Sábado, 20 Marzo 2021 11:18

Bill Gates y el neofeudalismo: una mirada más cercana a la ley agrícola (I)

Les ofrecemos la primera parte de un artículo que, por su extensa duración, iremos publicando por partes. El escrito fue escrito por Robert F. Kennedy, jr en Children’s Health Defense.

 

«Gates tiene un concepto napoleónico de sí mismo, un apetito que se deriva del poder y del éxito sin paliativos, sin ninguna experiencia dura, sin reveses». – El juez Thomas Penfield Jackson, que preside el caso de fraude antimonopolio de Gates/Microsoft

 

El confinamiento global que Bill Gates ha ayudado a orquestar y del que está muy satisfecho ha llevado a la bancarrota a más de 100.000 empresas solo en Estados Unidos, y ha arrojado a mil millones de personas a la pobreza y a la inseguridad alimentaria que, entre otros daños devastadores, mata a 10.000 niños africanos cada mes mientras la riqueza de Gates aumenta en 20 billones de dólaresSu fortuna de 133 billones de dólares le convierten en el cuarto hombre más rico del mundo.

Gates ha estado utilizando ese nuevo dinero para ampliar su poder sobre la población mundial mediante la compra de activos devaluados a precios de remate y, también, maniobrando para obtener el monopolio del control sobre la sanidad públicala privatización de las cárcelesla educación online y las comunicaciones globales mientras, al mismo tiempo, promueve las divisas digitalesla vigilancia de alta tecnologíalos sistemas de recolección de datos y la inteligencia artificial.

 

Para un hombre obsesionado con monopolizar el control, la oportunidad de dominar la producción alimentaria debe parecerle irresistible.

Según el nuevo número de The Land Report, Gates se ha convertido, a la chita callando, en el mayor propietario de tierras agrícolas de Estados Unidos. La cartera de Gates comprende ahora unos 242.000 acres de tierras de cultivo estadounidenses y casi 27.000 acres de otras tierras en Luisiana, Arkansas, Nebraska, Arizona, Florida, Washington y otros 18 estados.

Thomas Jefferson creía que, el éxito de la lucha ejemplar de Estados Unidos por derrocar el yugo del feudalismo europeo con un noble experimento de autogobierno, dependía del control perenne de las tierras de la nación por parte de decenas de miles de agricultores independientes comprometidos en la democracia.

Así que, en el mejor de los casos, la campaña de Gates para acaparar los bienes raíces agrícolas de Estados Unidos es una señal de que el feudalismo vuelve a estar de moda. Y en el peor, que su carrera adquisitiva es un presagio de algo mucho más alarmante: el control del suministro mundial de alimentos por parte de un megalómano ávido de poder con complejo de Napoleón.

Exploremos el contexto de las compras furtivas de Gates como parte de su estrategia de dominio a largo plazo sobre la agricultura y la producción de alimentos a nivel mundial.

En 1994, Gates empezó una campaña internacional de biopiratería para lograr un dominio verticalmente integrado sobre la producción agrícola mundial. Su imperio incluye ahora vastos terrenos agrícolas y cuantiosas inversiones en cultivos transgénicospatentes de semillasalimentos sintéticos, inteligencia artificial -que incluye trabajadores agrícolas robóticos- y posiciones de mando en gigantes de la alimentación como Coca-Cola, Unilever, Philip Morris (KraftGeneral Foods), Kellogg’sProcter & Gamble y Amazon (Whole Foods), y en multinacionales como Monsanto y Bayer que comercializan pesticidas químicos y fertilizantes petroquímicos.

Como es habitual, Gates coordina estas inversiones personales con subvenciones que los contribuyentes hacen a la Fundación Bill y Melinda Gates, la organización más rica y poderosa de toda la ayuda internacional, de con sus partenariados financieros con los gigantes de la agroindustrialas grandes farmacéuticas y las grandes compañías alimentarias y su control de las agencias internacionales —incluyendo algunas de su propia creación—, con un poder impresionante para crear mercados cautivos para sus productos.

