Miércoles, 15 Septiembre 2021 11:09

Escuela católica celebra a su primera estudiante graduada con Síndrome de Down

A inicios de este año, Abigail Agudelo, conocida por sus amigos como “Abby”, se convirtió en la primera estudiante con Síndrome de Down en graduarse del Colegio San Agustín de Andover, Massachusetts (Estados Unidos).

La madre de Abby, Wendy Agudelo, dijo en agosto a CNA -agencia en inglés del Grupo ACI-, que siempre quiso que todos sus hijos estudien en colegios católicos debido a su fe, y esperaba que Abby sea incluida totalmente desde el inicio.

 

Pero la experiencia que su hija vivió en el preescolar la hizo dudar de que fuera posible que reciba una educación católica e inclusiva a la vez. “Notamos una división entre lo que queríamos para Abigail y lo que la escuela sintió que debería recibir dado su diagnóstico”, dijo.

 

Paula O’Dea, exdirectora y actual responsable de admisiones del colegio San Agustín, explicó a CNA que cuando Abby estaba en la escuela pública, recibía clases en un aula separada del resto de alumnos, con un maestro de educación especial y con sus padres observándola desde una esquina, “sin ser realmente incluida en nada”.

 

La madre de Abby dijo que tras una larga búsqueda de escuelas para Abby, y luego de entrevistarse con O’Dea y el párroco, el P. Peter Gori, decidió que el colegio San Agustín se adaptaría a las necesidades de su hija.

 

El sacerdote dijo a CNA que “cuando Abby y sus maravillosos padres nos preguntaron por primera vez sobre la inscripción en el colegio San Agustín, la directora y yo estábamos preocupados de que no tuviéramos disponible todo lo que Abby necesitaría para una experiencia exitosa”. Sin embargo, “nosotros y los padres de Abby acordamos que haríamos la prueba, y que no habría resentimientos si las cosas no salían bien”, agregó.

 

Para el P. Gori los padres de Abby tenían “razón desde el principio” al creer que Abby prosperaría en el colegio. “Recibimos de ella tanto o más de lo que ella recibió de nosotros”, dijo.

“Fue un placer y una bendición tener todos los días y todos los años a Abby en el colegio San Agustín”, añadió.

 

La señora Agudelo dijo que, de acuerdo a su experiencia, “no todas las escuelas parroquiales, o administradores” tienen los recursos o “están interesadas en este camino”.

 

Además, señaló que la decisión de incluir “viene con un conjunto de desafíos, pero trae una gran recompensa” y “el mayor retorno de la inversión”.

 

O’Dea aseguró que el colegio San Agustín fue la única escuela primaria de la Arquidiócesis de Boston que aceptó a un estudiante con Síndrome de Down. Gracias a eso, señaló, ahora pueden ofrecer a más familias con hijos con este síndrome una verdadera educación inclusiva.

 

“Hace nueve años no teníamos ningún maestro con una certificación en discapacidad moderada”, dijo. “Ahora, tenemos muchos maestros con esa [certificación] como su segundo título, y tendremos dos maestros de educación especial de tiempo completo”, agregó.

 

O’Dea relató que cuando Abby llegó por primera vez, el colegio San Agustín decidió que para vivir adecuadamente su misión católica necesitaba encontrar formas de apoyar a cualquier estudiante que quisiera asistir. Fue así que se asoció con el Merrimack College y contrató a un estudiante de discapacidades moderadas como maestro subsidiado a tiempo completo, para apoyar en la formación de Abby.

 

La entonces directora del colegio dijo que la decisión fue un éxito, y que la asociación continúa hasta hoy. Fue “una inversión muy pequeña desde el punto de vista financiero para que podamos tener un resultado tan bueno al final”, dijo, y lo recomendó como una alternativa a la contratación de un maestro de educación especial de tiempo completo.

 

Por su parte, el superintendente de escuelas de la Arquidiócesis de Boston, Thomas Carroll, dijo a CNA que “el logro de Abby es muy impresionante”. Sin embargo, destacó, “el mayor impacto es el efecto que tuvo en toda la comunidad escolar. Todos tuvieron la suerte de tenerla como compañera de clase o estudiante”.

 

Los padres de Abby recordaron que siempre estuvieron “hombro con hombro” con la administración y el personal del colegio durante la escolarización de su hija. Además, animaron a los maestros de todos los niveles a adquirir un mayor desarrollo y experiencia profesional en educación especial, a través de conferencias y talleres locales.

 

También, a la vez que trabajaban a tiempo completo, ambos fueron voluntarios en el jardín de infantes y el comedor del San Agustín.

 

Además, apoyaron en numerosas excursiones y ayudaron a organizar eventos y recaudaciones de fondos para el colegio parroquial.

 

Para la madre de Abby, asociarse y colaborar con la escuela “en cada paso del camino” dio resultados asombrosos. “En mi opinión, no se trata tanto de los recursos disponibles como de la voluntad de iniciar con un: ‘Sí’ y trabajar juntos hacia un objetivo compartido”, dijo.

 

Ella señaló que gracias a la experiencia de su hija “otras familias que desean una educación escolar católica para todos sus hijos, incluidos los que tienen un miembro de la familia con necesidades especiales, ahora ven la educación escolar parroquial como oportunidad”, pues “otras escuelas parroquiales en Massachusetts se están esforzando por hacer lo mismo hoy”.

 

“No estamos solos y creemos que cuanto más conozcan las familias, más armadas de oportunidades estarán”, aseguró. “Somos muy, muy afortunados de haber encontrado tan buenos socios académicos para nuestros hijos, que súmale un poco de fe seria y una pizca de compasión, y ¡nada es imposible!”, concluyó.

 

 

Aciprensa.com