Viernes, 25 Junio 2021 13:03

Hay más de 15 millones de desplazados y la mayoría son perseguidos por su fe, dice ACN

La fundación pontificia Ayuda a la Iglesia Necesitada (ACN) alertó que hay más de 15 millones de personas desplazadas en el mundo, cuya mayoría vive en África y sufre una cada vez mayor persecución religiosa a manos de extremistas islámicos.

En un reciente comunicado, la fundación señaló que “más de 15 millones de personas se encuentran desplazadas” y que según su Informe de Libertad Religiosa en el Mundo publicado en abril de 2021, la mayoría procede de “12 países africanos”, identificados “como objeto de una persecución religiosa de grave a extrema”.

 

En declaraciones a ACN, el presidente del Comité Editorial del Informe de Libertad Religiosa, Mark von Riedemann, precisó que “grupos religiosos de 26 países del mundo sufren niveles de persecución entre serios y extremos, y casi el 50% de ellos -12 países- pertenecen a África”.

 

“Las consecuencias sociales, económicas, políticas y religiosas de este desplazamiento para África y para la comunidad internacional son considerables, y si no se toman medidas, lo peor está por llegar”, subrayó.

 

Destacó que si bien los desplazamientos se deben a muchos factores, es muy preocupante el gran “crecimiento de los grupos yihadistas locales y transnacionales, que persiguen sistemáticamente a todos aquellos -musulmanes y cristianos- que no aceptan su ideología islamista extrema”.

 

Explicó que los yihadistas son en muchos casos “mercenarios” o combatientes de la zona que persiguen intereses locales y que al ser “incitados por predicadores extremistas y armados por grupos terroristas transnacionales, comienzan a atacar” a la población.

 

Ellos atacan a “las autoridades estatales, al ejército y a la policía, así como a los civiles, incluidos los líderes de las aldeas, los maestros -que son amenazados por el plan de estudios laico- y los musulmanes moderados y cristianos”, dijo.

 

Señaló que la violencia es “inimaginable” y que es cada vez más “preocupante” la ferocidad de los constantes ataques y el aumento en “escala, alcance y complejidad” de la inseguridad en el continente, que obliga a poblaciones enteras a huir y convertirse en desplazados internos o refugiados en países vecinos.

 

Por ejemplo, en abril de 2020, “52 hombres [murieron] tras negarse a engrosar las filas de los yihadistas” en la provincia de Cabo Delgado, al norte de Mozambique; y a inicios de noviembre, 15 niños varones y cinco adultos “fueron decapitados con machetes por militantes islamistas durante un rito de iniciación para adolescentes”.

 

Riedemann dijo que según un informe del Centro de Estudios Estratégicos de África (ACSS) de enero de este año, en 2020 la violencia de grupos islámicos aumentó en un 43% en África; y que “los casi 5 mil sucesos denunciados […] representan un nivel de violencia sin precedentes”.

 

Solo en Cabo Delgado, los casos de violencia por extremistas islamistas “aumentaron un 129%” el año pasado, “y más de dos tercios de los ataques se dirigieron contra civiles”, dijo. “Según la Organización Internacional para las Migraciones, hay más de 730 mil desplazados internos en las provincias de Cabo Delgado, Niassa, Nampula, Zambezia y Sofala”, agregó.

 

Para Riedemann, la consecuencia más grave e inmediata de este problema es “la hambruna”. Dijo que “según la ONU, el 30,5% de la economía del África Occidental es agrícola, y constituye la mayor fuente de ingresos y medios de sustento para el 70-80% de la población”, y precisó que la mayoría de los desplazados internos “son campesinos” de comunidades rurales que fueron “expulsados de sus tierras por los ataques de militantes islámicos y grupos terroristas”.

 

Dijo que “el impacto de la violencia no se limita a la destrucción de infraestructuras, la pérdida de ganado y el desplazamiento de los agricultores de sus tierras”, pues la consecuente “inseguridad les impide regresar para la cosecha. Esto, combinado con el aumento de los precios de los alimentos a causa de la pandemia del coronavirus, hace presagiar una futura hambruna”.

 

“Según el Centro de Estudios Estratégicos de África, solo en Malí y Burkina Faso la violencia extremista ya ha provocado una inseguridad alimentaria que afecta a más de tres millones de personas”, dijo.

 

Precisó que según la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA), el peor caso está en la República Democrática del Congo, donde hay “22 millones de personas en situación de inseguridad alimentaria aguda, la cifra más alta del mundo”.