 

El antiguo Secretario de Estado Henry Kissinger, protegido y socio de David Rockefeller, observó que «quien controla el suministro de alimentos controla el pueblo«. En 2006, la Fundación Bill & Melinda Gates y la Fundación Rockefeller lanzaron la Alliance for a Green Revolution in Africa (Alianza para una revolución verde en África, AGRA sus siglas en inglés) con 424 millones de dólares prometiendo doblar la productividad de los cultivos y mejorar los ingresos de treinta millones de pequeños agricultores, a la vez que se reducía la inseguridad alimentaria a la mitad, antes de 2020.

Según el típico enfoque de Gates, en el centro de cada solución de los problemas globales están la tecnología y sus socios de la industria química, farmacéutica y petrolera. Al final, la «estrategia innovadora» de Gates para la producción de alimentos consistió en imponer a los pobres agricultores africanos el fallido sistema estadounidense de agricultura basada en los OMG, los productos químicos y los combustibles fósiles.

Las prácticas agrícolas africanas han evolucionado a lo largo de 10.000 años en formas que promueven la diversidad de cultivos, la descentralización, la sostenibilidad, la propiedad privada, la autogestión y el control local de las semillas. La libertad personal inherente a estos sistemas deja que las familias campesinas tomen sus propias decisiones: son los dueños de sus tierras, los soberanos de sus destinos. La innovación continua de millones de pequeños agricultores maximiza los rendimientos sostenibles y la biodiversidad.

En su despiadada reinvención del colonialismo, Gates ha invertido 4.9 billones de dólares para desmantelar este antiguo sistema y sustituirlo por una agricultura corporativizada e industrializada de alta tecnología, por monocultivos químicamente dependientes, por una centralización extrema y un control vertical, obligando a las pequeñas explotaciones agrícolas africanas a hacer la transición a las semillas comerciales importadaslos fertilizantes a base de petróleo y los pesticidas.

Gates ha construido la infraestructura de la cadena de suministro de productos químicos y semillas y ha presionado a los gobiernos africanos para que se gasten enormes sumas de dinero en subvenciones y utilicen sanciones draconianas y un control autoritario para obligar a los agricultores a comprar sus costosas ideas y cumplir con sus dictados. Gates ha hecho que los agricultores sustituyan los tradicionales y nutritivos cultivos de subsistencia, como el sorgo, el mijo, la batata y la mandioca, por cultivos comerciales industriales de alto rendimiento, como la soja y el maíz, que benefician a los comerciantes de materias primas de la élite, pero dejan a los africanos pobres con poco para comer. Tanto la nutrición como la productividad han caído en picado. Con cada aplicación de fertilizantes petroquímicos, la tierra se ha vuelto más ácida.

 

Al igual que con la campaña de vacunación africana de Gates, no ha habido ni evaluación interna ni responsabilidad pública. El estudio de 2020 «False Promises: The Alliance for a Green Revolution in Africa (AGRA)» es el balance del esfuerzo de los 14 años de cártel de Gates. La investigación concluye que el número de africanos que sufren de hambre extrema ha aumentado un 30% en los 18 países que han sido el objetivo de Gates. La pobreza rural se ha metastatizado de forma dramática y el número de personas hambrientas en esas naciones ha aumentado a 131 millones.

Bajo el sistema de cultivo de Gates, las poblaciones rurales de África se han convertido en esclavos en su propia tierra, vasallos de un dominio tiránico hecho de aportes de alta tecnología, mecanización, horarios rígidos, condiciones onerosas, créditos y subsidios que son las características que definen la «Revolución Verde» de Bill Gates.

Las únicas entidades que se benefician del programa de Gates son sus socios corporativos internacionales y, en particular, Monsanto; de hecho, el Gates Foundation Trust compró 500.000 acciones por valor de 23 millones de dólares en 2010 (pero más tarde se deshizo de ellas debido a la presión que ejercieron diversos grupos de la sociedad civil). El propio Gates llegó a filmar anuncios de los OMG de Monsanto, promocionándolos como la «solución» al hambre en el mundo.

En un ejemplo típico de la extraña generosidad de Gates, aparentemente su fundación concedió una subvención «benéfica» de 10 millones de dólares, pagada por los contribuyentes, al gigante de la agroindustria Cargill, para que construyera sus cadenas de suministro de soja transgénica en Sudáfrica. Los africanos llaman al programa de Gates «neocolonialismo» o «colonialismo corporativo».

