Miércoles, 20 Octubre 2021 07:13

Ex presidente de asociaciones de médicos católicos pide la vuelta del agua bendita y dice que comunión en la boca es segura

El médico español José María Simón Castellví es expresidente de la Federación Internacional de Asociaciones de Médicos Católicos (FIAMC), en un reciente artículo publicado en la web de FIAMC y titulado «Ya es hora de recuperar el agua bendita en las iglesias» ha manifestado que «hace ya muchos meses que tenemos claro cómo se transmite el virus y se pueden recuperar con seguridad las buenas costumbres».

Y se centra en dos de esas «buenas costumbres»:

 

  • el agua bendita
  • la comunión en la boca

 

Voy a comentar solo la segunda «costumbre» y reproduzco la comunicación de Simón Castellví al final, no tiene desperdicio. El expresidente de los médicos católicos dice:

 

«Es cierto que nosotros, los médicos católicos organizados, recomendamos al principio de la pandemia el vaciado de las pilas para evitar complicaciones o dudas. También recomendamos la comunión en la mano, a pesar de que la comunión en la boca y de rodillas es segura y siempre se pueden higienizar las manos del ministro de la eucaristía en caso de contacto con los labios del comulgante. Quizá fue exceso de prudencia.

 

Ahora, hace ya muchos meses que tenemos claro cómo se transmite el virus y se pueden recuperar con seguridad las buenas costumbres.

 

Lo repito, a pesar de que «en un exceso de prudencia» recomendasen la comunión en la mano, «la comunión en la boca y de rodillas es segura», y eso antes de que hubiese estudios que muestran cuál es el modelo de propagación.

 

En agosto se publicó en la revista ‘Science’ que tanto ‘este’ virus como otros virus respiratorios se propagan principalmente por aerosoles que se acumulan en el aire durante horas y que están cargados de partículas virales que producen la infección. No hay propagación por contacto de las superficies contaminadas. El anterior paradigma, implantado por Charles Chapin a inicios del siglo XX no explicaba los casos de contagios masivos en interiores que se han sucedido durante la actual pandemia y es en el que estaba basadas algunas recomendaciones.

 

Pero ya en plena pandemia, primero el profesor Filippo Maria Boscia, Presidente de la Asociación de Médicos Católicos de Italia manifestaba que

 

«Como médico, estoy convencido de que la comunión de manos es menos higiénica y por lo tanto menos segura que la comunión en la boca. Lo que es seguro es que las manos son las partes del cuerpo más expuestas a los patógenos».

 

Y después 21 médicos austriacos afirmaban que revisando los modos de comulgar, en la boca y de rodillas era más seguro:

 

«En este procedimiento estrictamente regulado existe, por lo tanto, menos riesgo de infección que cuando se administra la comunión de manos (el donante y el receptor están al mismo nivel, por lo que el riesgo de infección por gotitas es mayor, las manos del receptor han tocado previamente muchos otros objetos, etc.)»

 

Simón Castelví en este caso está actuando como un buen hombre de ciencia y buen médico. Con los datos disponibles actuamos así, con los que tenemos ahora recomendamos se hace esto otro. No pasa nada.

 

Además, y es lo que me ha parecido reseñable, ofrece una salida a tantos clérigos (sacerdotes y obispos), y también muchos laicos, que durante todo este tiempo han hecho sufrir a tanta gente. Es de esperar que los que como energúmenos todavía niegan, afean, insultan y calumnian a los que quieren comulgar en la boca rectifiquen. Los motivos que aducían para conculcar el derecho de los fieles también ha decaído.

 

Dios quiera que recapaciten y pidan disculpas, aunque sea un simple «quizá fue exceso de prudencia». No dudo de la buena voluntad de muchos de ellos y del temor que atenaza a muchos otros.

 

No soy ingenuo. Soy consciente que medio siglo de fallidas experiencias pastorales, sobre las que no hay enmienda no invitan al optimismo. Pero, a veces, pequeños detalles desencadenan grandes cambios, al menos de actitud. La heroicidad, incluso en las virtudes, no es exigible.

 

¿Te imaginas el poder catártico que podría tener un comunicado de Mons. Taussig? ¿O de alguna de esas Conferencias episcopales que se extralimitaron?

 

Pues con el agua bendita, igual.

 

Esto dice Simón Castelví:

 

Ya es hora de recuperar el agua bendita en las iglesias

 

Dr. José María Simón Castellví

 

Presidente emérito de la Federación Internacional de Asociaciones Médicas Católicas (FIAMC)

 

«Tras muchas ocasiones, tengo la experiencia de que no hay nada como el agua bendita para hacer huir a los demonios y evitar que regresen. De la cruz también huyen, mas vuelven. Debe ser grande la virtud del agua bendita»

Santa Teresa de Ávila

 

Uno de los efectos secundarios de la pandemia de COVID-19 ha sido el de la casi completa eliminación del uso del agua bendita en la Iglesia. La hemos utilizado durante siglos. De hecho, los primeros cristianos ya la usaban generosamente. Este sacramental atrae bendiciones a personas, animales, hogares, campos, si es utilizada con buena fe. Casi todas las iglesias tienen en la entrada una pila para el agua bendita. Los fieles, al entrar, tomábamos un poco y hacíamos la señal de la cruz en nuestro cuerpo. A veces, también se donaba a la persona que venía detrás. Esta agua es un buen recuerdo de nuestro bautismo, el momento en que nuestra alma quedó perfectamente limpia en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

 

Recuerdo que en los brotes de SARS (Síndrome Respiratorio Agudo Grave) y otros similares de hace unos años también se eliminó el agua. Sin embargo, se recuperó con relativa presteza.

 

Actualmente, con la epidemia de COVID ya remitiendo en Europa, no se ve el más mínimo indicio de la reinstauración de este elemento tan importante en la vida del cristiano. De hecho, el solo gesto de acercar la mano a la pila y santiguarse ya sería una prueba del deseo de agua bendita. Pero nada. Parece que nos hemos instalado en la mínima expresión de la vida de piedad.

 

Supongo que con la rampante secularización de nuestras sociedades a muchos no les importa nada este tema. Sin embargo, la eliminación del agua bendita es un indicio de la pérdida de confianza en lo sobrenatural por parte de los cristianos. Es cierto que uno puede siempre llevarle una botellita a un sacerdote para que se la bendiga y utilizarla en su casa. Pero la eliminación en los lugares de culto es sorprendente. Y más cuando vemos en ceremonias laicas que se rocían a las multitudes con agua u otros líquidos.

 

Hemos de decir que el uso del agua bendita no transmite el COVID. Eventualmente, se puede utilizar un recipiente pequeño, con agua que se cambie todos los días y con unas gotas de lejía o de clorhexidina (este producto no huele) para estar todos más tranquilos. Hay que pensar que el agua no se bebe. Tampoco es un rito obligatorio. Además, podría dispensarse de manera individual para más seguridad.

 

Es cierto que nosotros, los médicos católicos organizados, recomendamos al principio de la pandemia el vaciado de las pilas para evitar complicaciones o dudas. También recomendamos la comunión en la mano, a pesar de que la comunión en la boca y de rodillas es segura y siempre se pueden higienizar las manos del ministro de la eucaristía en caso de contacto con los labios del comulgante. Quizá fue exceso de prudencia.

 

Ahora, hace ya muchos meses que tenemos claro cómo se transmite el virus y se pueden recuperar con seguridad las buenas costumbres.

 

 

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