Lunes, 07 Enero 2013 11:30

Agravio a los símbolos patrios, el más grande irrespeto que una Nación no debe tolerar

La bandera, el escudo, el himno, son símbolos inobjetables en la totalidad de los países, por lo tanto gozan de los mismos derechos soberanos, respeto y honores de su uso y tratamiento.

La bandera nacional es la misma, ya flamee en el mástil de la Casa de Gobierno o en el de una escuelita perteneciente a un pueblito del interior del país.

El Himno Nacional merece un solo tratamiento, con sus acordes originales, con sus versos originales, acotados.

La Bandera Nacional, flameando junto al palo mayor de la Fragata ARA Libertad, permaneció en cautiverio por más de dos largos meses en un puerto de un país del Continente Africano. ¡Esto para quienes se nieguen a conceder a la segunda, la condición que a mi juicio igualmente tiene, de símbolo nacional!

Una bandera del Movimiento La Cámpora fue izada en el mástil de una escuelita, en lugar de nuestra enseña patria. El hecho tuvo difusión menor. ¡Debo confesarle que de haber podido, hubiera arriado la primera, metiéndola por la fuerza en el culo del autor del irrespeto supino! El hecho tuvo difusión menor. La Justicia no actuó.

La Señora Presidenta de la Nación se sumó al festival de la vergüenza, irrespetando sus acordes, que fueron remplazados por otros en ritmo de candombe. ¡La Señora Presidente de la Nación bailó nuestro Himno Nacional! Nuestro Himno Nacional, solo se ejecuta y entona… ¡no se  baila! La Justicia no actuó. El hecho tuvo amplia difusión. A su alrededor, un grupo importante de apátridas y taimados. También, ¡claro está!, gente sana y honesta, pero sin la capacidad o la instrucción que les  posibilitara medir semejante afrenta, y entonces, unida al festejo.

La otra gente, ¡no estaba, no asistió al festival! El hecho tuvo amplia difusión, y la afrenta llenó las páginas de los diarios de todos los países del mundo.

El Código Penal de la Nación (arts. 121-129), contempla la comisión de “Delitos contra la seguridad interior del Estado”. En su artículo 129, condena a quien ultrajare a cualquiera de los símbolos nacionales. La Justicia no ha actuado de oficio. ¡Es de suponer que entre la concurrencia no se encontraba ningún fiscal de la Nación! (ver párrafo anterior).

En un par de días, tendremos de regreso a la Fragata ARA Libertad. El Comandante de la Nave es un Capitán de Navío, cuyo nombre por ahora no viene al caso… bueno, cuando menos para mí.

¿Qué debe hacer y qué hará el Comandante? …la pregunta del millón como le dicen. Sé, gracias al inestimable aporte de un amigo de la web, que está obligado, por protocolo, a recibir a la Señora Presidente de la Nación, caso que ésta se arrime para darle la bienvenida. El “¿qué hará?”, es otra cosa, en cuanto a los términos de su presentación, u orden que estime corresponda dar al personal a sus órdenes.

Le pido, por favor, ¡no me venga con bravuconadas!, y menos presentándose por su “apelativo”. “Los pingos se ven en la cancha, se ven”, y correctamente identificados, ¿me entiende?

¿Qué haría yo, en lugar del Comandante, sin estar en los zapatos del Comandante? En principio, y más allá del tratamiento que se me pretenda dar, no me consideraría un “héroe”, sino un soldado marino más, que estuvo privado de su libertad debido a una mala y dolosa gestión de Gobierno. Ergo: le haría conocer semejante circunstancia a la Señora, agregando que “en esta Fragata y en tanto sea yo el Comandante de la misma, es Ud. considerada persona non grata”.

Por supuesto que, acto seguido, y de tener la suerte de no salir esposado del lugar, me presentaría ante mi inmediato superior, solicitando mi pase a situación de retiro, en tanto no me hayan ganado de mano y me hayan decretado la baja o exoneración de la Fuerza, en cuyo caso, además, deberé procurar conseguirme un laburo cuando menos digno.

Estoy seguro, o abrigo la esperanza de que el Capitán de Navío sepa que, a raíz de tan lamentable y grosero incidente, sus días están contados en la Armada, ya sea “se pare de manos”, como uno anhela, o se la banque al mejor estilo obediencia debida.

 

www.informadorpublico.com 07-01-2013