La iniciativa AGRA Watch de la Community Alliance for Global Justice [Alianza Comunitaria por la Justicia Global, CAGJ sus siglas en inglés], con sede en Seattle, sigue las políticas agrícolas y alimentarias de Gates. «La Fundación Gates y AGRA dicen estar «a favor de los pobres» y «del medio ambiente» pero su enfoque está estrechamente alineado con corporaciones transnacionales como Monsanto y representantes de la política exterior como USAID [Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional]. Se aprovechan de las crisis alimentaria y climática mundial para promover la agricultura industrial de alta tecnología, basada en el mercado, y generar beneficios para las empresas mientras degradan el medio ambiente y les quitan poder a los agricultores. Sus programas son una forma de filantrocapitalismo basado en la biopiratería».

 

El activismo climático de Gates (Un memorándum para mis amigos ambientalistas)

Para revestir sus planes distópicos para la humanidad con intenciones benignas, Gates se ha apropiado de la retórica de la «sostenibilidad», la «biodiversidad», la «buena administración» y el «clima». Todas estas causas son realidades sombrías que suponen amenazas existenciales para nuestros hijos y requieren una atención urgente. Sin embargo, el historial de Gates deja al descubierto que sus intenciones benévolas son máscaras de su agenda para maximizar el beneficio y el control personales.

Me resulta desconcertante que amigos míos del movimiento ecologista se hayan tragado las argucias de Gates. En mis cuarenta años como activista del clima, no he visto ninguna prueba de que Gates financie una auténtica defensa del clima; la Fundación Gates está AUSENTE en la lucha climática.

Los principales grupos climáticos, National Resource Defense Council, Environmental Defense Fund, Sierra Club, Greenpeace, Waterkeepers, etc., no reciben prácticamente nada de los mayores filántropos del mundo. Su historial de inversiones sugiere que la crisis climática, para Gates y sus compinches, no es más que una coartada para el control social intrusivo, la vigilancia a gran escala del «Gran Reinicio» y los masivos despilfarros en geoingeniería de ciencia ficción, incluyendo sus demenciales, aterradores y vanidosos proyectos que incluyen rociar la estratosfera con cloruro de calcio o agua de mar para frenar el calentamiento, o desplegar globos gigantes para saturar nuestra atmósfera con partículas reflectantes para tapar el sol, o su peligrosa táctica de liberar millones de mosquitos genéticamente modificados en el sur de Florida.

Cuando ponemos estos planes de pesadilla en contexto junto con la batería de vacunas experimentales que impone a 161 millones de niños africanos anualmente, está bastante claro que Gates nos considera a todos sus conejillos de Indias.

Gates también ha seguido el consejo de Kissinger: «Controla el petróleo y controlarás las naciones»; sus participaciones en el sector de la energía no reflejan en ningún lugar su clara antipatía por los gases de efecto invernadero. Las inversiones personales de Gates en hidrocarburos incluyen enormes participaciones en todas las grandes petroleras: Exxon, Chevron, ConocoPhillips y Shell. Es propietario de la mayor compañía privada de aviones del mundo. Su enorme compromiso con el carbón incluye gigantescas inversiones en las flotas de generación de carbón más sucias, como el Canadian National Railway y CSX Richmond, que es el mayor transportista de carbón al este del río Misisipi. Gates está apostando a lo grande por el futuro del carbón.

Los centros de recopilación, procesamiento y análisis de datos de Gates, grandes consumidores de energía, se encuentran entre las fuentes de mayor crecimiento de demanda energética del mundo. Y, por supuesto, las empresas de agricultura química/industrial de Gates son la antítesis del respeto al clima. Su maíz transgénico requiere fuertes aplicaciones de fertilizantes, pesticidas y productos agroquímicos fabricados con gas natural y otros productos derivados de los combustibles fósiles. Obliga a los africanos, en palabras de Michael Pollan, a «comer petróleo». Los agricultores africanos llaman al programa de Gates «agricultura estúpida para el clima».

Gates ha aprendido a engordar su fortuna con las crisis mundiales, ya sean pandemias, el clima, la hambruna o la extinción masiva. El cambio climático ha dado a Gates una excusa para crear monopolios sobre las semillas, los alimentos y la agricultura.

