Martes, 17 Noviembre 2020 07:29

El coronavirus se propaga en el convento del Padre Pío

“Prácticamente toda la comunidad, excepto tres hermanos, está actualmente infectada por el coronavirus, muchos con síntomas”.

Uno de los lugares de peregrinaje más importantes de Italia, el Santuario de San Giovanni Rotondo, situado al norte de Apulia, ha tenido que reducir las misas públicas debido al coronavirus, informa L’Immediato.

“Nunca había sucedido desde la muerte de San Pío pero la situación actual nos ha obligado a tomar decisiones duras. La situación es dramática. Prácticamente toda la comunidad, excepto tres hermanos, está actualmente infectada por el coronavirus, muchos con síntomas”, ha declarado Franco Moscone, arzobispo de Manfredonia-Vieste-San Giovanni Rotondo.

El prelado hizo un paralelismo con lo acontecido en 1918, cuando el Padre Pío y otros frailes se contagiaron de la gripe española, una enfermedad que golpeó con extrema dureza al continente europeo.

El santuario de Santa Maria delle Grazie permanece abierto para todos los fieles que quieran entrar a rezar pero la celebración de algunos misas de diario serán a puerta cerrada -excepto dos. Por tanto, se celebrarán en la cripta, sin la presencia de los fieles y se retransmitirán periódicamente a través de Padre Pio TV, informan desde el santuario.

No se podrá visitar la tumba del santo hasta nuevo aviso.

 

16 comentarios en “El coronavirus se propaga en el convento del Padre Pío”
  1. El sevillano Laureano Benítez Grande-Caballero es profesor, escritor, articulista y está especializado en la vida y milagros del Padre Pío, capuchino canonizado en 2002 por el papa San Juan Pablo II. Entre otros libros, ha publicado los titulados Orar con el Padre Pío (2013), Mensaje del santo de los estigmas (2014), Hechos extraordinarios del santo de los estigmas (2015) e Historias del Padre Pío (2018). La devoción a San Pío de Pietrelcina en Italia es enorme, al igual que en muchos países de Hispanoamérica. En España es cada vez más conocido, especialmente como intercesor ante las enfermedades. Es el único sacerdote estigmatizado de la historia de la Iglesia.

  2. En un primer momento, el Padre Pío -como sucede con muchos santos que hicieron milagros- me llamó la atención por sus prodigios, por sus innumerables carismas sobrenaturales, pero, nada más empecé a profundizar en su figura, me cautivó la gran profundidad de sus enseñanzas, centradas en dotar de un sentido cristiano al sufrimiento, en recordarnos que la Cruz es un camino de redención con la que podemos y debemos colaborar vicariamente en la salvación de las almas. Y como encontrar el sentido del sufrimiento es quizás mi mayor empresa espiritual, pues hallé en el Padre Pío el auténtico maestro.

  3. El santo de Pietrelcina es protagonista de una lista inacabable de sucesos maravillosos, de hechos extraordinarios: estigmas, sanaciones, visiones, profecías, clarividencia, olor de santidad, bilocaciones, éxtasis, levitación, inedia (sobrevivir sin ingerir alimentos), don de lenguas, don de lágrimas… Aunque los dones místicos son comunes a muchos santos, en el Padre Pío llama la atención el hecho de que los tuviera todos, en una concentración de carismas única en la historia de la Iglesia. Para la mayoría de los santos, la causa de canonización recoge de media cinco cajones de documentación, que se presentan a la Congregación para las Causas de los Santos. En el caso del Padre Pío, ¡más de cien cajones se presentaron al inicio de su causa!

  4. Sí, la del hombro derecho es la llaga menos conocida de los estigmas, pero, sin embargo, es la más dolorosa, pues refleja en el cuerpo el peso de una Cruz donde están todos los pecados del mundo. Cuando Karol Wojtyla le visitó en abril de 1948 y le preguntó que cuál era la llaga más dolorosa, el Padre Pío respondió sin dudar que la del hombro. Fray Modestino, amigo de la infancia del Padre Pío, y que profesó como capuchino en el mismo convento que el santo, nos da un testimonio clarificador: «El 4 de febrero de 1971, observando una nueva camisa de lana, me señaló, para mi gran sorpresa, una mancha de sangre, de cerca de cuatro pulgadas, sobre el hombro derecho, en el mismo lugar en el cual Jesús había estado llevando una pesada cruz. Antes de ir a la cama recé al Padre Pío, y le pregunté si él realmente tenía un dolor en el hombro derecho.

  5. Me desperté alrededor de las 1:00 de la mañana, y sentí un dolor terrible en mi hombro derecho, como si estuviera siendo penetrado por un cuchillo. Al mismo tiempo, olí un perfume fuerte, y oí una voz: “¡Ésa es la forma en la que he sufrido!” Ahora había entendido».

