Lunes, 08 Marzo 2021 12:50

Su Santidad, “contra la instrumentalización de la religión por grupos de poder”

El Papa “está construyendo una alianza religiosa para declarar al mundo que la religión verdadera no es la religión del fanatismo y la violencia, ni tampoco la de los nacionalpopulistas. Es un intento de contrarrestar la instrumentalización de la religión por grupos de poder”, leemos en el artículo de El Independiente dedicado al inminente viaje del Papa a Irak.

La interpretación que haga la prensa secular de las cosas de la Iglesia no suele ser objeto de nuestros comentarios, pero en este caso haremos una excepción, dado que es nada menos que el biógrafo autorizado del Papa y entusiasta de la renovación Austen Ivereigh quien, desde su cuenta en Twitter, destaca este párrafo del diario online español.

Nadie que haya echado un somero vistazo a la historia de la Iglesia se escandalizará de que la Iglesia tenga y haya tenido posturas políticas, que influya o trate de influir en el proceso de la gobernación de los pueblos que, al fin, es una actividad moral no ajena al mensaje de la fe. El actual Pontífice es especialmente transparente en sus posturas ideológicas y particularmente interesado en predicarlas y presionar para su extensión. Nada especial aquí.

 

Así que si un periodista u observador aplaude las posiciones políticas de Su Santidad habrá poco que decir, salvo la evidencia de que deben de coincidir con la propia línea ideológica de quien alaba. Todo eso entra dentro de lo discutible. Lo que no es discutible, en cambio; lo que supone una negación de la evidencia más palmaria, es que el Papa pretenda “contrarrestar la instrumentalización de la religión por grupos de poder” con sus declaraciones y tomas de posición.

Quiere, sí, y con abierta vehemencia, oponerse a unas corrientes concretas, esas mismas que la redactora llama ‘nacionalpopulistas’. Pero basta un rápido vistazo por la actualidad para advertir que el poder no está, ni de lejos, en esa opción. La Curia Romana tiene en la magistratura más poderosa de la tierra a Joe Biden, un candidato al que ha favorecido de todas las formas posibles y al que prefería con mucho a su oponente. El Papa está a partir un piñón con la ONU y, en general, con las instituciones supranacionales que aspiran a debilitar la soberanía de los Estados, y esa es exactamente la postura de todos los grandes medios de comunicación a escala mundial, desde los cinco principales diarios y las grandes cadenas de televisión españolas al New York Times o la CNN, pasando por sus equivalentes en toda Europa. El Papa favorece, incluso con su silencio ante las más abyectas vulneraciones de los derechos humanos, y muy especialmente de los derechos de los fieles, al poderoso régimen chino. Las posturas del Papa sobre el Cambio Climático o la inmigración masiva coinciden hasta el detalle con la de los veinte o cincuenta hombres más ricos del planeta, de Gates a Bezos, con las mayores multinacionales y con la gran banca.

Todo lo cual es perfectamente legítimo, pero pretender que esto sea “oponerse al poder” son ganas de divertirse barato. En cuanto a la “instrumentalización de la religión por grupos de poder”, les pondré un solo ejemplo, una anécdota mínima que creo, sin embargo, enormemente significativa. Cuando el político populista italiano Matteo Salvini enarboló un rosario en público, varios prelados italianos e incluso eclesiásticos americanos condenaron públicamente esa “instrumentalización de la religión”. Ahora, el actual presidente de los Estados Unidos, el ‘católico’ Joe Biden, el mismo que se proclama partidario de imponer el derecho irrestricto al aborto como ley de la tierra en su patria, enarbola el rosario a tiempo y a destiempo y menciona sus devociones a la menor ocasión. ¿Han leído algún comentario negativo de algún clérigo ‘renovador’ a esta descarada instrumentalización? No haré más preguntas, señoría.

 

 

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