En 2008, la Fundación Bill y Melinda Gates anunció la concesión de 306 millones de dólares en subvenciones para promover la agricultura sostenible de alto rendimiento entre los pequeños agricultores del África subsahariana y el sur de Asia. Los planes de la fundación incluían la creación, mediante manipulación genética, de vacas lecheras de alta producción y resistentes a la sequía, y el desarrollo y la proliferación de supercultivos resistentes al cambio climático.

En otras palabras, el cambio climático era el disfraz para una geoingeniería dañina. Mientras tanto, las políticas agrícolas de Gates están destruyendo los sistemas climáticos de nuestro planeta, extinguiendo millones de especies, desertificando el suelo, destruyendo los sistemas hídricos y enriqueciendo al Cártel del Veneno.

Así que, un apunte para mis compañeros que lideran la lucha del medioambiente: ¡Bill Gates no es nuestro amigo! Es más: es culpa de Gates si millones de estadounidenses ven con malos ojos la reforma climática, pues ven sus pretensiones climáticas en el contexto de sus ambiciones de controlar a la humanidad y acabar con la actividad económica y la libertad personal.

Es, en gran medida, culpa de Gates que la mitad de Estados Unidos considere que el cambio climático es tanto una farsa del «Gran Reinicio» para aumentar la riqueza, como un despilfarro de la geoingeniería. Es culpa de Gates que no reconozcan el grave peligro del cambio climático. Y es la nuestra el que parezcamos deliberadamente ciegos ante el peligro que supone Bill Gates.

Gates se beneficia de toda esta confusión; la polarización del debate sobre el clima paraliza los esfuerzos de reforma, preservando así el valor de su apuesta por el carbono. ¡Todos debemos reconocer quién está realmente detrás de esa máscara verde!

 

Biopiratería

«Una nación que destruye sus tierras se destruye a sí misma». – Carta del presidente Franklin D. Roosevelt a todos los gobernadores estatales, febrero de 1937.

La larga experiencia y la investigación han demostrado que la agroecología basada en la biodiversidad, la libertad de las semillas y la libertad alimentaria es esencial, no solo para las libertades civiles y la democracia, sino para el futuro de la alimentación y la agricultura.

Durante miles de años, la innovación de los agricultores y la biodiversidad han evolucionado juntas para crear las prácticas más eficientes para la producción sostenible de alimentos y la biodiversidad. El trascendental estudio de 2009 de las Naciones Unidas realizado por el International Assessment of Agricultural Knowledge, Science and Technology for Development [Evaluación Internacional del Conocimiento, la Ciencia y la Tecnología Agrícolas para el Desarrollo, IAASTD sus siglas en inglés] documenta las pruebas incontrovertibles que demuestran el abyecto fracaso de la «Revolución Verde» de Gates/Rockefeller para mejorar la agricultura tradicional.

El IAASTD desplegó un equipo de 900 científicos, agrónomos e investigadores de primera línea para estudiar la cuestión del hambre en el mundo. Su exhaustivo y definitivo informe demostró que los cultivos transgénicos no son la respuesta a la escasez de alimentos ni a la pobreza rural. Ese informe concluye, de manera definitiva, que ni la Revolución Verde de Gates ni sus OMG pueden alimentar al mundo y, al mismo tiempo, proteger el planeta.

El análisis exhaustivo del IAASTD demuestra que la Revolución Verde que la Fundación Rockefeller puso en marcha en la India y Méjico en la década de los 60 fue una catástrofe; el rastro químico dejado por los monocultivos ha socavado la capacidad de la tierra para sustentar la vida y la producción de alimentos al destruir la biodiversidad, el terreno y el agua, además de contribuir al cambio climático.

Las políticas de la Revolución Verde subvierten la seguridad alimentaria y nutricional y, además, empobrecen a los pequeños agricultores al obligarles a endeudarse para obtener productos externos. El IAASTD y otros muchos estudios demuestran que la soberanía de las semillas, la soberanía alimentaria y la soberanía del conocimiento son el único futuro viable para la alimentación y la agricultura. Las Naciones Unidas y los principales científicos agrícolas del mundo han admitido que los OGM no pueden combatir el hambre con la misma eficacia que la agricultura tradicional.

