesidad

Fuente: OCDE

¿Y los demás hábitos, además de la obesidad?

La obesidad, además de suponer un problema personal, genera unos costes sobre la sociedad, que se denominan costes sociales. Este coste social acostumbra a tener un impacto sobre un costo público, es decir, que afecta al presupuesto del Estado. Este coste público además tiene una afectación en el coste de oportunidad, es decir el coste de lo que pierdes al invertir en otra cuestión.

Nuestra sociedad tiene la característica de tener numerosos de este tipo de costes de manera creciente. Sin embargo, también tiene la característica de poner el foco en algunos de ellos y no en todos.

Es decir, la sociedad se fija en los obesos, en los que fuman o en los que conducen con exceso de velocidad, pero no se fija, por ejemplo, en las consecuencias de los promiscuos que constituye la mayor fuente de propagación de enfermedades de trasmisión sexual, incluido el sida.

La opinión pública tampoco se mete en hábitos personales como, por ejemplo, las consecuencias de la ingesta alcohólica masiva unos días a la semana por parte de los jóvenes (que no solamente genera unos costes en ese momento sino un coste diferido en el tiempo, porque este joven tendrá más posibilidades de desarrollar enfermedades determinadas).

Hay más hábitos de ese tipo: el coste de consumir cannabis entre los jóvenes, que es muy extendido. El coste de ir todos los días hiperconectados por teléfono o escuchar música con auriculares intensamente (ha quedado demostrado que provoca la pérdida de capacidad auditiva).

Hay multitud de costes de este tipo. Nuestra sociedad por su hábitos malsanos genera costes continuos y nuevos porque no hay control social. Antes estos costes se evitaban porque no existía la posibilidad de ejercer ese hábito (no había, por ejemplo, auriculares), y en otro orden de cosas, las actitudes promiscuas tenían en su contra la presión y control social. De esa manera se autorregulaban, lo cual ya no es así.

El sobrepeso no es solo un problema de salud en buena parte de la sociedad occidental. Lo es, también, económico, pero no es el único.

 

 

23/10/19 www.forumlibertas.com