Sábado, 26 Junio 2021 09:46

Draghi responde al Vaticano: “Italia es un Estado laico”

De las reacciones a la protesta -tímida e informal- del Vaticano contra la liberticida Ley Zan, quizá la más importante sea la del primer ministro italiano, Mario Draghi, alegando que Italia es un país laico. Pero, ¿lo es?

El primer ministro italiano, Mario Draghi, recordó ayer en una intervención ante el Senado de su país, que Italia “es un Estado laico, no confesional”, en respuesta oblicua, pero evidente, a la protesta vertida por la Santa Sede contra ciertos puntos de la ley contra la homofobia y la transfobia ahora en el Senado, conocida como Ley Zan.

 

Se impone la pregunta: ¿es realmente Italia un Estado laico? ¿Lo es alguno de los estados occidentales? En teoría, la laicidad postula que el poder político debe ser exquisitamente neutral ante las cosmovisiones, creencias y formas de culto que puedan tener los ciudadanos. Esto es estrictamente imposible, pero concedamos por un momento que sea bueno aproximarse a ese ideal.

 

Italia, como todo Occidente, es cristiana en origen y cultura. Por eso, la reacción refleja de cualquiera que haga referencia al carácter laico del Estado tiende a referirse a que no es confesionalmente cristiano. Pero eso no es ni de lejos lo mismo.

 

Les invito a un experimento: imaginen a un extraterrestre, o a un tipo que salga de un coma de siglos, aterrizando de golpe anoche en Bruselas y viendo la magnífica Grande Place totalmente iluminada con los colores del arcoiris (salvo el azul Inmaculada). Suponga que entra en redes sociales y ve el logo de todas las instituciones políticas y todas las grandes empresas y fundaciones adornados con el mismo motivo multicolor. Véanle ahora pasando ante las legaciones y embajadas nacionales y observando cómo en muchas, junto a la bandera del país, se despliega esta omnipresente bandera. ¿No sería lo más normal del mundo que dedujera que está ante un símbolo reverenciado por toda esa sociedad, por la marca de un culto de obligado cumplimiento?

 

Ursula von der Layen, la presidente de la todopoderosa Comisión Europea que no ha necesitado los votos de ningún electorado para llegar a ese puesto, ha tuiteado sobre la legislación húngara que prohíbe la propaganda LGTBI dirigida a menores de edad: “Esta ley húngara es una vergüenza. Discrimina a la gente por su orientación sexual y va contra los valores fundamentales de la UE. No transigiremos. Usaré todos los poderes legales de la @EU_Commission para asegurar que se garantizan los derechos de todos los ciudadanos de la UE”.

 

Es decir, uno de los valores fundamentales de la UE consiste en adoctrinar a los niños sobre las bondades del sexo homosexual. Porque la ley no coarta en absoluto la libertad de los homosexuales para hacer de su capa un sayo y vivir como les apetezca. Lo que dice es esto: “La pornografía y el contenido que retrata la sexualidad para sus propios fines o que promueve la desviación de la identidad de género, el cambio de sexo y la homosexualidad no pueden estar disponibles para personas menores de 18 años”.

 

¿No puede un país soberano legislar eso? ¿Ni con menores? Y, ¿es tan grave como para que la presidente de la Comisión salga al paso, recurra a redes sociales y amenace al país en cuestión? ¿Hay o no razones para concluir que estamos ante un nuevo culto, con sus dogmas, sus herejes y sus anatemas? Mario, ¿de qué laicismo me estás hablando?

 

 

Infovaticana.com