Bill Gates ha optado por ignorar esta realidad y ha descartado las pruebas basadas en la ciencia en aras de su fe mesiánica de que Dios le ha ordenado salvar al mundo con la tecnología. Según el doctor Gates, la buena salud solo viene en una jeringa (es el mayor productor de vacunas del mundo).

Asimismo, la ley agrícola predica que la buena comida solo proviene de los monocultivos, los pesticidas y fertilizantes químicos, los cultivos transgénicos y las semillas patentadas que, casualmente, él posee. En la construcción de su imperio agrícola, Gates se ha mostrado siempre dispuesto a ignorar las voces de los científicos y los agricultores, y a pisotear las leyes, los tratados, las tradiciones, los derechos civiles, la ciencia y las sensibilidades.

 

Robando semillas

Desde el inicio de la Revolución Neolítica, hace unos 10.000 años, los agricultores y las comunidades han trabajado para mejorar el rendimiento, el sabor, la nutrición, las cualidades robustas de las semillas que potencian los atributos peculiares de crecimiento, medicinales y nutricionales, como también la resistencia genética que permite a ciertas semillas prosperar en condiciones particulares de suelo y agua, o a resistir a los depredadores.

Esta genética vigorosa e ingeniosa es el producto de una colaboración milagrosa entre el ser humano, la naturaleza y su Creador durante las mil generaciones de intensa innovación agrícola de la humanidad. El libre intercambio de conocimientos y semillas entre los agricultores ha sido la base para mantener la biodiversidad y la seguridad alimentaria.

Desde 1979, bajo los auspicios del Banco Mundial, un consorcio de centros de investigación agrícola conocido como Consultative Group on International Agricultural Research [Grupo consultivo para la investigación agrícola internacional, CGIAR sus siglas en inglés) ha estado recogiendo estas semillas de primera calidad de pequeños agricultores de todo el mundo y preservándolas en quince bancos de semillas públicos independientes ubicados en diferentes países. La idea era archivar un inventario completo de las reservas de semillas heredadas en beneficio de toda la humanidad, con el fin de preservar la diversidad de los cultivos durante milenios.

En los últimos 17 años, Gates ha maniobrado con éxito para hacerse con el control de esa recopilación, que comprende 768.578 semillas, y monopolizar el control sobre los principales inventarios de semillas del mundo.

En 2003, en coordinación con la Fundación Rockefeller, la Fundación Bill y Melinda Gates inyectó 720 millones de dólares en el proyecto del Banco de Semillas del CGIAR. Como mayor financiador del CGIAR, Gates utilizó su influencia financiera para forzar la fusión de los quince centros legalmente independientes del CGIAR en una sola entidad legal, una siniestra iniciativa que él llama «Gates Ag One«. A continuación pasó a orquestar la transferencia de la investigación y las semillas, de las instituciones de investigación científica a corporaciones de productos básicos como Bayer y Cargill, de las que es socio. De este modo, asalta, saquea y privatiza las reservas de semillas más prometedoras de los agricultores autóctonos de todo el mundo.

El director de Gates Ag One, Joe Cornelius, es un antiguo ejecutivo de Bayer Crop Science. Antes de eso, fue director de Desarrollo Internacional de Monsanto. Trabajando con Cornelius, Gates ha perfeccionado las técnicas de las que Monsanto fue pionera en la década de los 80, cuando lideró el impulso de la propagación de los OGM y de las patentes de semillas. Gates se ha convertido en el comandante general de la guerra pirata del Big Data para saquear y monopolizar los datos genómicos comunes de millones de plantas criadas por los campesinos durante milenios.

Gates también financia Diversity Seek (DivSeek), un proyecto global que puso en marcha en 2015 para mapear los genomas y las secuencias genómicas de las reservas de semillas de los agricultores guardadas en los bancos de semillas. DivSeek y Gates Ag One, sus puntas de lanzas, «explotan» los datos de las semillas para «suprimir» al pueblo. En otras palabras, para acabar con los derechos de propiedad del público.

Utilizando la inteligencia artificial (IA) y las tecnologías digitales, los subalternos de Gates en DivSeek y Gates Ag One escanean estas semillas y clasifican sus datos genéticos para mapear, patentar y robar el patrimonio mundial de semillas de la humanidad. Gates reafirma su argumento de las patentes utilizando la tecnología CRISPR para editar selectivamente los genomas de las semillas heredadas y, así, realiza los cambios suficientes para resistir los desafíos de las patentes.

