Viernes, 24 Enero 2020 08:44

San Francisco de Sales

Nacido en Chate au de Thorens, cerca de Annecy, en una época en que la Saboya, aunque de lengua francesa, era una nación autónoma con sus instituciones y tradiciones bajo el gobierno de su “Soberano Senado”, Francisco de Sales es saboyardo tanto de carácter como de origen.

Era el mayor de una familia de 13 hijos. Un curso de curiosas coincidencias parecía predestinarlo a ser un protegido de san Francisco. En efecto, su padre se llamaba Francisco; su madre, Francisca de Boisy; su padrino, Francisco; y el niño nació en una recámara dedicada al Poverello de Asís. Además, cuando supo leer, el primer libro que tuvo entre sus manos y que lo marcó profundamente, fue la vida de san Francisco, de san Buenaventura.

Destinado por su padre a la magistratura, el joven Francisco, por su parte, se sentía llamado al estado eclesiástico: “Desde que tuve 12 años me resolví tan fuertemente a ser eclesiástico, que yo no hubiese cambiado por un reino esta resolución”. Con la perspectiva de verlo cuando menos beneficiario eclesiástico, su familia consintió en dejar que se le confiriera la tonsura.

A los 15 años, Francisco va a París en compañía de su preceptor Juan Deage y entra como alumno de los jesuitas el el Colegio de Clermont. Muy pronto bachiller en artes, luego estudiante en Filosofía, es atraído por la teología y sigue los cursos de la Sorbona. “En París -decía él- aprendí varias cosas para complacer a mi padre, y la teología por gusto personal”.

¡Pero aún no tiene sino 19 años! Y desprovisto de la formación intelectual y de la madurez de espíritu suficiente, es extraviado por la enseñanza de ciertos profesores de tendencias calvinistas sobre el problema de la predestinación. Esta es la tentación de la desesperanza: “Si Dios me ha predestinado para el infierno, ¡a mi pesar sería separado de Él por toda la eternidad, y por lo mismo constreñido a odiarlo!”. Sufrió una depresión psíquica que fue fatal para su salud. En la oración encuentra sin embargo el secreto del voto heroico que le ofrece desde aquí abajo una compensación anticipada a su desdicha eterna: “Si por un decreto de vuestra Providencia que no puedo comprender, Dios mío, debo ser separado de Vos, al menos no permitáis que alguna vez os maldiga y blasfeme contra Vos. Y si no puedo amaros en la otra vida, puesto que nadie os alaba en el infierno, que al menos aproveche yo, para amaros, todos los momentos de mi propia existencia aquí abajo”.

En 1588 Francisco está en Padua, en la Universidad de 20,000 estudiantes, en la que durante cuatro años dedica cuatro horas al Derecho y cuatro a la Teología de las ocho de trabajo cotidiano. Es también entonces cuando entra en contacto con sabios y santos autores como san Felipe Neri, san Carlos Borromeo y el autor del “Combate espiritual”,el padre Scupoli.

Doctor en Derecho, de vuelta en Saboya en 1592, se hace registrar como abogado en el Senado. Pero atrayéndolo más y más la vida eclesiástica, no acepta un proyecto de matrimonio elaborado por su padre, y gracias a la intervención de Luis de Sales es presentado con Mons. De Granier, obispo de Ginebra, a quien la persecución calvinista había obligado a refugiarse en Annecy. Inmediatamente el prelado decide nombrar preboste del capítulo de su Catedral a este joven de 25 años, y en el curso de pocos meses le confiere las órdenes menores y luego las mayores o sagradas. (1593).

Ese mismo año Berna y Ginebra se ven obligadas a restituir a la Saboya la provincia del Chablis que medio siglo antes habían invadido. El obispo, por su parte, pensó al instante en restaurar en esa población la fe católica que la ocupación calvinista había desterrado.

Dos voluntarios se prestaron inmediatamente para esta peligrosa misión: los dos primeros canónigos, Francisco y luis de Sales, a los que muy pronto se reunieron religiosos, jesuitas y capuchinos. Conversiones en masa fueron el fruto del esclarecido celo y de la radiosa santidad de los misioneros: el propio Teodoro de Beza, el patriarca de la Reforma, por un momento pareció conmovido por la predicación de Francisco de Sales.

Delegado en Roma para rendir cuentas del estado de la diócesis, el preboste entró en relaciones con eminentes personajes, como los cardenales Coronio y Belarmino. Luego, a petición de Mons. De Granier, que se sentía envejecer, fue designado obispo coadjutor de Ginebra por el Papa Clemente VIII (1598). Durante un examen canónico que el futuro obispo hubo de sufrir en presencia del Sacro Colegio, el Papa en persona le rindió este honor: “Ninguno de los que hemos examinado hasta el día de hoy nos ha satisfecho tan plenamente”.

Después de la invasión de la Saboya por Enrique IV y el tratado de Lyon (1601) que cedía a Francia ciertas regiones de la diócesis, Francisco fue a París para negociar el estatuto durante siete meses, que le dieron al joven obispo la ocasión de revelar su talento de orador sagrado, en la capilla del Louvre, en Norte-Dame y en varias iglesias de la capital, y de director espiritual por su tratado con Madame Acarie y sus pláticas con el futuro cardenal de Bérulle. El propio Enrique IV se jactaba de tratarlo como amigo, y para intentar retenerlo en Francia le propuso la rica abadía de Santa Genoveva, y luego el título de coadjutor de arzobispo de París.

En el camino de regreso, en Lyon, supo casi simultáneamente de la llegada de las Bulas que lo hacían obispo coadjutor de Ginebra y de la muerte del titular Mons. De Granier, muerte que lo convertía en el sucesor de pleno derecho (1602). Desde entonces, dedicado por entero a la reorganización de una diócesis duramente probada, “su pobre esposa”, como la llamaba, trabajó sin descanso en promover la enseñanza, la práctica de los Sacramentos, la forma de las estructuras y del clero. Su bondad, su paciencia, su dulzura son proverbiales, no menos que su frugalidad y su amorosa protección a los pobres. Lo cual no le impedía asegurar cada año las predicaciones del Adviento y de la Cuaresma en diversas poblaciones, especialmente en Annecy. Durante una Cuaresma en Dijon, en 1604 se convirtió en el director espiritual de la baronesa Juana Fremiot de Chantal, con la que fundó una nueva Congregación religiosa, la Visitación de Santa María (Las Visitandinas). Y con tareas tan diversas trabajaba en firme en la composición de sus obras.

Vuelto a París en misión oficial para negociar el matrimonio del príncipe del Piamonte Víctor-Amadeo con la princesa Cristina de Francia, Francisco de Sales se alió esta vez con Vicente de Paul, quien a la muerte del obispo de Ginebra debería ser el consejero de Juana de Chantal y de la Visitación.

Fatigado, san Francisco de Sales pidió y obtuvo como coadjutor a su hermano menor Juan Francisco (1621). Un viaje a Aviñón, acompañando al duque Carlos Emmanuel, para encontrarse con el rey Luis Xlll, acabó de arruinar su salud. Y se extinguió en el Monasterio de la Visitación de Bellecour, cerca de Lyon, a la edad de 55 años (28 de diciembre de 1622). Beatificado en 1661 y canonizado en 1665, fue proclamado Doctor de la Iglesia por Pío IX en 1877.

 

4 comentarios en “San Francisco de Sales
  1. Spes

    No entendí bien, yo sabía que él es el autor del combate espiritual, y aquí dicen que el padre Scupoli,