Viernes, 23 Noviembre 2012 14:50

El ‘laborismo azul’, la izquierda de los valores familiares



Mientras la “gran sociedad” de David Cameron y el “conservadurismo rojo” de Phillip Blond pierden fuelle, un nuevo movimiento de izquierdas que cree en la importancia de la familia y de la religión se abre paso en el seno del Partido Laborista. Por ahora, solo un puñado de diputados y de intelectuales se adhiere al grupo Blue Labour. Pero tiene a su favor que tanto el líder del partido, Ed Miliband, como su hermano David están interesados por este fenómeno.

De hecho, el creador del “laborismo azul”, Maurice Glasman, es amigo de los dos hermanos. Ayudó a ambos en sus respectivas campañas para acceder al liderazgo del partido, pero no se comprometió con ninguno. Los hermanos Miliband se contaron entre los más de veinte laboristas que asistieron a los seminarios celebrados en la Universidad de Oxford entre octubre de 2010 y abril de 2011 para poner las bases intelectuales del movimiento.

El “laborismo azul” pretende repensar lo que para muchos ha sido el mayor logro del Partido Laborista: la creación del Estado del bienestar en 1945. Glasman coincide con el “toryrojo” Phillip Blond –uno de los gurús de la “gran sociedad”– en que el actual sistema de subsidios sociales ha hecho a los británicos más dependientes del Estado.

Además, reprocha a sus colegas de partido que durante las últimas décadas han construido un modelo de gobierno “distante, autoritario y burocrático”. Por eso aboga por un socialismo que promueva “las relaciones interpersonales, la familia, las comunidades y asociaciones cívicas de cualquier rango, cultural o religioso”.

El Blue Labour advierte a la cúpula laborista que la sociedad británica es más conservadora de lo que piensa la clase política

Uno de los mensajes centrales del “laborismo azul” es que la sociedad británica es más conservadora de lo que piensa la clase política. Glasman advierte a la cúpula laborista que la gente de la calle valora mucho más que las elites lo comunitario y la vida familiar.

En la misma línea, el profesor de la Universidad de Oxford Marc Stears, otro intelectual del Blue Labour, cree que el socialismo británico “debe reconocer que lo que importa en nuestra vida diaria es la calidad de nuestras relaciones: nuestra vida familiar, nuestras posibilidades de ir a la iglesia o a la mezquita o a la sinagoga, de establecer relaciones allí con otras personas, de cuidar a las personas mayores”.

Elites desconectadas de la calle

Desde hace unos meses, apenas se ha hablado del “laborismo azul” en la opinión pública británica. En parte se explica por la controversia que rodeó a Maurice Glasman poco tiempo después de ser nombrado miembro de la Cámara de los Lores por Ed Miliband en marzo de 2011. Unos comentarios de Glasman a favor de restringir la inmigración provocaron que destacados líderes laboristas como Jon Crudas y Jonathan Rutherford se desvincularan públicamente del Blue Labour.

Pero pasados unos meses, y vueltas las aguas a su curso, “el ‘laborismo azul’ sigue siendo la filosofía emergente del partido de Ed Miliband”, escribía el pasado septiembre enNewStatestman la periodista y concejala laborista Rowenna Davis. “Puede que el nombre no aparezca, pero su influencia está ahí”. El líder laborista, conocido por la prensa conservadora británica como “Ed el Rojo”, habla ahora de la necesidad de descentralizar el Estado y de reducir la dependencia de los subsidios.

Es posible que Ed Miliband haya conectado con la parte del mensaje del “laborismo azul” que promueve la reforma del Estado del bienestar. Pero de momento no presta demasiada atención a la idea de promover los valores familiares y religiosos.

El grupo reprocha a sus colegas de partido que durante las últimas décadas han construido un modelo de gobierno “distante, autoritario y burocrático”

La propia Davis, autora del libro Tangled up in Blue: Blue Labour and the Struggle for Labour’s Soul (2011), denuncia la desconexión que existe entre la cúpula de su partido (y la de los tories) y las preocupaciones de los ciudadanos de a pie. El Partido Laborista, lamenta en otro artículo delNewStatesman, “solía preocuparse más por la familia, las calles, el orden y la comunidad”.

En relación a estos ciudadanos corrientes con los que trata por razón de su cargo escribe: “Para ellos, la política no es de izquierdas ni de derechas. Tiene que ver con quién está de su lado. (...) El cambio revolucionario no les dice mucho, y la izquierda radical no les interesa. Están más preocupados por conservar algo que se les está escapando”.

Y añade: “Nos les mueve el sistema de votos alternativos, ni la reforma de la Cámara de los Lores, ni el matrimonio gay, ni los parques eólicos ni ‘cambiar las reglas del juego’, por muy importantes que sean estos asuntos. Lo que les interesa es la familia, el trabajo duro, la honradez y la seguridad. No es un problema de cabeza, sino de corazón. Tiene que ver con una calidez que los políticos progresistas suelen dejar helada”.

 

Fuente: www.aceprensa.com