El principal objetivo de Gates es cultivar variedades de la Revolución Verde diseñadas para responder a los productos químicos producidos por los socios del «cártel del veneno» de Gates: Monsanto, Bayer, Dow/DuPont, CropLife, BASF, Syngenta, Corteva, etc. En resumen, Gates despoja deliberadamente a la semilla de su integridad y diversidad, borrando su historial evolutivo y sus vínculos con la tierra, para reducirla a un simple «código». De este modo, Gates captura la diversidad genética de nuestro planeta, la reescribe, patenta su código, roba las semillas a la humanidad y las casa con los conglomerados químicos.

Al centralizar los bancos de semillas y manipular las leyes de propiedad intelectual, Gates ha lanzado una campaña de «colonialismo genético» para despojar a los campesinos y agricultores indígenas del mundo de las semillas y los conocimientos que tanto les ha costado conseguir.

«El objetivo de Gates Ag One es hacerse con el control de la diversidad genética de este planeta», me dijo la Dra. Vandana Shiva, activista por la libertad agrícola. Según Shiva, Gates «sigue subvirtiendo y saboteando tanto la soberanía de las semillas de los agricultores como la de los países. «Gates Ag One» es una clara declaración de su intención de crear un imperio sobre la vida y la biodiversidad, los alimentos y la agricultura, y nuestro sustento». En este proceso, dice Shiva, «Gates está financiando experimentos infernales al estilo Frankenstein que profanan la creación de Dios».

Los ciudadanos, los gobiernos y las organizaciones agrarias han redactado muchas leyes y los gobiernos han adoptado tratados internacionales sobre la protección de la biodiversidad, como el Convenio sobre la Diversidad Biológica (CDB) y el Protocolo de Cartagena sobre Seguridad de la Biotecnología del CDB. Utilizando el engaño a los funcionarios gubernamentales, la manipulación de la ley de propiedad intelectual y la reescritura de las regulaciones sobre semillas, Gates ha sido capaz de eludir o pisotear estos estatutos y tratados, y de evadir las estructuras de gobernanza multilateral que los gobiernos pusieron en marcha para evitar que las corporaciones globales secuestren la biodiversidad del planeta y el patrimonio de semillas de los campesinos y los agricultores.

 

Organismos genéticamente modificados (OMG)

La fe ciega de Gates en la tecnología como solución para todos los males humanos, desde la inseguridad alimentaria y las enfermedades hasta la salud climática, explica su obsesiva promoción de los OMG. La ferviente idolatría de Gates por los OGM y las tecnologías de edición genética le ciegan ante la miríada de pruebas científicas revisadas por sus pares y las advertencias de agrónomos, nutricionistas, toxicólogos y otros científicos que cuestionan su seguridad.

Las vacunas y los medicamentos transgénicos son los pilares de su empresa de salud pública, y Gates financia la investigación, el desarrollo y la proliferación de los transgénicos como la solución a todos los problemas agrícolas. Financió, por ejemplo, a Emmanuelle Charpentier y Jennifer Doudna, las dos químicas del CRISPR que ganaron el premio Nobel en 2020 por sus investigaciones en edición genética.

Gates fue también uno de los mayores accionistas de Monsanto, el promotor más agresivo del mundo de los OGM y los pesticidas. La misión central de Gates Ag One es hacer frente a, prácticamente todas, las evaluaciones científicas y de seguridad independientes en una carrera ciega para imponer a la humanidad los OMG no probados, las semillas patentadas, los alimentos sintéticos y los medicamentos experimentales de Gates.

Cabría esperar que su participación en Monsanto y sus asociaciones con empresas de alimentos procesados, productos químicos y petróleo desacreditaran las pretensiones de Gates como defensor de la salud pública. Pero las enormes inversiones de Gates en la prensa (un ensayo de la revista Nation de marzo de 2020 revela que la Fundación Gates, mediante subvenciones por una suma de 250 millones de dólares, se ha asegurado que Gates tenga coberturas favorables en medios de comunicación como NBC/Universal, BBC, NPR, The Guardian, Le Monde, Al Jazeera y otros para «influir en las noticias») le han salvado del escrutinio y el escepticismo que los medios de comunicación han aplicado históricamente a los planes de especulación diabólica y la hipocresía de los multimillonarios locos por el poder.