 

Burkina Faso sufre “la crisis de desplazados de más rápido crecimiento del mundo”, pues a causa de la violencia “en solo 2 años, más de un millón de personas” tuvieron que abandonar sus hogares y, “entre enero de 2020 y enero de 2021, las personas que necesitan ayuda humanitaria aumentaron hasta los 3,5 millones, lo que supone un incremento del 60% en un año”.

 

Riedemann advirtió que si el problema no se controla, “el ciclo de violencia, desplazamiento y hambruna seguirá degradándose”, y esto provocará “consecuencias a largo plazo como declive económico, inestabilidad política, profundas fisuras entre las comunidades étnicas”

 

Subrayó que al final ocurrirá la “destrucción del pluralismo religioso tradicional”, algo que es “especialmente grave en áreas donde musulmanes y cristianos han convivido hasta ahora en paz”.  

 

Al respecto, explicó que “aunque musulmanes y cristianos sean igualmente víctimas de la violencia extremista, con la creciente radicalización islamista, los cristianos tienden a convertirse cada vez más en un objetivo específico de los terroristas”, lo que elimina “el pluralismo característico y religioso y la armonía de la región”.

 

Además, dijo que la crisis se prolongará pues los jóvenes, “frustrados por la pobreza absoluta” y “vulnerables al reclutamiento extremista, seguirán sintiéndose atraídos por el atractivo de la riqueza y el poder”.

 

Finalmente, dijo que “la combinación de estos factores forzará a la comunidad internacional a reaccionar, sobre todo por propio interés” ante “la creciente migración dentro de África y también hacia fuera de África. Esperamos que, a esta altura, no sea demasiado tarde para que las poblaciones locales recuperen una paz duradera”.

 

ACN al servicio de los migrantes y refugiados

La fundación pontificia Ayuda a la Iglesia Necesitada (ACN) dijo que en 2020 se financiaron más de 25 proyectos para atender las necesidades básicas materiales y espirituales de los refugiados y desplazados internos del mundo, “sobre todo África y Oriente Medio”.

 

Recordó que como “África subsahariana acoge a más del 26% de la población refugiada del mundo”, los proyectos se centraron sobre todo en Burkina Faso y Mozambique.

 

Dijo que “Burkina Faso la mayoría de los ataques se producen en el norte y en la zona del Sahel” y que muchas iglesias como la parroquia de Linonghin de la Diócesis de Ouagadougou ayudan a los refugiados. Gracias a ACN, “la parroquia cuenta con alimentos e instalaciones sanitarias que brinda a “las familias desplazadas que buscan refugio” allí.

 

Dijeron que la zona “más afectada” del país está en la Diócesis de Dori, en el norte de Burkina Faso, donde la violencia terrorista obligó al cierre de varias parroquias. En ese lugar, ACN apoya constantemente “a las familias de los catequistas que tuvieron que huir, con el pago de sus estudios escolares, y atención en salud”.

 

En Mozambique, ACN brindó “materiales para la construcción de 60 casas para las familias refugiadas y dos centros comunitarios”, en la “Diócesis de Pemba, que brinda atención pastoral y apoyo psicosocial a los refugiados de Cabo Delgado”. Además, donó “varios autos para los misioneros que asisten a los refugiados” y apoyará en el “acompañamiento psicosocial del creciente número de desplazados que encuentran refugio” en las diócesis aledañas.

 

En Tanzania, la fundación también ayudó a la Diócesis de Kigoma en la compra de un vehículo para el trabajo pastoral en los campos de refugiados de Nduta y Mtendeli; en Uganda, ACN apoya un programa de refugiados del sur de Sudán en el campo de Bidibidi, en Katikamu; y en Sudáfrica, la fundación apoya el Centro Pastoral de Refugiados de la Congregación del Espíritu Santo, en la Diócesis de Durban, que “proporciona alojamiento, comida y asistencia pastoral” a refugiados.

 

En Oriente Medio, la fundación dijo que ayuda a Siria, donde la mayoría son desplazados internos o refugiados a causa de la guerra. En Alepo y Damasco ayudan a las familias cristianas locales y refugiados con el pago de alquileres y asistencia médica, etc.

 

ACN dijo que también apoya al Líbano, que en los últimos años ha refugiado a 1,5 millones de sirios, pero que ahora el gobierno “ya no es capaz de mantenerlos” por la crisis política y económica.

 

La fundación apoya proyectos educativos y de asistencia humanitaria de la Diócesis de Zahle, dirigidos a los sirios refugiados; y brinda “bonos y ayudas de subsistencia” a los libaneses, que “se ven igualmente afectados por la pobreza y las dificultades económicas” pues “la pandemia y la destructiva explosión del puerto de Beirut” agravaron la crisis económica.

 

 

Aciprensa.com