Jueves, Agosto 13, 2020

Política de Estado


Jueves, 12 Mayo 2016 10:19

¿Admite la Iglesia el aborto en caso de malformación?

 

Pregunta de una lectora, ante supuestas declaraciones de un sacerdote en TV

 

Hablando con unos amigos, oí afirmar una cosa que me parece increíble: la Iglesia admitiría el aborto en el caso que la madre espere un niño malformado. Esto escuchado de la boca de un sacerdote… ¡y en la tv! (Paola S.C., Italia)

Responde padre Maurizio Faggioni, profesor de Teología moral en la Facultad teológica de Italia central.

No sé lo que ha dicho exactamente el sacerdote al que se refiere, así que no puedo valorar sus palabras, pero sobre la afirmación de que “la Iglesia admitiría el aborto en el caso de que la madre espere un niño malformado”, creo poder decir con seguridad que no corresponde a la verdad.

El Papa Francisco, en varias ocasiones, ha hablado del aborto en términos claros e inequívocos, en plena sintonía con todo el Magisterio de la Iglesia. Baste recordar algunas palabras apasionadas de Evangelii gaudium en la que defiende la dignidad y el derecho a nacer de los nascituros:

“Entre esos débiles, que la Iglesia quiere cuidar con predilección, están también los niños por nacer, que son los más indefensos e inocentes de todos, a quienes hoy se les quiere negar su dignidad humana en orden a hacer con ellos lo que se quiera, quitándoles la vida y promoviendo legislaciones para que nadie pueda impedirlo. Frecuentemente, para ridiculizar alegremente la defensa que la Iglesia hace de sus vidas, se procura presentar su postura como algo ideológico, oscurantista y conservador. Sin embargo, esta defensa de la vida por nacer está íntimamente ligada a la defensa de cualquier derecho humano. Supone la convicción de que un ser humano es siempre sagrado e inviolable, en cualquier situación y en cada etapa de su desarrollo” (Evangelii gaudium, 213).

Respecto, en particular, al aborto determinado por el descubrimiento de malformaciones fetales, recuerdo que 2-3 nacidos sobre 100 en Italia presentan anomalías mayores (por ejemplo el labio leporino con o sin palatosquisis, que es una discontinuidad en el paladar, o la falta de un miembro, o problemas de la clausura del tubo neural, como la espina bífida).

Considerando, además de las malformaciones más importantes, también los síndromes genéticos, las cromosomopatías (como el síndrome de Down), las enfermedades metabólicas y las procedentes de infecciones contraídas en el embarazo (como, antes, la rubeola) se llega a un 4-5% de anomalías congénitas.

Muchas de estas anomalías, a través de los oportunos exámenes, pueden sospecharse o diagnosticarse en el primer trimestre del embarazo, mientras que para otras debe esperarse a fases más avanzadas. Serán niños que nacerán con situaciones de grave desventaja física y mental más o menos graves, y que a causa de su fragilidad, deberían ser acogidos con mucho más amor y cuidados por parte de todos.

Una malformación u otro handicap congénito no les quitan dignidad y derechos, a menos que basemos el derecho a la vida y al respeto en las prestaciones y el la productividad potencial de una persona. Ciertamente el descubrimiento de un defecto en el desarrollo psicofísico en el niño puede causar angustia en los padres, en previsión de las molestias y sufrimientos causados por la patología, o en las dificultades que afrontará para encontrar un lugar en una sociedad como la nuestra, fuertemente competitiva y hostil hacia los “perdedores”.

La “cultura del descarte” – por usar una expresión del Santo Padre – les margina desde el inicio, y el fin aborto eugenésico es el instrumento legal para eliminar el problema de raíz, de forma precoz, silenciosa y limpia. La hipocresía de las proclamas sobre la acogida y la estima por las personas Down, por ejemplo, se desmienten con el hecho de que el 80% de los niños Down son abortados, y que algunas pruebas se realizan de modo sistemático para identificar justo este defecto cromosómico. Acogidos de palabra, marcados y eliminados en los hechos.

El problema no son los diagnósticos prenatales en sí mismos: conocer a tiempo el estado de salud de un nascituro permite preparar en lo posible terapias adecuadas, incluso prenatales, o bien preparase psicológicamente a una acogida que puede ser delicada e incluso traumática. El problema es la mentalidad eficiente y discriminatoria que se percibe en las sociedades occidentales, en el mundo de la medicina y, al final, en las familias, por la que un diagnóstico así se convierte fácilmente en la antecámara del aborto.

