Miércoles, 27 Agosto 2014 12:03

Cuando Argentina dijo no al imperialismo demográfico

 

Hace 40 años, en la Conferencia Mundial de Población, se proponía una ayuda a los pobres reducida a repartir anticonceptivos y evitar el crecimiento poblacional

 

Se cumplen 40 años de la celebración de la Conferencia Mundial de Población, auspiciada por la ONU y realizada del 19 al 30 de agosto de 1974, en Bucarest, Rumania, con la asistencia de delegados de 149 países.

En plena Guerra Fría, con el telón de fondo del enfrentamiento ideológico protagonizado, por un lado, por EEUU y sus aliados al frente del bloque liberal-capitalista, y, por el otro, por la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas a la cabeza de estados bajo sistemas marxistas-colectivistas, los “enemigos” se unieron para dejar en evidencia, inesperadamente, un nuevo (¿acaso el de siempre?) antagonismo: el Norte (rico y desarrollado) contra el Sur (pobre y subdesarrollado).

La grey seguidora de Kart Marx y de Adam Smith dejaba a un lado sus diferencias para hacer frente común a un desafío emergente.

Como nos aclara la investigadora Susana Novick, la conferencia “convocada por el Consejo Económico y Social de Naciones Unidas consideró las políticas y programas de acción necesarios, en materia de población, para promover el bienestar y el desarrollo de la humanidad; como así también los problemas demográficos fundamentales y su relación con el desarrollo económico y social.

La importancia de ella residió en que fue la primera reunión sobre población que excedía los estrechos límites de la ciencia demográfica y se proponía acciones y políticas concretas a nivel mundial”.[1]

El punto es que, con independencia de las buenas intenciones que surgirían de lo señalado, la Secretaría General de la Conferencia elaboró un Proyecto de Plan de Acción Mundial sobre Población, en base a documentos elaborados en las reuniones preparatorias que precedieron la Conferencia, instrumento que empezó a circular entre las delegaciones de los distintos países.

El contenido del proyecto dejó en evidencia la ideologíaque inspiraba a los delegados de los países del Norte industrializado, sin importar que fueran capitalistas o marxistas, ya que en esto hubo sugestivas coincidentes (con excepciones como la de Cuba que votaría las propuestas de nuestro país) y sería severamente cuestionado por un grupo de países que, liderados por la posición argentina en la Conferencia, formularon numerosas enmiendas al proyecto lo que resultó, en los hechos, en la elaboración de un nuevo documento sobre otros ejes ideológicos completamente distintos a los de la Casa Blanca y el Kremlin.

Los países dominantes del Hemisferio Norte partieron de una premisa ideológica falsa originada en el maltusianismo, movimiento inspirado en las ideas del pastor anglicano Robert Malthus durante el siglo XIX según el cual “en el mundo no hay lugar suficiente para todos” y por tal motivo, como nos recuerda Novick, “la tendencia de todos los documentos fue mostrar como alarmante el crecimiento de la población y pregonar el control de la natalidad como solución ante los problemas de escasez de alimentos y bajo nivel de desarrollo de ciertos países.

Sin embargo, los países del mundo considerados más pobres unieron sus esfuerzos en pos de conseguir que no se tratara de implementar una única solución ante un problema que, más que demográfico, era económico y social”.[2]

Pobres, pobreza, prejuicios

Vale decir que, de acuerdo a los documentos preparatorios que circularon entre las delegaciones, según la mirada del Norte ya industrializado, la ayuda al Sur subdesarrollado no pasaba, por dar sólo algunos ejemplos, por créditos blandos para infraestructura básica, desarrollos agrícolas, radicación de industrias, ayudas concretas en salud y educación, etc.

No, la ayuda a los pobres pasaba, sola y exclusivamente, por repartir anticonceptivos y evitar el crecimiento poblacional. Es por esta razón que a partir de ese momento se comenzó a hablar de “imperialismo contraceptivo” o demográfico

 

 

aleteia.org  27-08-2014