Lunes, 07 Enero 2013 06:29

Informe acerca de la Doctrina Social de la Iglesia en el mundo 2012

SÍNTESIS INTRODUCTIVA

Flavio Felice, Stefano Fontana, Fernando Fuentes Alcantara, Daniel Passaniti, Manuel Ugarte Cornejo[1]

 

LA COLONIZACIÓN DE LA NATURALEZA HUMANA

 

Durante el año 2011, año sobre el que trata este cuarto informe, ha surgido con toda su fuerza subversiva, el fenómeno de la “Colonización de la naturaleza humana”.

 

Retenemos que sea este el dato que interesa a la Doctrina Social de la Iglesia y que impone el reconsiderar las estrategias culturales y políticas que en ella se inspiran a nivel mundial.

 

También durante este año, en la escena mundial se han manifestado graves emergencias relacionadas con la pobreza o el abuso, pero pensamos que, aun conscientes del dramatismo de estas emergencias, no constituyen una novedad ni un daño comparable a la “colonización de la naturaleza humana”, un fenómeno que se está imponiendo a grande escala por las grandes fuentes económicas que se están empleando, por la movilización militante de los medios de comunicación y por el carácter subversivo de los lazos sociales, de la fragmentación funcional de las relaciones, de acentuado individualismo desencarnado y que busca replasmar las relaciones sociales, no basándose en la naturaleza como era antes, si no sobre una base de pensamiento individual autoreferencial.

 

Bastaría fijarse en el caso de Argentina, que ilustramos en la Sección de los Cinco Continentes. En el corto plazo de un año - el 2011 – aquella grande nación de tradición cristiana ha tenido una ley sobre la procreación artificial que ha desnaturalizado la procreación, una ley sobre el reconocimiento de la “identidad de genero” que ha desnaturalizado la familia y una modificación en el Código Civil para permitir que se “alquilen úteros” que ha desnaturalizado la paternidad.

 

Algunas leyes en cuestión han sido aprobadas en los primeros meses del 2012, pero han sido discutidas y elaboradas en el año precedente. Alguna esta todavía en periodo de examen de una rama de el parlamento después de haber sido aprobadas por la otra rama del mismo, pero la tendencia es clarísima. En el plazo de un año ha sido revolucionada la base de toda la sociedad argentina, ha sido dada de lado la noción de “naturaleza humana” y ha sido relegada la inspiración en la fe católica para construir la sociedad.

 

Se equivocaría quien considerase las temáticas de la procreación de la familia como sectoriales, estas tienen una influencia estructural sobre toda la sociedad y, por consiguiente, las nuevas leyes argentinas destruirán toda la sociedad actual para formar otra completamente diferente.

 

De España, Argentina había importado y heredado la visión cristiana de la persona y de la vida y los argentinos siempre han sostenido que esta herencia forma parte de la identidad nacional del país. Ahora, de la España secularizada, Argentina ha importado el contrario, es decir, un claro rechazo de una vida moral y religiosa con la impronta de la naturaleza creada y de la fe católica para dejar paso a una visión liberal radical, según la cual la naturaleza es contrapuesta a la cultura y la libertad es concebida como emancipación de la naturaleza.

 

Detrás de estas leyes que agreden a los países latinoamericanos y no solo (en filipinas la Iglesia está llevando a cabo una dura batalla contra la ley sobre la contracepción, que es el inicio de la nueva impostación postnatural de la procreación y de la familia) con una velocidad y una violencia desestabilizadoras muy preocupantes, hay una ideología, la ideología de genero, hay grandes aportaciones económicas invertidas por los lobbies internacionales y hay apoyos de estados y de organismos internacionales:

 

La Unión europea es la principal financiera del aborto en el mundo y las agencias de la ONU son activísimas en el hacer trámites de estas nuevas ideologías antinaturales y antifamiliares. Podríamos plantear preguntas muy interesantes sobre la utilidad y la sustentabilidad ética de estos organismos.

 

Por este motivo este nuestro cuarto informe ha dedicado el estudio del problema del año a la ideología de genero y ha señalado como principal enseñanza del año el discurso de Benedicto XVI en el palacio del Reichstag de Berlín el 22 de septiembre de 2011, donde el Santo Padre ha repropuesto la doctrina de la ley moral natural como base y fundamento del poder político.

 

La ideología de genero se ha difundido, sin encontrar una verdadera oposición en los países punteros y es enseñada en los manuales escolásticos de la escuelas públicas sin que esto haga surgir grandes problemas.

