Miércoles, 26 Diciembre 2012 17:07

Cambio de humo: del tabaco a la marihuana

 

En Estados Unidos desciende el número de adolescentes que consumen tabaco y alcohol, pero crece la proporción de los que fuman marihuana. Una encuesta reciente atribuye este cambio de tendencia a la impresión –cada vez más extendida entre los jóvenes– de que fumar porros no hace daño. A crear este clima de opinión está contribuyendo la permisividad hacia la marihuana de varios estados norteamericanos, lo que contrasta con las enérgicas campañas antitabaco.

 

A medida que hay más permisividad hacia la marihuana, aumenta el consumo entre los jóvenes

 

Menos tabaco y alcohol

Es probable que, cuando a finales de los años noventa en EE.UU. las empresas tabacaleras fueron obligadas a dotar con 25 millones dólares anuales hasta el 2009 una fundación para evitar que los jóvenes empezasen a fumar, sus dueños se pusieran de muy malos humos.

Quienes ordenaron el sablazo siempre podrán cubrirse las espaldas presentando los buenos resultados cosechados hasta ahora. En el último año, la proporción de los que fuman tabaco entre los alumnos de 14 a 19 años ha pasado del 11,7% al 10,6%. También ha descendido el número de los que consumen alcohol en esas edades, pasando del 31,2% en 2007 al 26,7 en 2012.

Son los mejores resultados respecto al consumo de tabaco y alcohol entre jóvenes que se han registrado desde 1975, año en que arrancó la encuesta nacional Monitoring the Future. Realizada por investigadores de la Universidad de Michigan con el apoyo del National Institute for Health y el National Institute on Drug Abuse, en la de este año han participado más de 45.000 alumnos de 395 escuelas públicas.

La mala noticia es el incremento del consumo de cannabis. Más de un tercio de adolescentes de EE.UU. consumieron marihuana en 2011, proporción que va en aumento desde hace cinco años. Además, el 6,5% de los alumnos que cursan el último año de secundaria fuman porros a diario, la cifra más alta en treinta años.

El cannabis se considera inocuo

Los investigadores de la Universidad de Michigan atribuyen este aumento a la impresión –cada vez más común entre los jóvenes– de que el cannabis es prácticamente inocuo. El 20,6% de los alumnos de 18 y 19 años creen que el consumo ocasional de esta droga no hace daño, mientras que el 44,1% piensa lo mismo del consumo habitual. Es la primera vez que, desde 1983 y 1979, respectivamente, tantos jóvenes consideran que fumar porros no es peligroso.

 

Más de un tercio de adolescentes de EE.UU. consumieron marihuana en 2011, proporción que va en aumento desde hace cinco años

 

Esta impresión ha venido reforzada en los últimos años por la permisividad hacia la marihuana de algunos estados norteamericanos. En la presentación de la encuestaMonitoring the Future, la directora del National Institute on Drug Abuse, Nora Volkow, se refirió expresamente a Oregon y Washington. Ambos acaban de aprobar el uso recreativo de la marihuana.

Uno de los factores que, a juicio de Volkow, desincentiva el consumo de drogas es su prohibición. Pero desde el momento en que algunos estados comienzan a debatir la legalización de la marihuana, el mensaje de que es dañina pierde credibilidad. Lo mismo ocurre –añade– cuando se aprueba su prescripción para uso médico, algo que ya han permitido 19 estados.

Abiertos a la marihuana chic

California fue uno de los primeros estados norteamericanos que legalizó la marihuana para uso terapéutico. Lo que en 1996 se aprobó con fines médicos se ha convertido en la puerta de entrada para legitimar la “contracultura” que venía coleando en ciudades como Venice o Berkeley desde finales de los años sesenta. La marginal afición al cannabis de los niños de las flores se ha convertido en un respetable pasaporte hacia la hoguera de las vanidades.

Cuenta Adam Nagourney en un artículo del New York Timesque hoy en las fiestas más chic de Beverly Hills y San Francisco es habitual que al llegar te ofrezcan, para romper el hielo, algún porrete con tu copa de Bombay Sapphire.

“Si te enciendes un cigarro para fumar (tabaco) puedes acabar expulsado muy lejos de este estado tan rigurosamente antitabaco. Pero a nadie parece importarle que el humo de la marihuana circule por el aire en mitad de un concierto celebrado en el anfiteatro Hollywood Bowl o incluso en la atmósfera más íntima y cerrada de la sala de conciertos Troubadour en West Hollywood (...)”.

Al humo de la marihuana se refería en una entrevista el ex gobernador de California, Arnold Schwarzenegger. Para él, que el uso recreativo de la marihuana no sea legal en ese estado no es un problema, ya que en la práctica está tan extendido que es como si lo fuera. Esto convierte a Venice en una ciudad deliciosa para pasear en bici. Con tanta gente fumando marihuana por la calle, no hay razones para encenderse un porro. “Basta aspirar, y fumas del de los demás”, dice.

Si fuera tabaco, se diría que es un fumador pasivo cuyos pulmones están siendo destrozados por el humo ajeno; pero tratándose de marihuana, parece que es un humo terapéutico.

Es de suponer que las tabacaleras estadounidenses que en los años noventa fueron obligadas a pagar una tasa por el bien de los jóvenes estarán asistiendo perplejas a la nueva permisividad con los que fuman marihuana. No tiene sentido combatir los efectos del cigarillo y a la vez extremar la indulgencia con el porro, cuando la marihuana produce además de un mayor daño pulmonar daños psicológicos (cfr.Aceprensa, 29-08-2012 y 11-03-2011).

Y ahora que sabemos que los conductores californianos son más proclives a conducir bajo la influencia del consumo de marihuana que bajo los efectos del alcohol (cfr. Oficina de Tráfico de California, noviembre de 2012), tampoco tiene sentido la actitud ambigua de perseguir con mucho celo el alcohol al volante mientras se tolera la marihuana.

 Fuente: www.aceprensa.com 26-12-12