Domingo, 19 Septiembre 2021 14:59

Hoy celebramos a San Genaro, el santo de la “licuefacción de la sangre”

Cada 19 de septiembre la Iglesia católica celebra la fiesta de San Genaro, mártir (Nápoles, 21 de abril de 272 - Pozzuoli, 19 de septiembre de 305), cuya sangre, preservada por siglos en un relicario, se licua todos los años en determinadas fechas.

San Genaro (o “Jenaro”) es el patrón por antonomasia de la ciudad italiana de Nápoles, lugar donde nació. Se sabe que fue obispo de Benevento (municipio en Campania, a unas horas de Nápoles). Durante la persecución organizada por el emperador romano Diocleciano, Genaro fue hecho prisionero junto a un grupo de compañeros cristianos, y luego sometido a terribles torturas.

 

San Genaro y sus amigos se negaron a renegar de la fe a pesar de los maltratos, razón por la que serían condenados a muerte. Primero, se les intentó quemar vivos en el horno; después, se les arrojó a las fieras -los leones sólo rugieron y no se les acercaron-; por lo que en ambos casos todos salieron ilesos. Entonces, se decidió que fueran decapitados cerca de Pozzuoli. Allí, el obispo y sus acompañantes fueron ajusticiados y sus restos enterrados (c.305).

 

A lo largo de varios siglos, las reliquias de este santo fueron trasladadas por diferentes partes de Italia hasta que finalmente regresaron a Nápoles en 1497, donde permanecen hasta hoy. Lo que se preserva de él es una ampolla de vidrio donde se guarda un coágulo de sangre (exactamente, una masa de sangre seca) que en algunos días especiales del año se hace líquida. A este fenómeno se le denomina ‘licuefacción', y dado que no se realiza ningún tipo de intervención física o química para que se realice, se le reconoce como un milagro.

 

Aunque muchos cuestionan el hecho, nadie ha podido explicar con certeza cómo es que se produce este fenómeno en la sangre del santo napolitano. La sangre de San Genaro se vuelve líquida en tres oportunidades a lo largo del año: el día en que se conmemora la traslación de sus restos a Nápoles (cada sábado anterior al primer domingo de mayo); el día de su fiesta litúrgica (cada 19 de septiembre) y el día en el que sus devotos agradecen su intercesión para amainar los efectos de la erupción del Vesubio, acontecida el 16 de diciembre de 1631.

 

En cada uno de estos días, el obispo de la ciudad, o un sacerdote en su representación, presenta el relicario con la sangre, de pie, frente a la urna que contiene la cabeza del santo. El acto se realiza siempre en presencia de los fieles. Pasado un lapso de tiempo, quien preside la liturgia alza el relicario, lo vuelve de cabeza y, en ese momento, la masa de sangre se torna líquida. Entonces el celebrante anuncia: “¡Ha ocurrido el milagro!”.

 

No siempre ocurre la licuefacción

Cuando la sangre no se ha licuado, los napolitanos interpretan el hecho como augurio de desgracias. La sangre no se licuó en septiembre de 1939, 1940, 1943, 1973, 1980 y tampoco en diciembre de 2016. La reliquia también permaneció sólida el año en que Nápoles eligió a un alcalde comunista, pero se licuó espontáneamente cuando el fallecido Arzobispo de Nueva York, Cardenal Terence Cooke, visitó el santuario de San Genaro en 1978.

 

Los Papas y el milagro

En el año 2015, mientras el Papa Francisco se reunía con los religiosos, sacerdotes y seminaristas de Nápoles, la sangre del santo se licuó nuevamente.

 

La última vez que la licuefacción se produjo en presencia de un Pontífice fue en 1848, siendo Papa Pío IX. Durante las visitas de San Juan Pablo II (octubre de 1979) y del Papa Emérito Benedicto XVI (octubre de 2007) al Duomo de San Genaro la sangre no sufrió cambio alguno.

 

Conoce más de la vida de San Genero y sobre el milagro de la licuefacción de su sangre: 

 

 

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