 

Ahora es exportada de forma sistemática a los países emergentes y pobres. Es una ideología sutil y perversa, que se esconde detrás de los “derechos individuales”, que han sido hechos dogma por el Occidente, y detrás de una presunta igualdad entre individuos asexuados, es decir abstractos, para conducir a una deconstrucción de todo el implante social.

 

No el sexo, como dato antropológico complejo, si no la sexualidad, como comportamiento, esta al origen de las relaciones sociales, entonces estas no nos son “dadas” si no que somos nosotros los que “elegimos”. En la base se encuentran individuos abstractos que elegirían la propia orientación sexual sin ninguna referencia al dato natural.

 

Se trata de la discriminación de la heterosexualidad, es decir de la indiferencia sexual, del absoluto dominio de la técnica sobre las relaciones humanas. La técnica ha hecho posible la emancipación de la cultura de la naturaleza y por consiguiente, ha hecho que sea posible ser madre sin ser mujer, ser padre sin ser hombre, ser hombre aun siendo mujer y ser mujer aun siendo hombre, ser padre o madre sin saber de quien y ser hijo sin saber que de que madre o de que padre.

 

La técnica hace posible la sexualidad desnaturalizada, como puro ejercicio técnico por parte de un ser privado de la propia identidad. En la sociedad avanza la absolutización de la sexualidad en lugar del sexo, dejando a este último como algo de lo que solo habla la Iglesia Católica.

 

La ideología gender es un nuevo colonialismo del occidente sobre el resto del mundo. La vieja colonización entre muchos aspectos negativos había tenido también aspectos heroicos y se guiaba por el deseo de exportar algo significativo. Esta nueva colonización occidental es la exportación de la nada.

 

Individuos abstractos y asexuados son, de hecho, privados de identidad si no aquella que ellos mismos arbitrariamente se dan. En su búsqueda de liberarse de todas las características naturales, eliminando la educación sexuada o sea identitaria, ellos aplazan su identidad a futuras elecciones y a futuros contratos con otros individuos, siendo vulnerables al peor de los condicionamientos, el condicionamiento de la nada.

 

La nueva ideología de genero influye en todos los aspectos de la sociedad y la replasma sobre bases antinaturales. En todos los estados en los cuales las parejas de hecho o las uniones homosexuales son reconocidas sigue inevitablemente la reforma del derecho de la familia, del regimen fiscal y de la finalidad y de los métodos de las estructuras educativas. La imposibilidad de condenar moralmente la homosexualidad para no peligrar el ser acusados de homofobia, compromete la libre expresión de ideas, la educación de los hijos y conlleva una dificultad para proponer públicamente el modelo de famillia heterosexual. Las “nuevas familias” son promovidas por los medios de comunicación sin posibilidad de contradicción porque se trata de un pensamiento único que se impone.

 

Los poderes públicos abdican de su rol de tutelar la moralidad pública de la sociedad. Absteniéndose del promover una visión relacionada con la ley moral natural en estos campos fundativos, limitándose a registrar los deseos de los ciudadanos confirmándolos como derechos, aceptando un completo pluralismo de comportamientos "éticos", los poderes públicos se retiran de la ética, sin poder recuperar después tal dimensión en otros campos de la vida social, porque ha perdido su importancia en los campos fundamentales. Si las relaciones son solo técnicas e individualistas en el campo de la procreación y de la familia, si la complementariedad y la unidad de las diferencias no se realizan en el encuentro entre el hombre y la mujer, ¿cómo podrán reproducirse en las otras relaciones humanas?

 

La gravedad de la situación no es a menudo percibida y los autores sobre la Doctrina Social de la Iglesia a todos los niveles, persiguen la solución para otros problemas, que no deben ser olvidados, pero no se concentran en este reto esencial. Esencial, porque desestructura las esencias y transforma la sociedad en una serie de roles funcionales regulados por procedimientos contractuales. Si ser hombre o ser mujer es solo una función asumida voluntariamente, todas las demás dimensiones de la sociedad pasan a ser una función que asumir voluntariamente. Pero una sociedad sin deberes no puede sobrevivir.

 

La subversión que llevan a cabo estas nuevas teorías toca también a la religión católica. Hemos hecho el ejemplo de Argentina, un gran país de tradición cristiana. La demolición del concepto de naturaleza humana y su colonización por parte de una forma de pensar post-natural, si a primera vista parecen ataques dirigidos contra la naturaleza, estudiando más profundamente resulta ser dirigidas contra la religión cristiana. Aboliendo por ley la familia natural, se impide hacer experiencia de familia.