El dinero habla, y los billones que Gates y sus aliados farmacéuticos invierten anualmente en el periodismo público y comercial han convertido a Gates en el favorito de los medios de comunicación. Utiliza sus «giras satelitales» quincenales por los principales programas de noticias de la televisión por cable y las cadenas de televisión, en las que exhibe su fascinante poder e impone preguntas facilonas a los obsequiosos presentadores (con la excepción de Norah O’Donnell), entre los que se encuentran Anderson Cooper (CNN), David Muir (ABC), Ari Melber (MSNBC) y Chuck Todd (NBC), que reciben agradecidos sus arrogantes pronósticos sobre temas que van desde la salud pública hasta la economía y la política agrícola.

 

Evadir la regulación gubernamental

La riqueza y el poder de Gates también le permiten eludir los esfuerzos de los gobiernos por regular la proliferación de los OMG. En 2011, cuando la India introdujo una moratoria sobre los cultivos de algodón Bt y cultivos Roundup Ready, modificados genéticamente por Gates, este trasladó sus operaciones a Bangladesh. Cuando el Tribunal Europeo de Justicia dictaminó que los OMG debían estar fuertemente regulados para proteger la salud pública, Gates lanzó una campaña de presión para su desregulación en toda la comunidad europea.

Actualmente, Gates está desplegando sus billones para orquestar ataques contra las leyes sobre los OGM y la edición genética en muchos de los países que han impuesto normas de seguridad. Cuando los científicos y los reguladores alegan que el tiempo es esencial para evaluar con precisión la seguridad de la edición genética y de los OGM, Gates declara que «¡El tiempo es el enemigo!».

En 2017, un grupo alemán de derechos humanos, Heinrich Böll Stiftung (HBS), publicó pruebas de una campaña secreta llevada a cabo por Gates para evadir las restricciones impuestas democráticamente a sus experimentos de manipulación genética de alto riesgo. La HBS hizo públicos más de 1.200 correos electrónicos que el grupo obtuvo al amparo de las leyes de libertad de información de Estados Unidos. Esos documentos muestran que la Fundación Bill y Melinda Gates contrató a un turbio grupo de espionaje y propaganda de la agroindustria y la biotecnología para montar un ataque de espionaje encubierto destinado a corromper a los funcionarios de las Naciones Unidas y sabotear los esfuerzos internacionales para prohibir una nueva y diabólica tecnología llamada «genética dirigida».

La genética dirigida está a la vanguardia de la ingeniería genética, la biología sintética y la edición genética. Es la herramienta elegida por los eugenistas y por quienes pretenden construir el «futuro transhumano» tecnocrático que defienden Gates y sus compinches de Silicon Valley.

Los científicos utilizan la tecnología CRISPR de edición genética en los cromosomas de un organismo y reprograman su ADN para, así, desactivar las reglas normales de la herencia genética e «impulsar» el rasgo introducido artificialmente en toda una población y propagarlo a las generaciones futuras. Su capacidad para alterar permanentemente el genoma de toda una especie convierte a la genética dirigida en el instrumento biológico de mayor poder.

La tecnología de edición genética podría facilitar los planes de Gates para crear y patentar especies nuevas y mejoradas de plantas y animales, o para exterminar especies que desaprueba. Uno de sus objetivos es utilizar la edición genética para introducir «genes suicidas» con el fin de erradicar especies enteras de mosquitos que propagan el zika o la malaria, un objetivo del proyecto Target Malaria, en el que la Fundación Gates ha invertido 40 millones de dólares. El Dr. Anthony Fauci, protegido y socio de Gates desde hace mucho tiempo, y entusiasta defensor de la genética dirigida, dijo a StatNews: «Deshacerse de ellos sería una bendición».

Los críticos sostienen que la genética dirigida plantea un riego para la seguridad biotecnológica experimental para la humanidad debido a su capacidad de cambiar o eliminar especies enteras y alterar catastróficamente los ecosistemas. Es, además, el arma biológica definitiva; las mentes más satánicas de diversas agencias militares y de inteligencia codician la genética dirigida para crear supersoldados o acuñar «genes del apocalipsis». Los críticos temen que algún día las naciones puedan utilizar «genes genocidas» para erradicar ciertas razas o rasgos indeseables.

