Jueves, 12 Mayo 2022 14:14

Shagufta y Shafqat Emmanuel, víctimas de la perversa ley contra la blasfemia de Pakistán

Shagufta y Shafqat Emmanuel son un matrimonio católico, de la pequeñísima comunidad cristiana de Pakistán. Vivían en la pequeña localidad de Mian Channu, al sur de Lahore, en el este del país. Sus vidas se vieron truncadas en julio de 2013, cuando fueron detenidos por la policía al haber sido acusados de blasfemia.

 

(ACN/InfoCatólica) Pronto fueron sentenciados a la pena capital, separados uno del otro y de sus cuatro hijos, han estado ocho años en el corredor de la muerte. Hoy pueden compartir su testimonio con la fundación pontificia Ayuda a la Iglesia Necesitada (ACN), que apoya a la Iglesia local en la labor de defensa jurídica y apoyo espiritual para cristianos acusados de blasfemia.

 

«Nací en una familia con una fuerte fe cristiana. Asistía a misa y recibía la comunión con regularidad y acudía asiduamente a catequesis y rezaba el rosario. Mi padre y mi madre nos enseñaron, a mí y a mis seis hermanos, a ser fuertes en nuestra fe y a estar preparados para todo tipo de sacrificios o persecuciones», cuenta Shaghufta:

 

«La mayoría de las familias de nuestro pueblo eran musulmanas. Manteníamos relaciones muy cordiales con los musulmanes. Recuerdo que jugaba con niñas musulmanas y que nos visitábamos mutuamente, que intercambiábamos felicitaciones y dulces en Navidad y en la fiesta del fin del Ramadán. No recuerdo ninguna pelea o disputa por motivos religiosos.»

 

Shagufta conoció en su pueblo natal a Shafqat, se casaron y se fueron a vivir a la ciudad de Gojra. En un accidente durante un altercado en la calle, su marido sufrió una parálisis tras recibir el impacto de una bala perdida. Aún así pudo seguir trabajando como profesor en el Instituto de Bachillerato de San Juan de Gojra, un centro de enseñanza católico. «Mi marido se tenía un trabajo digno, pero hacía otras labores para ganar algo de dinero extra para los gastos familiares, como reparar teléfonos móviles».

 

En julio de 2013, varios furgones de la policía con multitud de agentes irrumpieron en su casa y detuvieron tanto a Shagufta como Shafqat Emmanuel. «Nos llevamos un enorme susto, nos dijeron que estábamos acusados de blasfemia por un mensaje ofensivo sobre Mahoma enviado a través de la tarjeta SIM de nuestro móvil. Pero nosotros no habíamos hecho eso, además el mensaje estaba escrito en inglés, un idioma que ni mi marido no yo hablamos ni leemos», comenta Shagufta. Sus explicaciones no sirvieron de nada, estuvieron arrestados durante una noche y al día siguiente les trasladaron directamente a la cárcel.

 

Sin verdadera defensa

El caso conmocionó enseguida a la comunidad cristiana de Pakistán, que nuevamente se enfrentaba a un ambiente hostil contra los cristianos. Este matrimonio pasó primero ocho meses en la cárcel antes de ser sentenciados a muerte por un tribunal. No pudieron declarar y a los abogados no es les permitió completar sus alegatos finales. La corrupción es enorme en Pakistán a todos los niveles, y son corrientes las falsas acusaciones de blasfemia que son penadas con la muerte por el sistema legal del país.

 

Continúa contando Shagufta: «Shafqat fue trasladado a la cárcel de Faisalabad, mientras que a mí me encerraron en una celda del corredor de la muerte en Multán. Permanecimos en el corredor de la muerte durante ocho largos años. Imagínense lo duro que fue para mis hijos, que en ese momento tenían 13, 10 y 7 años y mi hija solo 5. Tenían que mudarse continuamente y vivir escondidos de los fundamentalistas musulmanes, que amenazaban con atacarlos. Solo podían visitarme cada cinco o seis meses, durante unos 20 o 30 minutos. Lloré todos los días por no estar con mis hijos. Mi vida era aterradora, no dejaba de pensar en que cualquier día nos ahorcarían a mi marido y a mí.

 

Nunca perdieron la fe

Este matrimonio paquistaní describe cómo, a pesar de los difíciles momentos, nunca han perdido la fe y la esperanza. La oración ha sido diaria y han encontrado también fuerza en la lectura de la Biblia y el canto de los salmos e himnos en urdu y panyabí. «Éremos inocentes, mi siempre vivo Señor Jesucristo -que venció a la muerte y resucitó al tercer día- nos liberaría y me alejaría de la muerte», afirma por su parte Shafqat Emmanuel.

 

Durante el tiempo encarcelados fueron invitados a convertirse al Islam para así evitar la sentencia de muerte y ser liberados, pero ambos se negaron. «Siempre me negué. El Señor Jesucristo resucitado es mi vida y mi Salvador. Jesucristo sacrificó su vida por mí aunque yo sea una pecadora. Nunca jamás cambiaré mi religión y me convertiré al islam. Prefiero la horca antes que negar a Jesucristo», aseguran a una.

 

Voces en contra

«Entonces, la intervención divina se puso en marcha y se alzaron voces muy fuertes contra nuestro juicio y condena injustos en el Parlamento Europeo, por parte de organizaciones de derechos humanos de todo el mundo, así como por parte de la Iglesia católica y de Ayuda a la Iglesia Necesitada. Rezaron por nuestra liberación y nos ofrecieron apoyo moral y espiritual. Mi marido y yo siempre estaremos agradecidos a todos los que nos apoyaron. ¡Muchas gracias! ¡Que Dios los bendiga a todos!»

 

Vecina de celda de Asia Bibi

Durante un tiempo, Asia Bibi, que también fue condenada a muerte por falsos cargos de blasfemia, fue vecina de Shagufta en el corredor de la muerte en Multán. Allí se conocieron en persona e incluso pudieron rezar juntas, consolarse mutuamente y renovar su fe firme en Jesús.

 

«Cuando me enteré de que Asia había sido puesta en libertad, mi corazón se llenó de gozo y me convencí de que un día también yo recuperaría la libertad», reconoce Shagufta, «Finalmente, así sucedió, mi esposo y yo fuimos puestos en libertad. Pero qué desgracia que, al igual que Asia Bibi, Shafqat y yo no pudiéramos quedarnos en Pakistán con nuestra familia y tuviéramos que pedir asilo e instalarnos en otro país porque los musulmanes fanáticos y extremistas estaban dispuestos a matarnos si nos quedábamos en Pakistán.

 

En libertad en Europa

Por su parte, Shafqat concluye su testimonio:

«No obstante, estamos muy contentos de que un país europeo nos haya concedido asilo y que ahora nuestra familia esté reunida. Estamos a salvo y aquí podemos practicar libremente nuestra religión. Espero y rezo porque las falsas acusaciones de blasfemia, realizadas a menudo por ajustes de cuentas personales, cesen en Pakistán y porque se castigue a los culpables de acusar falsamente a terceros. Gloria y alabanza a mi Señor Jesucristo vivo y a mi Dios misericordioso, que es un Dios justo».

 

 

 

Infocatolica.com