    San Francisco era el santo de referencia del Padre Pío, su modelo espiritual, y su nombre de pila, Francesco, se lo puso su madre porque era devota del santo de Asís. El paralelismo fundamental entre estos dos santos es que sus estigmas constituyen una señal de Dios con la que la Divina Providencia quiere dar un mensaje a la Iglesia de su tiempo, ya que ambos santos vivieron en épocas azotadas por crisis de fe: en el caso de San Francisco, se trataba de que la Iglesia volviera al espíritu de pobreza evangélica; en el caso del Santo de Pietrelcina, sus estigmas son un llamamiento a recuperar el magisterio y la tradición de la Iglesia en medio del horrible siglo de la apos tasía

  6. La historia de la hagiografía cristiana abunda desgraciadamente en casos de santos acosados y perseguidos por las mismas jerarquías eclesiásticas. El Padre Pío, por supuesto, no fue ninguna excepción. Es más, podemos decir que ha sido el santo más perseguido y maltratado de y por la Iglesia. No es de extrañar, si tenemos en cuenta la terrible amenaza que suponía su misión y su mensaje para el Príncipe de las Tinieblas. Si en sus asaltos siempre salía derrotado ante el Santo de Pietrelcina, Barbazul -como le llamaba el Padre Pío despectivamente-, pronto se buscó otros caminos, mucho más insidiosos y peligrosos, que tenían como fin obstaculizar todo lo posible su ministerio de salvar almas.

  7. La táctica de «Barba Azul» para acabar con el Padre Pío era la misma de siempre: envenenar los corazones de determinadas personas, ya fuesen superiores religiosos, -tanto canónigos como de su misma orden-, ya fuesen laicos de cierto relieve, para suscitar en ellos animadversión contra el fraile. Como consecuencia de esta insidias, el Padre Pío experimentó dos persecuciones, que sufrió en dos etapas de su vida (de 1923 a 1933, y de 1960 a 1964), obra de personas con autoridad que -tentadas por «el cosaco»-, guiadas unas veces por la lógica prudencia de la Iglesia ante los fenómenos sobrenaturales, y otras por pecados de envidia, calumnia, soberbia y codicia, fueron el instrumento del que Dios se valió para sacar a la luz otros dones extraordinarios del estigmatizado: la total obediencia a sus superiores, su perfecta humildad y su increíble paciencia.

  8. Esta dura prueba hará que el Padre Pío añada a sus estigmas otra señal más con su conformidad con el Cristo doliente de la Pasión: la del justo perseguido, vejado y humillado.

    El Padre Pío vino a llenar el «vacío de Dios» que sufre el mundo contemporáneo, a hacer presente al Jesús vivo y resucitado, que se manifestaba a través de él, que volvía a sangrar en sus estigmas, que volvía al Calvario en sus eucaristías, que retornaba para sanar a los enfermos, para salvar almas. En palabras de Fidel González, consultor de la Congregación para las Causas de los Santos, «para muchos pecadores, el Padre Pío representó el abrazo de Cristo que hace renacer al hombre». El Padre Pío se encarnó en este mundo para proclamar la gracia y misericordia de Dios, y para hacer creíble esta misión recibió la más extraordinaria concentración de dones y carismas sobrenaturales de la historia de la Iglesia,

  9. los cuales constituyeron a los ojos de los fieles y peregrinos la prueba incontrovertible de que la gracia de Dios estaba con él, que sus obras estaban bendecidas por el Cielo, de que el mismo Cristo, 20 siglos después, volvió a caminar entre nosotros para derramar su poder sanador sobre nuestras enfermedades, su misericordia sobre nuestros pecados, su gracia sobre los corazones rotos por el sufrimiento… para hacer cercano y palpable el amor de Dios a este mundo atribulado por el mal y el dolor.

    Era su misión y su obsesión. Realmente, es la misión de todo creyente: salvarse y ayudar en la salvación de las almas. Y, para ello, la mejor herramienta es ofrecer nuestras cruces de cada día. Todo el ministerio sacerdotal del Padre Pío estuvo encaminado a la lucha contra Satanás.

  10. Sus carismas, sus dones sobrenaturales, su labor como ministro del Señor -expresada principalmente en la celebración de la santa Misa y en el sacramento de la confesión-, todo en él tendía a un objetivo unidireccional: arrancar a las almas de las garras del Maligno: «La mayor caridad es arrancar almas atraídas por Satanás y ganarlas para Cristo», decía. El 20 de febrero de 1921 escribía: «¡Pobre de mí! No logro descansar. Vivo sumergido en la extrema amargura, en la desolación más deprimente por no ganar todos los hermanos al Señor. Siento el vértigo de vivir por los hermanos… todo se reduce a esto: estoy consumiéndome por el amor a Dios y por el amor al prójimo… ¡Cuántas veces, por no decir siempre, me toca repetir: Señor, perdona a este pueblo, o bórrame del libro de la vida!»

