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Domingo, 29 Abril 2012 11:13

Cardenal Dolan: no nos atrevimos a hablar claro de moral sexual

Las crecientes diferencias entre los obispos norteamericanos y el gobierno de Obama por la medida que impone la cobertura obligatoria de anticonceptivos y otras medidas de control de natalidad a todas las aseguradoras y centros médicos (ver artículo relacionado) se han convertido en un largo y amargo camino para las autoridades de la Iglesia de Estados Unidos y también en un desafío para la catequesis. Lo que comenzó con una esperanzada y abierta entrevista en la Casa Blanca entre el presidente y el cardenal de Nueva York, Timothy Dolan, fue apagándose poco a poco con llamadas y actuaciones oficiales unilaterales hasta dejar en punto muerto toda negociación.

El proceso de diálogo entre los católicos y el gobierno, que Dolan explica respetuosamente paso por paso en una entrevista concedida a The Wall Street Journal, ha estado tan lleno de obstáculos que un espectador ajeno más bien podría calificarlo no solo de fracaso sino como lo más parecido a un camino “engañoso e impositivo” por parte de la Casa Blanca, según concluye el propio autor de la entrevista, James Taranto, que es además miembro del equipo editorial del diario.

La Iglesia, desde el principio, ha rechazado la posibilidad de aplicar una norma que facilita servicios anticonceptivos obligatorios en las instituciones confesionales y también en las de inspiración cristiana, amparándose en el derecho a la libertad religiosa que recoge la Constitución de Estados Unidos. Si embargo, la regulación sanitaria solamente ha dejado un margen estrecho para seguir la conciencia, al reconocer como única excepción las instituciones religiosas que la ley tipifique como tales. Así, por ejemplo, queda exenta de aplicar la norma sanitaria una parroquia, pero no una escuela, un hospital o una universidad católicos. “Lo que nos parece inconcebible como católicos y sobre todo como americanos es que un departamento del gobierno se dedique a definir hasta dónde llega o no el cuidado pastoral de la Iglesia”, asegura Dolan.

Para el cardenal de Nueva York, las enseñanzas de este largo y polémico camino, que concluirá ante los tribunales, son muchas. De un lado, el riesgo de radicalización de algunas instituciones sanitarias católicas que amenazan con suspender la colaboración con el Estado en los ámbitos donde no se les permita prestar sus servicios de acuerdo con sus convicciones, por ejemplo, comedores e instituciones asistenciales para los que no han logrado la exención y donde se atiende a numerosas personas no creyentes. De otro, la necesidad de recuperar el terreno perdido desde los años sesenta en la difusión de las enseñanzas sobre moral sexual, pues se ha comprobado que gran parte de los católicos desconocen esa doctrina de la Iglesia. “Tenemos delante un gran desafío catequético: convencer a la gente de la belleza y coherencia moral de lo que enseñamos”, afirma el cardenal.

Los responsables de esta laguna formativa son los líderes de la Iglesia que, reconoce Dolan, se retrajeron buscando identificarse con la gente y no reaccionaron con valentía y sinceridad ante las orientaciones que el Papa Pablo VI explicó en la encíclica Humanae vitae de 1968. “La mayoría de nosotros –dice Dolan, incluyéndose– evitamos hablar de ello en aquel momento porque era demasiado exigente”. En su opinión, los adultos siguen necesitando esa voz autorizada de la Iglesia y los pastores deben responder, aunque los comportamientos de los católicos no sean siempre coherentes.

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19 de abril de 2012