Jueves, 06 Octubre 2022 11:44

La carta de san Pablo que muchos «modernistas» deberían leer

Desde que arrancó el sínodo sobre la sinodalidad, los mensajes y declaración de intenciones muchos obispos y sacerdotes en dirección opuesta al evangelio, no han hecho más que aumentar.

 

Es más, este sínodo está sirviendo a muchos para colocar sus proclamas heréticas. Esto lo hemos visto en numerosas síntesis sinodales de la gran mayoría de países. Algunas voces, muy ruidosas y bien colocadas, han insistido durante este proceso en pedir una revisión de la moral sexual de la Iglesia, también de todo lo que se refiere al tema de la homosexualidad, del celibato sacerdotal e incluso de la ordenación sacerdotal de mujeres.

 

A pesar de que la Tradición, y lo escrito en cuanto a la doctrina de la Iglesia católica es clara, cada vez más algunos sectores siguen empujando por cambiar diferentes posturas de la Iglesia que consideran «ancladas en el pasado».

 

Para todos aquellos defensores de estas teorías sinodales con afán de reforma, san Pablo tiene un mensaje que se leyó en la primera lectura durante la Misa de este lunes. Se trata de la carta del apóstol san Pablo a los Gálatas (1,6-12):

 

«Me sorprende que tan pronto hayáis abandonado al que os llamó a la gracia de Cristo, y os hayáis pasado a otro evangelio. No es que haya otro evangelio, lo que pasa es que algunos os turban para volver del revés el Evangelio de Cristo», dice el apóstol en su carta a los Gálatas. Escrito hace dos mil años, pero que está de rabiosa actualidad.

 

San Pablo prosigue diciendo que «si alguien os predica un evangelio distinto del que os hemos predicado –seamos nosotros mismos o un ángel del cielo–, ¡sea maldito! Lo he dicho y lo repito: Si alguien os anuncia un evangelio diferente del que recibisteis, ¡sea maldito!». Mensaje dedicado a todos aquellos que aprovechándose de su autoridad, confunden a las almas.

 

Por último, Saulo concluye afirmando que «cuando digo esto, ¿busco la aprobación de los hombres o la de Dios? ¿Trato de agradar a los hombres? Si siguiera todavía agradando a los hombres, no sería siervo de Cristo. Os notifico, hermanos, que el Evangelio anunciado por mí no es de origen humano; yo no lo he recibido ni aprendido de ningún hombre, sino por revelación de Jesucristo». Bien podrían darse aquí por aludidos los que quieren cambiar la Iglesia de arriba a bajo para ajustarse a «los nuevos tiempos», con el único fin, como denuncia san Pablo, de «buscar la aprobación de los hombres».

 

 

 

infovaticana.com