Viernes, 19 Agosto 2011 10:07

¿Haremos algo serio para bajar la inflación?

 Desde la década del 50 que en Argentina tenemos alta inflación, con la excepción de pequeños periodos. Esta política equivocada de no preocuparse por la inflación, es producto, veamos si estamos de acuerdo, de lo siguiente: de la excesiva emisión monetaria, de la mala administración, de la gran cantidad de dinero que se lleva la corrupción, de la falta de entendimiento entre los políticos para el establecimiento de políticas públicas, de la falta de planes y metas a largo plazo, del despilfarro en propaganda política, de los aumentos demagógicos de salarios, de la excesiva influencia que tienen los sindicatos en las negociaciones paritarias, en perjuicio de los mismos trabajadores

Todas estas falencias de la convivencia política, de las políticas económicas, de la falta de ética y de vocación de servicio desinteresado, nos han llevado a quedarnos retrasados en nuestro camino hacia el pleno desarrollo.
 
Tantos años de alta inflación han perjudicado gravemente el ahorro, la inversión nacional y extranjera, el empleo, el desarrollo del crédito para la inversión productiva, la industria de la construcción, y también la imagen de nuestro país ante el mundo. El deterioro del poder adquisitivo del salario, especialmente de los más pobres, es sólo uno de los muchos efectos negativos que produce la inflación.
 
Me pregunto si habrá habido en la historia algún gobierno, no sólo de Argentina, sino de todo el mundo, que niegue sistemáticamente, a través de todos sus funcionarios, la existencia de la inflación, ¡incluyendo la CGT! Es una situación verdaderamente desopilante, que se produce nada menos que en uno de los países más ricos del mundo, al que muchos de ellos miran con asombro, pues se preguntan cómo Argentina no ha podido salir todavía del subdesarrollo.
 
Si escarbamos un poco, vamos a descubrir que, más allá de los aumentos demagógicos de salarios, de la mala administración, de la excesiva emisión monetaria, existen razones mucho más profundas para explicar porqué en Argentina no se pudo controlar la inflación ni terminar con el subdesarrollo. Una de ellas es el bajo nivel educativo en todos los niveles, como así también la ausencia, cada vez mayor, de ética profesional e integridad moral en los funcionarios públicos.
 
Después de haber conocido, por ejemplo, algunas situaciones por las cuales algunas leyes aprobadas en el Congreso de la Nación eran aprobadas después del pago de coimas, tuve una reflexión bastante dura al respecto: existe un buen número de legisladores que son mercenarios apátridas, a quienes no les importa el país sino su bolsillo, o el partido político que les permite robar, o cualquier otra cosa, menos los sagrados intereses del bien común de la nación.
 
¿Quién puede estar en desacuerdo, entonces, con la idea de renovar completamente la educación en Argentina?
 
Pero volvamos al tema que nos ocupa. Tal vez si la Presidenta Cristina Fernandez viuda de Kirchner, en un acto de humildad y/o valentía, cambiase el equipo económico, incluyendo las autoridades del INDEC, serían mucho más viables los acuerdos anuales de precios y salarios, tan necesarios para frenar las expectativas y las incertidumbres de todo tipo, de modo que, aunque sea muy gradualmente, el índice del INDEC comience a sincerarse, los precios comiencen a subir menos, hasta que los números oficiales coincidan con los números de los precios que se ven en las góndolas de los supermercados.
 
Entonces, apenas se vea una leve tendencia hacia una inflación de un dígito, ese acto de humildad de que hablábamos se transformaría rápidamente no sólo en un gran signo de grandeza a favor de la economía de este rico país, sino que también implicaría una mejora en la imagen del gobierno, no menos que un gran alivio para la indignación de muchos argentinos.
[Carlos Ferrari 17-11- 2010]