Los Archivos de Genética Dirigida de HBS exponen el papel principal del ejército estadounidense en el desarrollo de la tecnología de la genética dirigida. La Defense Advanced Research Projects Agency [Agencia de Proyectos de Investigación Avanzada de Defensa de Estados Unidos, DARPA sus siglas en inglés] de Estados Unidos ha gastado aproximadamente 100 millones de dólares en la investigación de la genética dirigida. Los otros principales inversores en genética dirigida son los Institutos Nacionales de Salud [NIH sus siglas en inglés] del Dr. Fauci y la Fundación Bill y Melinda Gates, que ha invertido 75 millones de dólares en la investigación de genes suicidas y genes antifertilidad.

En la Convención de las Naciones Unidas sobre Diversidad Biológica (COP 13) de 2016, celebrada en Cancún, 179 organizaciones internacionales, entre ellas la Fundación Heinrich Böll, votaron a favor de que la ONU imponga una moratoria mundial a la genética dirigida. Los opositores a esta tecnología también difundieron una carta: «Un llamamiento a la conservación con conciencia: no hay lugar para la genética dirigida en la conservación». A los ecologistas les preocupan las consecuencias no deseadas si los genes suicidas o de extinción saltan a otras especies.

Los correos electrónicos sobre genética dirigida revelan que, como reacción a la resolución de la COP 13, la Fundación Gates contrató a «Emerging Ag», una empresa de espionaje sospechosamente vinculada a las grandes farmacéuticas y los gigantes de la agroindustria, para sabotear y silenciar la variada, pero unida, coalición internacional que se opone a la genética dirigida.

La Fundación Gates dio a Emerging Ag 1,6 millones de dólares para «reclutar una coalición encubierta de académicos con el objetivo de manipular el proceso de toma de decisiones de la ONU sobre la genética dirigida». Los correos electrónicos revelan que la campaña de Gates formaba parte del plan del multimillonario para «contraatacar a los defensores de la moratoria de la genética dirigida». Emerging Ag movilizó en secreto a unos 65 supuestos «científicos independientes» a sueldo – «biostitutos», en la jerga de la industria-, además de a funcionarios públicos, para que participaran en un encuentro online de expertos llamado el Foro en Línea del CDB de la ONU sobre Biología Sintética. Un alto ejecutivo de la Fundación Gates proporcionó a estos operativos corruptos instrucciones diarias sobre cómo sabotear las regulaciones, socavar la ciencia, desacreditar a los defensores, corromper el proceso y subvertir la democracia.

A fin de apoyar su campaña, Gates financió un informe de 2016 de la Academia Nacional de Ciencias [NAS sus siglas en inglés] de Estados Unidos que avalaba la genética dirigida. La DARPA cofinanció el informe con la Fundación Gates. Como señaló The Guardian tras la publicación del informe de la NAS: «La misma agencia de investigación de defensa de los Estados Unidos (DARPA), que pagó el estudio de la NAS, ha dado a conocer que está apostando por la genética dirigida y el desarrollo de organismos sintéticos «robustos». Hay buenas razones para estar preocupados».

Como observó Jim Thomas, del Grupo ETC: «El hecho de que el desarrollo de la genética dirigida esté siendo financiado y estructurado principalmente por el ejército estadounidense plantea cuestiones alarmantes sobre todo este campo».

En apoyo de su campaña coordinada con Emerging Ag, la Fundación Gates manipuló a tres miembros, que estaban bajo el control de Gates, del comité de expertos de la ONU conocido como AHTEG (Ad Hoc Technical Expert Group; Grupo Especial de Expertos Técnicos) sobre biología sintética. Gates y Emerging Ag tuvieron éxito y la ONU rechazó la moratoria.

El papel de la Fundación Gates, expuesto por los archivos Gene Drives [genética dirigida], en subvertir la campaña que el movimiento medioambiental ha llevado a cabo contra esta peligrosa tecnología, confirma que Gates y su fundación son un cártel de delincuentes que desprecian los procedimientos, la democracia, la ciencia, la ley, la opinión pública, la salud pública y la seguridad de la humanidad.

 

Mañana, la segunda parte.

 

 

Infovaticana.com