En la manipulación que esconde la verdad de las cosas,estos abortos se llaman “terapéuticos”, pero es evidente que no son terapéuticos, porque no curan a nadie, sino que eliminan a criaturas débiles e indefensas. Son abortos eugenésicos, destinados a mejorar las cualidades psicofísicas de la población y a satisfacer la expectativa de tener un hijo perfecto: eu, de hecho, significa bueno, y ghenos significa estirpe.

El Papa Francisco, con ocasión del año santo de la misericordia, quiso conceder a todos los sacerdotes, sin distinciones, la facultad de absolver a las mujeres que han abortado y a los que han cooperado al aborto. Este gesto misericordioso es una mano tendida a quien se ha equivocado y una invitación a la reflexión y al arrepentimiento. En esta ocasión, el Papa definió el aborto como un “drama” y “uno de los graves problemas de nuestro tiempo”, “vivido por algunos con una conciencia superficial, casi sin darse cuenta del gravísimo mal que un acto semejante comporta. Muchos otros, en cambio, aun viviendo este momento como una derrota, consideran que no tienen otro camino que recorrer”.

Retomando algunas expresiones de san Juan Pablo II en la Evangelium vitae, el papa Francisco afirma: “Lo que ha sucedido es profundamente injusto; y sin embargo, solo comprenderlo en su verdad permite no perder la esperanza”. Y dirigiéndose a los sacerdotes, concluye:“Que los sacerdotes se preparen a esta gran tarea, sabiendo conjugar palabras de acogida genuina con una reflexión que ayude a comprender el pecado cometido e indique un itinerario de conversión auténtica para llegar a aceptar el verdadero y generoso perdón del Padre que todo lo renueva con Su presencia”.

Si esto es una justificación del aborto, que lo juzgue la amable lectora…

 

 

es.aleteia.org

 

Valora este artículo
(0 votos)
Inicia sesión para enviar comentarios

Santo Tomas Moro

El hombre no se puede separar de Dios, ni la política de la moral.

Nuestra Señora de las Rosas - Mensajes

 

Mensajes a  Maureen Sweeney-Kyle

 

 

 

 

 

“Como hijos de la Nueva Jerusalén,

 

ustedes deben afrontar la corrupción

 

que está consumiendo el corazón del

 

mundo. 

 

La decadencia moral no tiene límites." ...

 

lea más: amorsanto.com 15-09-2009

 

 

 

Primer vínculo vital e irremplazable

Dale el pecho a tu niño hasta los 2 años de edad, como mínimo.

Monumento al no nacido - Eslovaquia

 

 

 

 

Políticas de Estado en Perú

Conozca las exitosas políticas de estado de Perú

Cántico de David 1 Cro 29 10-13

 

 

 

Bendito eres, Señor,

 

Dios de nuestro padre Israel,

 

por los siglos de los siglos.

 

 

Tuyos son, Señor, la grandeza y el poder,

 

la gloria, el esplendor, la majestad,

 

porque tuyo es cuanto hay en cielo y tierra,

 

tú eres rey y soberano de todo.

 

 

De ti viene la riqueza y la gloria,

 

tú eres Señor del universo,

 

en tu mano están el poder y la fuerza,

 

tú engrandeces y confortas a todos.

 

 

Por eso, Dios nuestro,

 

nosotros te damos gracias,

 

alabando tu nombre glorioso.

 

 

 

 

 

Oración a Sta. María, Señora de la Gracia

Resultado de imagen para inmaculado corazon de maria

 

Santísima Virgen María

 

Señora de la Gracia

 

Te ruego me concedas tener

 

Un profundo conocimiento intelectual

 

De tus virtudes virginales

 

Una intensa experiencia vital

 

De tu ternura de madre

 

Y una constante actitud

 

De consagración total

 

A tu Inmaculado Corazón

 

Y que

 

Por el conocimiento

 

El amor

 

Y la consagración

 

Pueda hacerme

 

Un poco más semejante

 

A tu tan querido Hijo

 

Mi Salvador y Señor

 

Jesucristo

 

Amén