 

Hacer experiencia de familia tiene una función social, en cuanto que es la principal escuela de vida en sociedad, pero tiene también una función religiosa, porque todo el léxico de la vida cristiana es un léxico “familiar” y quien no sabe que quiere decir Padre, Madre, Esposo, Esposa o Hijo no puede entender la revelación cristiana. No tener experiencia de familia natural destruye la sociedad y sobretodo destruye la Iglesia. En Argentina, como en muchos otros países, se busca que la Iglesia desaparezca, privándole de las condiciones naturales necesarias para que pueda ser conocida y comprendida.

 

El proceso de separación de la naturaleza que han emprendido las leyes que desestructuran la procreación sexuada y la familia natural se funda en una concepción errónea de la naturaleza, a la cual se puede responder solo con una batalla cultural a la altura de este gran reto.

 

La naturaleza es entendida come un simple dato biológico según una perspectiva positivista y materialista. El dato biológico, entendido solo como un dato, no puede exprimir una forma de ser fuente de una identidad. Esto es un fenómeno consecuente a una cadena de causalidades deterministas. Pero la naturaleza tiene también otro significado, al cual se accede con una razón no, de tipo positivista.

 

La identidad sexuada, que tiene también una imprescindible base material, no se limita a esta, si no que expresa una forma de ser persona. Dado que somos formas encarnadas, el ser hombre o mujer no puede no expresarse también en términos fisiológicos, pero no se reduce solo a estos. Esta dimensión es el resultado de una visión metafísica de la persona. Por esto se entiende que los autores de la doctrina social de la Iglesia no pueden trascurar ni olvidar este aspecto durante el conflicto cultural. Adecuar la doctrina social de la Iglesia sobre solo ciencias sociales no es suficiente para poder llevar a cabo esta batalla contra la colonización de la naturaleza humana.

 

Con la Caritas in veritate de Benedicto XVI, todos estos temas han entrado oficialmente en la Doctrina Social de la Iglesia. La atención de los trabajadores, sin embargo, esta todavía concentrada en temas sociales más tradicionales. El pueblo cristiano esta poco informado de esos retos y es difícil poner en marcha una militancia difundida mayoritariamente contra estas tendencias.

 

Estos temas, de hecho, condicionan también a todos los demás temas. Es este el motivo por el cual en la sección “l’intervento dell’anno” (la intervención del año) hemos publicado un artículo de S.E. Mons. Crepaldi sobre los así dichos “principios no negociables”, que tienen un valor estratégico propio en la lucha contra las nuevas ideologías radicales del género y de la destrucción de la familia. Estos no son solo valores, son principios, es decir luces orientativas.

 

Los autores de la Doctrina social de la Iglesia deberían asumirlos como problema prioritario sin ambigϋedad, tendrían que tratarlos no solo como temas secundarios o sectoriales, sino como luces que iluminan la entera convivencia; deberían promoverlos y movilizar las conciencias al respeto y a la lucha pacífica contra aquellos que los quieren eliminar.

 

Puede parecer, por estas nuestras palabras, que el futuro de la fe cristiana dependa de la dimensión natural de la procreación y de la familia, con la cultura que esto conlleva. En realidad es al contrario: es el futuro de la dimensión natural del bien humano el que depende de la fe cristiana. Cuando los hombres se alejan de Cristo pierden de vista el auténtico bien del plano natural.

 

Es por esto que el esfuerzo debe ser cultural, legislativo y político, por que la procreación natural, la familia y el acoger una vida no sean reducidos a simples funciones, si no que sean vistas como expresiones del ser de una persona, en la complementariedad irreductible de hombre y mujer, sin hacerse ilusiones que esto pueda ser posible sin una profunda vida de fe y sin una nueva misionariedad religiosa, que hoy solemos llamar “Nueva Evangelización”.

 


Observatorio Internacional Cardenal Van Thuân en la Enseñanza social Católica, Rapporto sulla Dottrina sociale nel Mondo 2012 [Informe acerca de la Doctrina social de la Iglesia en el Mundo 2012], Edizioni Cantagalli, Siena 2012

07-01-2013

[1]Flavio Felice, Director del Area Internacional de estudio “Caritas in Veritate” de la Pontificia Università Lateranense, Roma.

Stefano Fontana, Director del Osservatorio Internazionale Cardinale Van Thuân sobre la Doctrina social de la Iglesia, Trieste.

Fernando Fuentes Alcantara, Director de la Fundación Pablo VI, Madrid.

Daniel Passaniti, Director ejecutivo CIES-FundaciónAletheia, Buenos Aires

 

Manuel Ugarte Cornejo, Director del Centro de Pensamiento Social Católico della Universidad San Pablo di Arequipa, Perù.

 

Osservatorio Internazionale Cardinale Van Thuân