Jueves, 07 Febrero 2013 10:14

La universidad: Cantidad alcanzada, calidad por conseguir

La Universidad en los países emergentes

 

 

India y China son ya, junto a Estados Unidos, los líderes absolutos en cuanto al número de alumnos universitarios. Pero la calidad de las universidades y la capacidad del mercado laboral para asumir tantos universitarios son cuestiones abiertas.


Conscientes del potencial estratégico de la universidad para el crecimiento económico, los gobiernos de China e India han invertido mucho dinero para atraer más jóvenes a las aulas. Las políticas han dado resultado: en la última década, el porcentaje de estudiantes dentro de la población en edad universitaria) ha crecido vertiginosamente en ambos países. No obstante, las cifras de China (cercana al 30%) y de India (no llega al 20%) aún están muy lejos de la media de la OCDE, donde la tasa es del 66%.

A los millones de indios y chinos matriculados en las universidades nacionales hay que añadir los que estudian fuera, un aspecto en el que también lideran los rankings: más de un tercio de los alumnos extranjeros de todo el mundo son de estos países.

Cantidad contra calidad

En China se ha producido un salto generacional profundo en materia educativa. En 1996, solo una de cada 6 personas de 17 años había terminado la secundaria; hoy la proporción supera el 60%. En la universidad, el número de graduados se ha multiplicado por cuatro en la última década.

 En China sobran graduados universitarios, mientras faltan candidatos para empleos de menor cualificación

Una vez conseguido el objetivo de llevar los alumnos a la universidad, toca proporcionarles una enseñanza de calidad, y ahí es donde las estrategias china e india no han conseguido todavía los resultados esperados. Gran parte de la culpa la tiene la dificultad para encontrar profesores bien preparados.

Uno de los problemas para reclutar profesores son los salarios. Una universidad china o india paga mucho menos que las principales empresas del país, sobre todo las tecnológicas. Por otro lado, muchos de los más brillantes se marchan a estudiar al extranjero y no vuelven. En los últimos 30 años solo ha vuelto uno de cada tres universitarios chinos que emigraron para realizar el posgrado, aunque la crisis económica de Occidente y los estímulos del gobierno chino han hecho que desde 2010 cada vez regresen más.

Los profesores universitarios chinos e indios están saturados de alumnos, y encima cobran poco. Muchos pretenden ganarse un sobresueldo con las becas que sus gobiernos ofrecen por publicar, mirando más la cantidad de publicaciones que su calidad.

En China, el modelo pedagógico seguido en la mayoría de las universidades, centrado en la memorización, ha quedado obsoleto. Además, tener carnet del Partido Comunista sigue siendo muy importante para acceder a determinados cargos. Por otro lado, la temprana especialización de los alumnos en secundaria, sumada a la poca flexibilidad de los currículos universitarios, hace que los graduados sean poco versátiles.

En India, uno de los problemas más importante es la escasa proporción de alumnos que se deciden por los estudios de formación profesional al terminar la secundaria. El boom de las universidades (desde 2000 se han multiplicado por 2,5) y el crecimiento económico han provocado una fiebre por los títulos universitarios. Las aulas están masificadas al mismo tiempo que faltan trabajadores con cualificación no universitaria.

Descuido de las etapas inferiores

Probablemente, la causa principal de la mala calidad de muchas universidades chinas e indias está en las etapas anteriores. Los esfuerzos de los gobiernos por potenciar la enseñanza superior han dejado la primaria y la secundaria en un segundo plano, también en cuanto a la inversión. En China, el gasto por estudiante universitario (4.550 dólares) es uno de los más bajos en términos absolutos, pero en proporción del PIB por habitante (76%) es uno de los más altos: más que el de Estados Unidos (64%) y que la media de la OCDE (41%). En cambio, lo invertido en cada alumno desde el primer curso de primaria hasta que llega a la universidad (1.593 dólares) está por debajo de la media de la OCDE en términos tanto absolutos como relativos (19% contra 25%).

Otra muestra del abandono de las etapas no universitarias en China es el tamaño de las clases: hay 37 alumnos por aula en primaria (OCDE: 20), y 54 en secundaria (OCDE: 23), las mayores cifras de todos los países en que hay datos. Por otro lado, los estudiantes chinos reciben casi mil horas menos de instrucción al año que la media, lo que explica que cada vez más recurran a las academias particulares.

Con todo, China se puede preciar de que el 81% de los alumnos en edad de cursar la secundaria se encuentran escolarizados. En cambio, en India el porcentaje es solo del 63%.

La fiebre del título

A los graduados chinos e indios el estatus del título universitario les está llevando a rechazar la formación profesional y los empleos para los que esta educación capacita. El resultado es que el mercado laboral se encuentra sobrecargado de graduados universitarios, mientras faltan brazos para empleos de menor cualificación, pero que ahora mismo están ofreciendo sueldos mayores (cfr. The New York Times, 24-01-2013).

El abandono de la formación profesional es especialmente acusado en India, en parte por la poca calidad de estos cursos. China, en cambio, ha contado tradicionalmente con uno de los porcentajes más altos de estudiantes en programas técnicos, pero ahora sufre la “fiebre del título superior”.

En India, el furor por las ingenierías ha provocado que se abran muchas facultades en la última década, cada año, lanzan al mercado a 800.000 graduados. Sin embargo, la calidad media de los programas es mediocre, lo que está dificultando la transición al mundo laboral y lastrando el desarrollo de la industria nacional.

Otro problema para la industria del país es la falta de investigadores. Muy pocos alumnos universitarios avanzan hasta el doctorado. La falta de investigación deriva en falta de innovación, lo que limita la economía india en sectores estratégicos y la obliga a depender de tecnologías importadas. La situación en China es parecida: los cursos de posgrado de las universidades estatales siguen atrayendo a pocos alumnos. Los mejores se marchan a universidades norteamericanas.