  11. Sí, las confesiones del Padre Pío duraban escasos minutos, ya que, ante las ingentes multitudes que querían confesarse con él, no le era posible dedicar mucho tiempo a cada penitente, Sin embargo, cuando llegaba algún «pez gordo» -un masón, un ateo recalcitrante, un comunista, un gran pecador-, les dedicaba más tiempo, días incluso, pues frecuentemente era tal la masa de sus pecados, que convertirlos por completo y limpiar sus almas requería un proceso, más que una simple confesión. Con el tiempo, se dedicó más a estos grandes pecadores, e iba dejando a los más «normales» en manos de otros frailes.

  12. Sí, el olor de santidad del Padre Pío es legendario, uno de sus prodigios más conocidos y característicos, ya que esos efluvios emanaban directamente de sus estigmas, y ni la distancia ni el espacio eran factores que impedían percibirlo, pues aparecían incluso ligados al prodigio de la bilocación: cuando se percibía su olor a santidad en Bolonia, Florencia, Londres y Montevideo, eso significaba que el P. Pío se había transportado a esos lugares en espíritu. En esos efluvios hay perfumes de violetas, lirios, rosas, incienso y tabaco fresco, a veces de gran persistencia. Son percibidos incluso por personas no creyentes, y siempre tienen un valor positivo. Muchas veces son una advertencia y una llamada a la conversión y, las más de las veces, un consuelo para las almas que sufren.

  13. La enorme influencia del Padre Pío en los creyentes hay que entenderla desde este punto de vista, porque su vida y sus enseñanzas son la respuesta a un mundo en crisis. Si el Santo de Pietrelcina es hoy el más popular de la Cristiandad es porque continúa haciendo milagros, porque sana los cuerpos y las almas, pero, especialmente, porque aporta un sentido al sufrimiento que todos padecemos, en menor o mayor medida.

    A la sobrecogedora cantidad y variedad de sus milagros, hay que añadir una característica más de sus hechos extraordinarios: su actualidad. En efecto, el Padre Pío sigue hoy día derramando a manos llenas los maravillosos dones que Dios le concedió a todo aquel que le invoca con fe, y en cantidad incluso mayor que cuando vivía entre nosotros.

  14. Son innumerables los testimonios de personas que afirman haber recibido alguna gracia a través de su intercesión, confirmándose la predicción que realizó antes de su muerte: «Tú les dirás a todos que, después de muerto, estaré más vivo que nunca. Y a todos los que vengan a pedir, nada me costará darles. ¡De los que asciendan a este monte, nadie volverá con las manos vacías!».

    El 12 de octubre de 2015 mi esposa sufrió un derrame cerebral gravísimo. En el hospital, los cirujanos de guardia no la querían operar, porque decían que no valía la pena, ya que estaba prácticamente muerta. Finalmente, decidieron intervenirla. Era de madrugada y, en la sala de espera, conecté con los amigos del Padre Pío que tenía repartidos por toda España, rogando que oraran por mi esposa, creando ahí mismo una cadena de oración.

  15. La operación fue muy bien, hasta el punto de que su recuperación fue asombrosa, de una increíble rapidez, que llevó a los cirujanos a decir que no entendían nada de lo que había pasado con mi esposa, tal era su desconcierto.

    Sin duda, el milagro más famoso fué el que efectuó con Gemma di Giorgio, un niña ciega, que no podía ver porque sus ojos carecían de pupilas. Su abuela la llevó a San Giovanni, para que se confesara con el santo, ya que estaba cerca su Primera Comunión. Al salir del confesionario comenzó a ver ante el estupor de los presentes. Su caso dio la vuelta al mundo.

    Ciertamente, decía que absorbía el tiempo que deberíamos dedicar a nuestro mejoramiento espiritual, acababa con el diálogo en la familia, y era una ventana por la que el Maligno nos distraía y corrompía con entretenimientos vanos. A sus hijos espirituales les tenía prohibido tener televisión, y daba permiso para su adquisición con cuentagotas. Lo mismo pensaba del cine.

  16. Porque estamos en la hora de las tinieblas, incubadas en el gigantesco poder de unos medios de comunicación dominados por élites anticristianas, que están implementando la ideología de lo que Jesús definió como «Sinagoga de Satanás». Si a eso le añadimos una educación laica, un déficit de atención familiar y el Himalaya de mentiras sobre la Iglesia que se ha creado con las falsedades sobre la historia del cristianismo, pues no es de extrañar la cristianofobia. Tengamos presente que el cristianismo es el único enemigo del Nuevo Orden Mundial que se quiere implantar.

     

     

    17/11/20 www.infovaticana.com