Lunes, 20 Septiembre 2021 10:07

Papa Francisco: El valor de la persona no depende del éxito ni del dinero que tiene

El Papa Francisco señaló este domingo 19 de septiembre la importancia del servicio porque el valor de una persona a los ojos de Dios no depende del éxito, ni del trabajo o el dinero que tiene, sino por “lo que se da”.

“El valor de una persona ya no depende del papel que desempeña, del éxito que tiene, del trabajo que hace, del dinero que tiene en el banco; no, la grandeza y el éxito, a los ojos de Dios, tienen otro rasero: se miden por el servicio. No por lo que se tiene, sino por lo que se da. ¿Quieres sobresalir? Sirve. Este es el camino”, afirmó el Papa.

 

Ante numerosos fieles reunidos en la plaza de San Pedro para el rezo del Ángelus, el Santo Padre reflexionó en el pasaje del Evangelio de San Marcos en el que los discípulos discutían sobre quién “era el más grande de ellos” y recordó la enseñanza de Jesús “si uno quiere ser el primero, sea el último de todos y el servidor de todos”.

 

“Con esta frase lapidaria, el Señor inaugura una inversión: da un vuelco a los criterios que marcan lo que realmente cuenta”, explicó.

 

En esta línea, el Papa reconoció que “hoy en día la palabra ‘servicio; parece un poco descolorida, desgastada por el uso. Pero en el Evangelio tiene un significado preciso y concreto. Servir no es una expresión de cortesía: es hacer como Jesús, que, resumiendo su vida en pocas palabras, dijo que había venido “no a ser servido, sino a servir”.

 

“Por eso, si queremos seguir a Jesús, debemos recorrer el camino que Él mismo ha trazado, el camino del servicio. Nuestra fidelidad al Señor depende de nuestra voluntad de servir. A menudo cuesta, ‘sabe a cruz’. Pero a medida que crecemos en el cuidado y la disponibilidad hacia los demás, nos volvemos más libres por dentro, más parecidos a Jesús”, explicó el Papa.

 

De este modo, el Pontífice subrayó que “cuanto más servimos, más sentimos la presencia de Dios. Especialmente cuando servimos a los que no tienen nada que devolvernos, los pobres, abrazando sus dificultades y necesidades con tierna compasión: ahí descubrimos que a su vez somos amados y abrazados por Dios”.

 

Por ello, el Santo Padre alentó a servir en primer lugar “a los que necesitan recibir y no tienen nada que dar. Acogiendo a los que están en los márgenes, desatendidos, acogemos a Jesús, porque Él está ahí. Y en un pequeño, en un pobre al que servimos, también nosotros recibimos el tierno abrazo de Dios”.

 

“Queridos hermanos y hermanas, interpelados por el Evangelio, preguntémonos: yo, que sigo a Jesús, ¿me intereso por los más abandonados? ¿O, como los discípulos aquel día, busco la gratificación personal? ¿Entiendo la vida como una competición para abrirme un hueco a costa de los demás, o creo que sobresalir es servir? Y, concretamente: ¿dedico tiempo a algún 'pequeño', a una persona que no tiene medios para corresponder? ¿Me ocupo de alguien que no puede devolverme el favor, o sólo de mis familiares y amigos?”, dijo el Papa.

 

Finalmente, el Santo Padre rezó para “que la Virgen María, humilde sierva del Señor, nos ayude a comprender que servir no nos disminuye, sino que nos hace crecer. Y que hay más alegría en dar que en recibir”.

 

A continuación, el Evangelio comentado por el Papa Francisco:

 

San Marcos 9, 30-37
30 Y saliendo de allí, iban caminando por Galilea; él no quería que se supiera,
31 porque iba enseñando a sus discípulos. Les decía: «El Hijo del hombre será entregado en manos de los hombres; le matarán y a los tres días de haber muerto resucitará.» 32 Pero ellos no entendían lo que les decía y temían preguntarle.
33 Llegaron a Cafarnaúm, y una vez en casa, les preguntaba: «¿De qué discutíais por el camino?»
34 Ellos callaron, pues por el camino habían discutido entre sí quién era el mayor.
35 Entonces se sentó, llamó a los Doce, y les dijo: «Si uno quiere ser el primero, sea el último de todos y el servidor de todos.»
36 Y tomando un niño, le puso en medio de ellos, le estrechó entre sus brazos y les dijo: 37 «El que reciba a un niño como éste en mi nombre, a mí me recibe; y el que me reciba a mí, no me recibe a mí sino a Aquel que me ha enviado».

 

 

Aciprensa.com